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3.12.10

Un necesario DNU


Escucho en la radio a Eva Giberti. Cuenta que está trabajando mucho para proteger a las víctimas de la violencia familiar. Entre otras cosas, dice que en los últimos tiempos recibieron más denuncias, y que la nueva amenaza de los hombres es: "Te voy a prender fuego".

Por otro lado, me cuenta mi hijo una tremenda escena que vio ayer en el tren. En un vagón atestado de gente, un hombre y una mujer se chocan, sin querer. La mujer se indigna y en medio de los insultos le da una cachetada mientras le grita: "¡Ojo, que ahora las mujeres nos defendemos así!". El hombre, impávido, solo atina a devolverle el golpe, y la sienta de una trompada a puño cerrado. Cuando los demás intentan calmarlos, el hombre se excusa diciendo que es discapacitado y saca una credencial que lo corrobora. Según mi hijo, se trataba de un hombre psicológicamente perturbado.

Una vez más, entonces, pienso lo que siempre pensé, después de haber vivido, leído y visto lo que vi a lo largo de mi vida: lo bello hace bien, las buenas palabras se contagian, y lo malo, la agresividad, la falta de compasión, se expanden de manera maliciosa y descomunal.

Cuando en una casa la madre grita, todos gritan.
Si un jefe lo único que sabe es maltratar, el mal tratar se convierte en el modo de ser colectivo.
Si en la calle no cosideramos que ese otro puede ser un discapacitado, un reciente viudo, un enfermo de cáncer, una madre que sufre, un hombre que está muriendo de soledad, nos convertimos en seres incapaces, fríos, malos.

Si el gobierno agrede, el periodismo chicanea y la oposición chilla. Si desde los medios lo que más sale es la pelea, el escándalo banal, la impiedad, la bajeza y las trompadas, de a poco nos iremos acostumbrando a ir por la vida así, escupiéndonos los unos a los otros.

Estaría bueno hacer una prueba piloto: decretar a través de un DNU una semana libre de disputas. Solo habrá buenos modos, gracias a rolete, que le vaya a usted muy bien. Música, poesía, juegos y caricias. Total, podremos seguir discutiendo nuestras muchas desavenencias por medio de buenos argumentos, con firmeza, paciencia y convicción.
¡Buen fin de semana!

10.11.10

Discutamos


Hoy la discusión está de moda.
Por suerte, entre tanto ajetreo podemos discutir -también- cosas tan simpáticas como el uso de la i griega o manifestar con vehemencia nuestro rechazo a la nueva denominación de nuestra v corta.

Victoria está furiosa. ¿Cómo van a cambiar la primera letra de mi nombre? Yo quiero la v corta, no puedo decir: "uve". Y ahí se planta, muy segura. Yo la llamo a la calma: pensá en la pobre Florencia de la V, que empezó siendo Flor de la Vega y termina en Flor de la Uve". Pero no, Victoria no tiene consuelo.

Javier Marías eleva un estandarte caprichoso: Voy a seguir escribiendo como me apetezca, qué tanto. Y rechaza la nueva escritura de la palabra guion, que ya no se escribirá con tilde. Que no, que no, no y no, insiste Marías, que él seguirá escribiendo guión y truhán con tilde. Que para él es así como suenan.

Hay más cambios.
Tomen nota:

Se suprimen las letras ch y ll. Ya no se las considera letras, sino dígrafos (signos ortográficos) que expresan un sonido.
La i griega (y), será ye, cosa que tan mal les viene a los porteños.

La escritora Matilde Sánchez dice estar des-con-so-la-da, pues, según ella, nos han jubilado la letra más elegante y le han quitado exotismo al último tramo del abecedario. "equis, i griega, zeta" no suena igual que "equis, ye (¿she?) zeta".

Pero lo peor aún no lo dije.

Lo que más nos angustia, lo que nos tiene a mal traer. ¡¡Nooo!!, no me quiten mi "sólo", chilla una amiga por ahí. Y la razón que tiene, debo decir. Resulta que ya no habrá que detenerse (y divertirse) a pensar en qué caso "solo" llevará tilde. Unifiquemos: sin tilde, siempre, dice la Academia. Ufa, ufa y ufa. Se nos acabó la diversión.
Hay rezongos: ¿y los casos ambiguos? ¿eh? ¿¿eh?? Ahí está el contexto para resolverlo, se nos dice. Pero nuestro "ufa" sigue en pie. Uso adverbial o valor adjetivo: resuélvalo usted mismo.

Hay más:

El prefijo ex deberá ir siempre unido a la palabra que precede. Siempre.

