
Prosas Apátridas, Julio R. Ribeyro.
Así como este gran escritor peruano, yo también me divierto a veces pensando cómo leería a Onetti si hubiera tenido la cara de, por ejemplo, Carlitos Balá; o a Cortázar, si en lugar de esos ojos de largas pestañas y cejas tupidas se me hubiera revelado con el amigable y bonachón rostro de un Landriscina. O un Aira con cara de Charly; o a Silvina Ocampo en el cuerpo de Yuyito González. Arlt no sería Arlt con los rasgos de un Alberto Fernández y qué decir de Borges, si hubiera tenido el rostro contundente de un Alfredo Alcón.
Puesta a delirar, ¿por qué no llevar el juego más allá y fantasear con Julio Bocca en el cuerpo de Marcelo Polino; un Sabina con cara de Santos Biasatti o con Tomás y la carita inocente de mi Pobre Angelito?