28.2.09

Un viernes de culpas y lecturas


Lista cosas para hacer del viernes 27 de febrero:

  • Terminar corrección!!!
  • Preparar presupuesto trabajo RAP
  • Mandar número factura cuit
  • Buscar aspiradora mamá
  • Comprar regalo cumple L.
  • Arreglar canilla lavadero
  • Arreglar farol de afuera
  • Arreglar perchero baño
  • Conseguir teléfono fumigador
  • Pedir turno dermatólogo
  • Super /verdulería
  • Redactar carta mangazo empresas para M.
  • Ordenar papeles!!
  • Buscar libros de M. Fox y J. Franzen
  • Descongelar pollo fin de semana
  • Preguntar A. si tiene mi libro de Sacks
... Pero no hice nada, apenas si pude tildar dos o tres cosas porque me quedé leyendo El cuento de mi vida, de Andrés Caicedo hasta el final. Hoy, lunes: actualizo lista con el F5.

27.2.09

Buen fin de semana

"Yo también estoy en un especie de suspenso, no colgando sin que mis pies toquen el piso, sino más bien en el sentido de puntos suspensivos. Pausa, demora, quedarse en la última sílaba de la última palabra, como arrastrándola. También podría decir: Hombre entre paréntesis, aunque más exactamente yo sería un hombre después del primer paréntesis, preguntándose por el segundo. Es como ir a un hotel por dos o tres días y quedarse meses y años, siempre con las cosas dentro de la valija".
El discurso vacío, Mario Levrero.

26.2.09

Es lo que hay

Empantanada estos días entre erratas, anacolutos y galimatías, sólo tengo cabeza para este post:

"No tuviste ego de tú exito y así comiences a hacer planes porque Dios habría roto el contrato de lealtad".

* Nota del corrector: no se entiende.

"Tan es así Tan así es (o: Tanto es así) que no se compraron 1 una instalación si no sino 2 dos".


"La El agüita fresca cura las heridas de los niños del nNorte".

"20 % El 20% de los alumnos de este esta área viajarán a el El Cairo".

¿María, ¿le(s) devolviste los libros a tus socios?

La novela, como el teatro, emplean éstos estos recursos.

¿Le gusta(n) a usted los días feriados?

Esta es una solución de carácter transitoriao.

Cuanto Cuantas más ganas tenga él de cantar, mejor será el espectáculo.


Cita bibliográfica:

"La casa verde". Mario Varga Llosa. Editorial Seix Barral: X.

Vargas Llosa, Mario, La casa verde, Barcelona, Seix Barral,1981.

Martínez de Souza, José, El futuro del libro, "El futuro del libro" en: Pequeña historia del libro Pequeña historia del libro, Barcelona, editorial Labor, 1987.

25.2.09

23.2.09

Pobrecitos

A medida que pasan los años, me doy cuenta de que no es cierta la idea de que se llega a la vejez con otra mirada. Se llega, supongo yo, cómo se vivió: con coraje, con miedo, con optimismo, derrotado, con la resignación (no puedo hablar de aceptación) del que sabe de qué va la cosa.
Aunque tengo también la certera sospecha de que corajudos somos todos; el final de fiesta no será sobre un escenario, agradeciendo felices a los que hicieron posible nuestro paso por la vida. Digamos la verdad: somos valientes por necesidad. No hay un plan B.

La literatura da cuenta de esta osadía en cada oración lapidaria que estampa sobre la hoja en blanco. Escribir sobre el final de la vida es escribir, en la mayoría de los casos, sobre enfermedades y vejeces. Detrás de cada enfermedad hay un relato, una literatura del fin.

En sus diarios íntimos, Bioy es impiadoso: "Peor que la cárcel es la vejez -dice- no se tiene ni siquiera el consuelo de preparar o soñar con la fuga". Bioy anda por ahí escondiendo de a ratos su decrepitud, como si la vejez fuera vergonzosa, algo que debe ser ocultado.


Pícaro como era, escribe el 29 de enero de 1989: "Tortícolis, que ojalá sea tortícolis".
Dice una y otra vez que el cuerpo es el universo del enfermo y que pasa los días esperando que se esfumen los achaques de turno. No se acostumbra al lumbago ni a su erótica aridez. "Amores de viejos no llegan a lejos", escribe, cuando ve pasar una linda mujer.