Iraq pasa a ser Irak y Qatar, Catar.

La conjunción "o" deja de lado el tilde cuando aparece entre dos cifras, pues ya nadie escribe a mano, y en los teclados, la letra o es más pequeña que cualquier número.

Me voy a trabajar con mis amigos correctores. Seguramente, entre cafecitos y cortados, discutiremos, acalorados, sobre estos nuevos usos,
Yo, feliz. Mejor que hablar del Presupuesto 2011.

20.9.10

Por el pene de Júpiter

¿Qué sale esta noche? pregunta la gente los domingos, apenas empieza a bajar el sol. Empanadas, contesto yo, si es que no sobró algo del mediodía. ¿Y después?

Como somos muchos, no hay caso, imposible ponernos de acuerdo si la noche da para ver televisión. Si fuera por mí elegiría los programas políticos, que se han multiplicado estos últimos meses. Pero no.
La cosa es que uno propuso ver la serie Spartacus: HD, una historia que contar, buena producción. Y dale, dijimos todos. Y así fue como nos enganchamos con el gladiador y su pandilla. Cierta estética de comic, mucha (mucha) sangre y mucho (pero, ¡mucho!) sexo. Después de algunos capítlos, hoy puedo decir... que las peripecias de los súper hombres en las arenas romanas nos dan risa.

Resulta que los gladiadores parecen modelos de la revista Playgirl, con sus glúteos al viento embadurnados con aceites milenarios. Pelean y fornican sin descanso, descaradamente, mientras las cámaras toman el mejor plano del chorro de sangre que brota tras los golpes o el vaivén de los rítmicos bombeos en plena orgía. Pero lo que más nos hace reír es que, una y otra vez, invocan al pene de Júpiter cuando la cosa se les pone negra. "¡Por el pene de Júpiter!", exclaman tanto amos como esclavos.

Los gladiadores andan con taparrabos colaless, o directamente sin ropa cuando les toca descansar en los oscuros sótanos, que parecen saunas del siglo XXI.
Cuando, en cambio, deben salir al circo romano, van vestidos con armaduras de la cabeza a los pies, y para compensar tanto recato, llega el plano secuencia del grosero público: mientras algunos arengan al gladiador más musculoso, otros fornican en plenas gradas, como animalitos en celo. Entre las salvajes mujeres del pueblo siempre hay cuatro o cinco semidesnudas, ¿por que algunas sí y otras no?

Spartacus no es una serie histórica, no se dejen engañar. Es una serie cómico-pornográfica, donde todo puede suceder. Si la ven, ojo con la sangre. Y con el pene de Júpiter, más bien.

13.9.10

A dos voces: Algo Personal.


Si yo fuera Pepito Cibrián, no lo dudaría: montaría una comedia musical con la canción Algo personal, de Serrat. Sería todo un éxito.

No sé porqué se me dio por pensar esto, quizás porque estuve viendo Amor sin barreras, quizás, porque hoy más que nunca esta canción puede ser tarareada de un lado y del otro de esta Argentina partida en dos.

Escena 1:
Entra al escenario, silbando bajo y con las manos en el bolsillo, Fernando Iglesias, y canta:
"Hombres de paja que usan la colonia y el honor
para ocultar oscuras intenciones:
tienen doble vida, son sicarios del mal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal".

El público aplaude, conmovido, cuando Iglesias levanta un gigantografía de Guillermo Moreno, pero hay un sector que abuchea.

Escena 2:

Sale Iglesias con su estantarde y entra el mismísimo Guillermo Moreno, con pasito petitero y gesto de villano en el entrecejo:

"Hombres de paja que usan la colonia y el honor
para ocultar oscuras intenciones:
tienen doble vida, son sicarios del mal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal".

El público que abucheaba, desconcertado, aplaude cuando Moreno levanta una gigantografía de Fernando Iglesias.

Escena 3:

Por la derecha, Cristina K; por la izquierda, Lilita Carrió. (Nota del autor: Si el público protesta, Lilita deberá correr hacia la derecha del escenario y Cristina, hacia la izquierda).

Canta Lilita, secundada por Pérez y María Eugenia:

"Rodeados de protocolo, comitiva y seguridad,
viajan de incógnito en autos blindados
a sembrar calumnias, a mentir con naturalidad,
a colgar en las escuelas su retrato".

Responde Cristina: (por detrás hacen la segunda voz Moyano y su hijo)

"Se arman hasta los dientes en el nombre de la paz,
juegan con cosas que no tienen repuesto
y la culpa es del otro si algo les sale mal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal".