Simone De Beauvoir se anima en La edad de la discreción a poner en escena a una pareja de más de 60 años que se sorprenden el uno a otro de sus propios deterioros y que al espejarse sólo logran odiarse: "Que vaya a empollar su vejez en otra parte", piensa ella, piensa él. Los dos aún aman demasiado la vida como para pensar en la muerte como consuelo. Viven la vejez como otros, la enfermedad.

Peter Handke habla de "nosotros, los enfermos" y confiesa que si se dijera a sí mismo "no quiero morir", él mismo sería el culpable de todas las frases hechas que seguirían como respuesta. Por su parte, Thomas Bernhard, en el cuarto volumen de su autobiografía, relata el derrotero por hospitales, casas de reposo y sanatorios al grito de: "¡odio todo lo que es sano!", pero al rato silencia su voz y dice: "Al fin y al cabo, una enfermedad es también un capital. Cada enfermedad superada es un historia estupenda", casi el mismo decir de Philip Roth, para quien cada biografía es, en el fondo, un cuento biológico.

Dicen que Kafka vivió tan intensamente, que durante su vida murió mil muertes. Como si su creatividad se hubiera alimentado de su cuerpo. Entonces pienso en Susan Sontag, con la que siempre estuve tan de acuerdo en la idea de que nada hay más punitivo que darle un significado a una enfermedad. ¿Al dolor de la enfermedad sumarle el horror de una metáfora? Pocas cosas me parecen más crueles, mucho más, cuando esta idea se banaliza y vuela por el aire con dedo acusador.

Recuerdo la gran novela de Patricia Kolesnicov, Biografía de mi cáncer; cuenta la historia de su enfermedad, es decir: hay un principio y hay un final, de tal manera que la convierte en una historia apasionante, donde el yo se desnuda hasta el punto de no tener que pedir perdón.

Existe el dolor de estar en el mundo pero también el vigor, dice Roth, y es lo que leo en los diarios de Ángel Rama, testigo sufriente de las penas de la mujer que ama: "Ella se concentra en su pánico, parece lejana, como clausurada en su enfermedad". Él redobla entonces su potencia, única manera de sostenerla en medio de las sombras.

Mario Levrero encuentra la vuelta de tuerca de sus muchas obsesiones que minan día a día su salud: "Me di cuenta de que lo que yo combato como trastornos, en realidad son admirables soluciones que fui encontrando inconscientemente para poder sobrevivir". Punto.

De eso no se habla, si no se quiere hablar. Pero aquel que sí lo quiere construirá un relato del que algunos de nosotros podremos aferrarrarnos, para bien o para mal.

20.2.09

Buen fin de semana

"Se considera que el temperamento saturnino es el de los artistas, los poetas, los pensadores, y me parece que esta caracterización corresponde a la verdad.

Desde luego, la literatura nunca hubiera existido si una parte de los seres humanos no tuvieran una tendencia a una fuerte introversión, a un descontento con el mundo tal como es, al olvido de las horas y los días, fija la mirada en la inmovilidad de las palabras mudas...
También yo he sido siempre un saturnino, cualquiera fuera la máscara que tratara de ponerme.

Mi culto a Mercurio corresponde quizás sólo a una aspiración, a un querer ser: soy un saturnino que sueña con ser mercurial, y todo lo que escribo está marcado por estas dos pulsiones".

Seis propuestas para el próximo milenio, Italo Calvino.

18.2.09

Nosotros y la fiaca

Ya les conte que vengo de una familia numerosa. Como toda familia, tenemos nuestros códigos internos y nuestro propio lenguaje, y al ser muchos, algunas palabras se propagan a la velocidad de la luz y de generación en generación.

Resulta que usamos la palabra fiaca, pero no con el significado de fiacún, el de las Aguafuertes Porteñas de Roberto Arlt. No somos haraganes, perezosos ni indolentes. Nuestra fiaca da cuenta, con una exactitud sin igual, de lo que no es ni fu ni fa, ni blanco ni negro, ni chicha ni limonada.

Así, podemos decir que una comida nos da fiaca: ¿Qué hay de comer? Fideos: qué fiaca..., pensamos todos, pero los comemos sin protestar, y disfrutamos hasta del último tallarín.

Cada nuevo miembro que se incorpora a la familia, se sorprende de esta peculiar manera nuestra de hablar: ¿leíste algo de Fulano? No, me da fiaca ese autor. ¿Te gusta Audreu Tautou? Ay, no, qué fiaca.

Fiaca nos puede dar un vestido, aquel que no nos compraríamos pero del que tampoco diríamos: es feo.
Fiaca nos da el encuentro azaroso en el tren con algún conocido del montón. Fiaca nos da hablar por teléfono, el color beige, el supermercado Cotto, las galletitas Express. Y mucha, pero mucha mucha fiaca nos da tener que conversar cuando no tenemos ganas de decir ni mu.

16.2.09

Sobredosis de comillas

Creo que fue Cortázar el que una vez dijo que escribía y escribía hasta que de repente lo atravesó el asco hacia el punto y coma, desde entonces, ya nunca volvió a usar ese signo, tan ... ni muy muy ni tan tan.

Algo así me pasó estos días. Vengo corrigiendo desde hace meses distintos capítulos de lo que será un gran libro. Una vez revisadas las partes, imprimí el todo y, entonces, recién entonces, me atravesó, como a Cortázar, el asco repentino por las amables comillas.


Podría decir que me hartaron, me empalagaron, me rebelaron, e inicié una campaña anticomillas. Ahí avanzaba yo, lápiz en mano sobre el mamotreto de hojas, liquidando comillas aquí y allá. "Es que las comillas están de moda" -dijo mi compañera, mujer de armas llevar, menos compasiva que yo en este asunto de tener piedad-, ¡si hasta se habla "entrecomillas", haciendo ese gesto horrible con los dedos!

No sé si están de moda, lo que sí sé es que a fuerza de encomillar por encomillar, las útiles comillas pierden su razón de ser y se convierten en basura que ensucia la página. Además, digámoslo, se desestima la capacidad del receptor de pescar el carácter irónico o pícaro de algunas palabras.

En el peor de los casos, se suman a otros resaltados como las negritas, la cursiva, el subrayado... y uno, lector agobiado, termina sobrevolando el texto en cuestión, salticando de comilla en comilla o de negrita en negrita, y el resto de lo dicho queda desdibujado, perdido en la marabunta de signos sin "porqué".

13.2.09

Buen fin de semana

"Compraba zapatos rojos y se los ponía sólo cuando llovía porque le gustaba el aspecto que tenían sobre la acera mojada".
Piezas en fuga, de Anne Michaels.

11.2.09

Lecturas de verano

En sintonía con opi, van las lecturas con las que arranqué el 2009:

1) Tirana Memoria, Horacio Castellano Moya:
No conocía a este escritor nacido en Honduras y criado en El Salvador, aunque desde hace unos meses no hago más que leer sobre él.
Escrito a la manera de un diario íntimo, la voz de Haydée no puede silenciarse, entonces cuenta y cuenta las crueldades de "El Brujo", dictador de turno que tiene preso a su marido y amenazada a la sociedad toda.
Se lee con interés y la empatía con los temores de Haydée es instantánea.
Dicen que otras de sus novelas, Desmoronamiento, es un cóctel explosivo entre Thomas Bernhard y el colombiano Vallejo. No sé si estoy con ganas de semejante sopapo.

2) Conversaciones con Mario Levrero, de Pablo Silva Olazábal: Libro que empecé amorosamente ya que me lo trajo Flavia de Montevideo, con la que me une, además de otras cuestiones, el deslumbramiento por el escritor uruguayo.
Entre los muchos subrayados, les copio éste, que me habilita para decir, solamente, "me gustó":

"El tipo de crítica que más me interesa, o el único que me interesa es el me gustó o no me gustó. Si es NO, me gustaría saber porqué".

3) Purgatorio, Tomás Eloy Martínez:

Cuando me di cuenta de que lo estaba leyendo a las apuradas, con ganas de terminarlo para empezar otro, lo abandoné. Quizás no le tuve paciencia o fui víctima del Síndrome de tantos-libros-para-leer.