La mitad del público aplaude al grupo 1, la otra mitad, al grupo 2.

Escena 4:

Climax de la obra para un pintón Boudou, que, con pantalón y sin camisa ensaya un paso cuartetero y hace subir el ritmo de la noche:

"Probablemente que todo eso debe ser verdad,
aunque es más turbio cómo y de qué manera
llegaron esos individuos a ser lo que son
ni a quién sirven cuando alzan las banderas".

"Olé, olé olé oléeee, bouuuudú, bouuuudú", estalla media tribuna, hasta que...

Escena 5:

Sale Boudu tirando besos al público e ingresan a paso redoblado Felipe Solá y Pino Solanas. A dos voces, entonan la misma estrofa. Felipe, a caballo. Pino, con polera negra azuza las ancas de tordillo de Solá.

"Probablemente que todo eso debe ser verdad,
aunque es más turbio cómo y de qué manera
llegaron esos individuos a ser lo que son
ni a quién sirven cuando alzan las banderas".

Unos aplauden hasta quemarse las manos; otros se despachan con el peor de los insultos.

Se va acercando del número musical más fuerte de la noche.

Como los pandilleros de Amor sin barreras, salen de a dos, gritándose unos a otros, cara a cara, haciendo sonar los dedos y revoleando piñas al aire:

Morales Solá y Verbinsky
Zloto
y Anguita
Tenembaum
y Víctor Hugo
Lanata
y Cabito
Eliaschev
y Sandra Russo
Leuco
y Galende
Magdalena
y Barone
Magnetto
y Barragán (y sí, le tocó a él)
Caparrós
y Florencia Peña
Beatriz Sarlo
y José Pablo Feinmann:

"Pero, eso sí, los sicarios no pierden ocasión
de declarar públicamente su empeño
en propiciar un diálogo de franca distensión
que les permita hallar un marco previo
que garantice unas premisas mínimas
que faciliten crear los resortes
que impulsen un punto de partida sólido y capaz
de este a oeste y de sur a norte,
donde establecer las bases de un tratado de amistad
que contribuya a poner los cimientos
de una plataforma donde edificar
un hermoso futuro de amor y paz".

Corren detrás de los protagonistas, a modo de coro de las tragedias griegas, los miembros de los blogs k, con mendieta, escriba, Lucas y artemio lópez a la cabeza ¡pssss!

Hasta que llega el personaje que dará por finalizado el show. Como un Spartacus del siglo XXI aparece bajo los focos, con bigote y todo, Aníbal Fernández, que entona la estrofa final:

!Entre esos tipos y yo hay algo personal"!.

¡Los odio!, ¡los odio! grita desde las sombras Luis Delía.

Se cierra el telón.
Se acabó la fiesta.

¡¡Otra, otra, otra, una más, una más!!: viva el público enardecido.

Que no que no y que no.
Que cada chancho, a su rancho, manda Cristina desde el control.
* (perdonen el disparate, mañana va otra cosa)

8.9.10

Adhesiones y aversiones del mundito del espectáculo


Ayer, mientras escuchaba radio, en medio de informaciones sobre el caso Graiver, el drama novelado de los mineros y el partido de Argentina, se coló data sobre las disputas en Bailando por un sueño. Pero no es de Tinelli del que quiero hablar, aunque mi fantasía sigue en pie: encontrarlo en un ascensor y quedarnos, él y yo, encerrados durante 15 minutitos entre el piso quinto y sexto para poder decirle lo espantosamente desagradable y pernicioso de todo lo que hace.
No. Esta vez no.
Se me ocurrió pensar (vaya novedad) que uno consume estas noticias aunque no lo quiera; imposible no enterarse de las cartas documentos que se lanzan desde los pasillos del burdel Ideas del Sur (¿no es un abuso casi infantil?).
Qué desagradables se me hacen algunos personajes: acá quiero llegar. Porque nuestra farándula (horrible palabra) a veces, da lástima, vergüenza, fastidio, horror. Moria Casán, Jorge Rial, el Coco Siley, Flavio Mendonza, Graciela Alfano...
En cambio algunas celebridades, (como dice Catalina Dlugi) me caen bien, se me hace gente con cierta nobleza. Boy Olmi, Carola Reyna, Soledad Pastorutti, Alfredo Casero, Narda Lepes, Kevin Johansen, Luciano Pereyra, Lalo Mir, Sebastián Wainraich, Mex Urtizberea, Iván Noble.
Otros me resultan agradables o muy buenos en lo suyo, pero sospecho que será mejor no ahondar más allá de una clara simpatía. Porque las veces que me tocó conocer de cerca a alguno, vino, indefectiblemente, la desilusión. Qué culpa tendrán ellos, pienso a veces, de las construcciones de cada quien.