Lecturas frente al mar:

4) Un amor, de Dino Buzzati:
Fue para mí el libro de este verano, de esos que dan ganas de llegar pronto a donde sea para seguir leyendo. Como dice el bolero, es la historia de un amor como no hay otro igual..., no porque se trate de uno especial, diferente a otros amores, sino porque escribir el amor no resulta fácil y Buzzati logra que, por instantes, y casi como una revelación, lleguemos a comprender los misterios del enamoramiento y sus desvelos.

Lecturas frente a la montaña:

Ya en Bariloche, decidí leer durante el día El Mal de Portnoy, de Philiph Roth, autor que sigo desde hace años. Me entusiasmé al principio, sentí que había dado con un verdadero Roth, pero después de 150 páginas, decidí que ya era suficiente: páginas y páginas donde el joven Portnoy, narrador de la historia familiar, se masturba una y otra vez.
Una mañana, de esas de cielos azulísimos, abro el libro bajo un árbol sureño y leo hasta que el hombre, que ahora viaje en colectivo, vuelve a bajarse la bragueta. Basta, me acuerdo que dije. No por el escándalo, sino por el empalago. Lo dejo en suspenso, hasta que se me pase el empacho.

Para la noche, me reservé La historia de una pareja, sobre Sartre y Beauvoir. Leí algunos capítulos, pero nada logró retenerme entre sus anécdotas. A vuelo de pájaro, me detuve apenas en algunos capítulos.

Ya de vuelta en casa:

5) La hija del amante, de A. M. Homes. Venía saboreando la idea de este encuentro, por eso, la desilusión fue tremenda. No podría decir que es un mal libro, pero una historia que no me invita a permanecer ahí, no es para mí una buena historia. Ni hablar de la traducción, de esas que hacen chirriar las palabras.

6) Siempre ávida de libros que me lleven más allá del acá, manoteé Franny y Zooey de la biblioteca de mi hijo y entonces sí, todo el placer de haber dado con una historia intensa y con personajes que no olvidaré a medida que pasen los años.

9.2.09

Inventos que nadie inventa

Pasan los años y nada, los inventos que aliviarían nuestra cotidianidad se hacen esperar. No hablo, claro, de las grandes esperanzas, como las vacunas contra el cáncer o el sida, sino de menudencias, pavadas, insignificancias, que bien podrían estar circulando entre nosotros. ¿O acaso no son éstas épocas de clones, uñas esculpidas, identificadores de llamadas, trasplantes capilares, listas únicas y tarjetas electrónicas para viajar en colectivo?

Qué bueno sería que se inventara:

1) Un GPS de uso doméstico y personal. Funcionaría así. Se le adjudica a cada par de anteojos, a las tijeras, a esa remera negra, a las llaves, a la birome preferida, al libro escondido, al sacacorchos, un código que se ingresa en un aparato. Así, cuando por ejemplo, la birome preferida se perdiera, nada de andar horas y horas dando vuelta almohadones y haciendo revoltijos en la cartera. No. Sencillamente se marca el código y el GPS personal nos indicará exactamente el insólito lugar del extravío.

2) Gotas para los ojos con efecto corrector. O sea: chau anteojos. Sólo unas gotitas y al instante la nitidez más rotunda. Unos a otros nos preguntaríamos: "¿Vos qué gotas usás, factor de corrección 10 ó 12?

3) Ropa inteligente como para responder a la orden de "¡Al ropero de los hombres de la casa!", y hacia allí se fueran volando, como cada chancho a su rancho.

4) Un efectivo detector de mentiras de uso limitado y exclusivo para políticos (y vedettes).

Hay más, pero prefiero no hacerme ilusiones.

6.2.09

Buen fin de semana

De repente, comprendió el significado del mundo visible. Había vivido toda su vida sin sospechar la causa.