Moraleja: así como conviene no conocer nunca al autor de ese libro que tanto nos gustó, tampoco se aconseja mirar de cerca (o apenas fuera de la pantalla) a la gente que vive ahí, dentro del señor televisor, plasma o LCD.

30.8.10

A la intemperie


Si de mí dependiera, propondría no digo el Día, sino la Semana de la Sinceridad.
Apenas siete días. Ni uno más.
Siete días sin engaños, desde los más inocentes hasta aquellos, descarados.
De un lunes hasta el otro lunes, el diario La Nación no podrá anunciar su 2 x 1 para el teatro con tanta liviandad, deberá decir la verdad de la milanesa; si usted quiere 2 x 1 llame ya (literalmente: ¡ya!). Listo, si no llamó, perdió, hay dos cupos por espectáculo. Ni uno más.
Los carrefoures, jumbos, discos y cotos deberán sincerarse: junte puntos, venga para acá, total, cuando llegue a los 7000 las sábanas a las que usted les echó el ojo ya no estarán. Y a nosotros qué nos importa, lo importante es que usted vuelva y vuelva y vuelva una vez más.
Que las publicidades dejen de prometer lo que es obvio que no darán.
Que el médico confiese que no sabe ni por dónde empezar; que el psiquiatra no esconda sus fobias; que el mecánico se anime a decir y yo qué sé.
Que nadie ose insinuar que la vejez es sólo una etapa más de la vida y que envejecer tiene sus privilegios.
Que Tinelli vomite todo su desprecio hacia ese público al que engaña sin piedad.
Deseo con toda mi alma saber lo que siente y piensa cada político, uno por uno: a ver, pase usted.
Que den cuenta de cada peso que tienen, que sepamos todos cómo lo ganaron y en qué lo gastaron.
Que Aníbal Fernández hable con verdades. Que Moreno no se esconda para patotear. Que sepamos todos qué pasó entre Clarín y los K. Que Papaleo responda todas las preguntas. Que ni TN ni Diego Gvirtz seleccionen sólo los que les conviene contar.
Y después, que griten la verdad los ancianos, los presos, los chicos de la calle, los atropellados, los utilizados, cada maestro del norte y del sur, el peatón, el consumidor, los enfermos, los gobernados, los pobres diablos, los engañados.

Foto: Oscar Pintor.

25.8.10

Un nuevo verbo para conjugar


Algunos amigos no entienden qué les veo a los blogs, a facebook y a twitter, y se preguntan cómo tengo tiempo, en qué momento me siento en la computadora. Por mi lado, yo me pregunto cómo es que ellos no, ¿acaso hay alguien que no está unas cuantas horas por día frente a la pantalla? Es así, les digo yo: trabajo... y espío los nuevos post de amigos blogueros o los comentarios que dejan acá. Trabajo... y me doy una vuelta por facebook, como quién sale de paseo por el vecindario. Sigo trabajando... y al twitter, a ver qué pasó hoy.
Pero la verdad es que yo también me lo pregunto.
Quizás, sólo quizás, sea temor a quedarme fuera del hoy o, quizás, (sólo quizás) se trate de una manera de permanecer en el mundo. Como si lo actual me sacara de la melancolía. Como si la coyuntura, lo que es y lo que está me obligaran a pisar tierra. Tierra firme, o puro fango, lodazal, enchastre de barro y arena, pero tierra al fin.

Cierto es que a los demasiados libros se les han sumado ahora los demasiados links.
"El exceso de información paraliza", dijo hace unos años Umberto Eco, ¿será que ya superamos la paralización? Por lo menos yo me he puesto canchera, puedo decidir qué leer y qué no. Al fin y al cabo, se tarda lo mismo que se tarda frente a la góndola para decidir si comprar este, ese o aquel jabón en polvo. Se aprende a clavar la mirada allá donde debe ser clavada. También se aprende a recorrer un texto a vuelo de pájaro aunque, al mismo tiempo, se desaparende el arte de leer despacito, suavemente, casi en cámara lenta.

Mi último descubrimiento ha sido Twitter. En 140 caracteres, ni uno más, habrá que decirlo todo. Se ponen en juego, entonces, la creatividad, el esmero, el valor de cada fonema lanzado al mar.