"Un secreto muy sencillo: el amor. Todo lo que nos fascina del mundo inanimado, los bosques, las llanuras, los ríos, las montañas, los valles, las estepas, más, más, las ciudades, los palacios, las piedras, más, más, el cielo, los ocasos, las tormentas, más, la nieve, más, la noche, las estrellas, el viento, todas esas cosas, en sí mismas, vacías e indiferentes, se cargan de significado humano, porque, sin que lo sospechemos, contienen un presentimiento del amor".
Un amor, Dino Buzzati.

4.2.09

¡Extraño Cosmopista!

Hace unos meses lamenté el adiós bloguero de El Caballero de la luna. Ahí quedó su espacio, en suspenso cibernético. Como una es respetuosa de las decisiones ajenas, con tristeza, le dije: "Hasta pronto".

Al tiempo, José Soriano nos sorprendió a todos con su abrupta despedida. ¿Quién de nosotros no extraña sus comentarios certeros, como flechazos fraternos a nuestras a veces alicaídas autoestimas?

Ayer, así, de sopetón, fue koba el que simplemente dijo: "Cosmopista se está tomando un largo descanso ¡hasta pronto amigos!". No dejó siquiera su casa abierta, aunque es justo decir que no dijo "adiós", sino "hasta pronto"... pero ¡habla de un largo descanso!: ¿cuál será la definición de largo para koba?

Y así quedamos sus seguidores: Leo, Enterhase, Jotafrisco, angie, galois, glenda, filo, michey, la condesa... como bolas sin manija.

Estaría muy mal que a la cuenta de tres le gritáramos: "¡Koba, volvé!". El hombre, paradigma del sentido común, sabrá lo que hace.

Pero vaya si lo extrañaremos.

Como bien dijo Enter, su Cosmopista es el gran Salón, y koba, algo así como el líder natural de nuestro mundo bloguero.


Una lástima.

Shhh: Koba: ¡volvé!

3.2.09

Llevo a lavar el auto, que está lleno de arena y piedras de los caminos del sur. Voy allí, porque mientras espero tomo café y hojeo revistas. Pero en verano las Caras-Gentes no se pueden ni hojear, puros glúteos desconocidos de rubias nuevas salidas... ¿de dónde? Uno ya no sabe quién es quién.
Elijo dos Noticias:

Nota a la diseñadora María Cher: "La moda tiene conciencia social, porque la moda puede dejar a la gente pensando".

Por eso edifica sus campañas sobre la base de temas como la Violencia, el Aborto, la Lactancia. Ajá. ¿Quéééé?

Gianfranco Macri y sus 5000 metros cuadrados de 4.000.000 de dólares. Y a mí qué me importa.
El dueño de Telecom Argentina tiene un nuevo Porsch de 164.000 dólares. Ufff.
Cristiano (¿Cristiano?) Rattazi se hizo una casa de 1500 metros cubiertos con sus 7.000.000 de verdes. Dicen que la entrada es como un exhibidor de los últimos modelos de Fiat y Alfa Romeos.
Tomás Darcyl, jefe de modelos, circula en un Audi de 200.000 a 310 km/h.

Todos se disfrazan de blanco o de rosa y van a las fiestas punteras y se sacan fotos y se ríen y se operan con los mismos cirujanos y hacen más plata con la plata que tienen y se compran casas que apenas habitan y se adueñan del placer de los buenos mares que ellos solos ven porque tienen plata, mucha, pero mucha plata.

Mientras paso las páginas, no puedo disimular mi hartazgo (cada vez más scrash, scraaashhh). Siento vergüenza por los rattazzis y las valerias mazzas, y las exhibiciones de tanta opulencia.


Me pregunto cómo pueden algunos ser los dueños de los mares y los lagos, de lo bello y lo perfecto. Me digo que ningún mundo puede funcionar así.
De ninguna manera.
Aunque ganen sus dólares con el sudor de sus frentes. Otras frentes sudan y sudan, y no se adueñan ni de las suelas de sus zapatos.

Sigo. Scrash, scraaashhh... y cierro la revista de un solo golpe.

1.2.09

Rutas argentinas

Después de pasar seis días en Pinamar, –invitados por mi hermana–, y una semana en Bariloche –invitados por mi cuñada–, me costó aterrizar y ponerme en movimiento. Aunque en realidad, creo que me moví más durante estas últimas horas que durante esos días de dolce far niente: las tareas domésticas llevan horas y uno se desacostumbra a la escoba y al plumero.

Pero quiero decirles: "¡Hola!".
Va entonces este saludo y una síntesis (para no aburrirlos) de mis vacaciones:

1) Viajé con una valija y un bolso enorme lleno de:
- libros (merecen post aparte)
- anteojos
- protectores solares
- zapatos varios: de la ojota playera al borcego montañés.
También me llevé una lámpara de pie (de esas flaquitas, que no ocupan espacio) porque ya aprendí que en las casas de veraneo nunca hay buena luz, no hay velador que alcance.

2) Pinamar: vi en la playa muchos (pero muchos) perritos caniche toys y sólo unos pocos bebes. ¿Será que a los pichichos los rayos UV- A, B o C no les hacen mella, de tanta lana que tienen?

3) Por la ciudad circula gente; como nunca había pasado mis vacaciones en Pinamar, tenía la idea de que me cruzaría con hordas híper fashion. Pero no. Eso sí: el 80% de los veraneantes tienen entre 15 y 19 años. Y todos, pero todos, tienen el celular a flor de piel.

4) Recorriendo Pinamar en auto, me topé con mil y una casas imponentes, no por lindas, sino por ostentosas y estrafalarias. Como siempre, yo y mi fantasía de tocar el timbre y preguntar: "Perdón, ¿de qué trabaja usted?".

5) El mar, el siempre mar ya estaba y era y... quien lo mira lo ve por vez primera...: no puedo dejar de citar en silencio estos versos de Borges cada vez que estoy cerca del mar.

6) Partimos desde Pinamar a Bariloche el día en que Obama se convirtió en presidente. Lamenté no haber podido seguir la ceremonia por televisión. A falta de tele, íbamos en el auto sintonizando las radios locales, pero poco se decía de Obama y mucho de los problemas de cada pueblo o ciudad. Cuando nos cansábamos de tanto localismo, empezaba la discusión.

Con mi compañero de ruta tenemos desde hace años cierta incompatibilidad musical, así que optamos por llevar los pocos CD con los que más o menos congeniamos: es decir, sabemos que ninguno de los dos estará en la gloria: una de las tantas resignaciones del vivir de a dos.

Pusimos el último de Fito Paéz (confieso que él resopló un poco). Me di cuenta de que Yo vengo a ofrecer mi corazón, Cable a tierra y Me gusta estar al lado del camino son, decididamente, mis canciones preferidas del rosarino en cuestión. Al rato, Horacio Molina y su decir el tango así: afinado y despacito.

7) Recorrimos miles de kilómetros. Nos agarró el viento norte en General Acha, bahos calientes de esos que te tumban de un sopapo apenas bajás del auto.
En cada estación de servicio encontramos un perro solitario y despatarrado, siempre durmiendo bajo un mínimo alero.

En todos los autoservicios (ya casi no hay bares) las mismas medialunas, el mismo café caliente y espumoso.
Atravesamos desiertos inhóspitos, sin un mínimo cartel de "usted está acá"; nos topamos con lagunas resecas, rodeadas de juncos tiesos como estacas, y nos entristecieron los flamencos amuchados en el medio exacto de un charco color tierra.

8) Ya en Bariloche, el aire limpio y fresco, los cielos azulísimos, las imponentes montañas sin nieve.
Como me gusta el calor, celebré los días de temperaturas altas. Pude bañarme casi todos los días en el lago, tirarme con un libro en las playitas de piedras, y salir a remar en kayak, gran descubrimiento de este año.

9) Más de una vez, frente a esas casas paradisiacas en el lago Moreno, me encontré pensando: "Qué bien viven algunos... y qué mal tantos otros". El dinero compra hasta los puntos panorámicos.

10) No llevé mi computadora, no fui a los cyber: confieso que los extrañé, aunque pude leer mucho, conversar con amigos, preparar ricas comidas, caminar, nadar, pensar.
Comprábamos el diario, que llegaba después del mediodía (raro, en tiempos tan digitales), pero como éramos varios, había que hacer cola para leerlo. Ahora debo ponerme al día con tanta crisis mundial.
Ya les seguiré contando...

¡Hola a todos!