Debo decir que recién en estos días le estoy pescando la vuelta: el pajarito es una especie de aglutinador de redes, de picoteador de intereses, de vocero azul de las últimas noticias.
Hay de todo, como en el bar de la esquina. El que twitea sin parar, verborrágicamente; el calladito, pero que cuando teclea hace cacarear al pajarito hasta convertirlo en pajarraco; el gracioso, la chismosa, el que todo lo comparte, el hiper informado.

Mis preferidos hasta ahora, apenas días de abrir una cuenta:
Pablo sirven, porque no es como yo pensé que era. Me descolocó. No es un señor serio que odia a Tinelli (como yo). Es bastante ingenioso y twitea sin parar.
Fernanda iglesias, mujer ocurrente por demás. Apenas si la conocía y no me simpatizaba, pero sus twiteos me hacen reír. Embarazada, nauseabunda y chimentera, tiene todo el tiempo del mundo para ver y contar.
Jorge Asís, Lucas Carrasco, el genial Jotafrisco, mi amigo provisorio galois. Periodistas, políticos, presidentes: todos ahí, encerrados en tweeteos constantes y sonantes.
Dijo un comunicador muy pavote que Twitter es el lugar donde se juntan los adolescentes tardíos. Me río de su decir, tan luego él, el más tardío de los adolescentes. Otro periodista es contundente: las redes sociales redefinieron no los modos de sociabilidad, sino los modos de perder el tiempo, cosa que, al menos, tiene su gracia y resulta un tanto provocador.
No sé si redefinieron la manera de comunicarnos, pero sí nos brindaron un nuevo soporte, una novedosa plataforma desde donde poder decir hola que tal.

19.7.10

Yo la uso, por eso la recomiendo


Estos últimos tiempos uno ha pasado horas sentado frente a la televisión o al LCDen50cuotas: festejos del Bicentanario, el Mundial, el debate en el Senado. Nosotros mismos, o el de al lado o el de enfrente, hacemos zapping pero cada tanto, la tele sola, sin control, queda clavada en un canal, porque hasta de recorrer la grilla nos cansamos. Entonces uno consume publicidades, qué cosa más horrible. Nunca las entendí, quizás porque nunca, jamás de los jamases, les creí.

Claro que hay distintos tipos de horrores.

Desde la seguridad con la que Andrea Frigerio nos dice que ella usa crema Ponds (ja) y que por eso la recomienda, hasta las encuestas disparatadas, como aquella que asegura que 8 de cada 10 gatos prefieren whisnoséqué. Qué van a preferir, lo que prefieren es un buen pescadito fresco, por lo menos, eso es lo que me dejó de enseñanza años de ver dibujos animados.

Hay otras publicidades muy divertidas, como ésta nueva del sapo Pepe o la de la mujer que gasta a troche y moche, mientras el marido padece, porque total, ella compra todo en cuotas. Pero hay otras, madre mía:

1) La del Llame ya, "blinde su puerta para que no le roben". Se ve a un señor chorro, un hombrón grandote con cara de bueno, no de malo, que está por derribar una puerta con toda su humanidad.
2) ¿Vieron la del viejito que toma algo para las articulaciones y salta y brinca por ahí? No sé, para mí debe de tener casi 100 años. "Pobrecito, ¡se va a morir!", dice L. cada vez que la pasan.
3) Todas las propagandas de Schwanek, su conductora y los testimonios de los casi calvos que se salvaron de la intemperie.
4) Pero aquí viene lo bueno: en un canal de cable, no me acuerdo cuál, les aseguro que vi una publicidad de Dominga Bravo, la vidente campesina, que les resuelve la vida a los estafados, a los desamorados, a los engualichados. Deja su teléfono, ¡ay de los que llaman!
Otra, casi una pesadilla, primer plano de una travesti que dice que ella, gracias a Dios, no usa la crema vaginotrap o algo así, y termina con una celebración: "es lo único que no le envidio a las mujeres, ¡la micosis vaginal!".
No lo soñé, yo la vi.

12.7.10

En Areco


Pasar un 9 de Julio en San Antonio de Areco no está nada mal.
Qué día, qué sol.
Ni una nube allá arriba. El azul intenso como fondo perfecto, y bajo ese cielo la Plaza, la Iglesia, la Municipalidad.
Nos sentamos en la vereda de una de las esquinas a tomar un café, a media mañana. Los turistas van llegando, seducidos por el sol que caliente en pleno invierno a pesar del aire frío. Todo se ve más lindo con la luz de la mañana en días despejados. Las cuadras de la Plaza, libres de carteles, de postes, de cables, se convierten en la perfecta escenografía por donde circulan locales y visitantes.

Caminamos por la calle Don Segundo Sombra, la más linda de Areco, y nos cruzamos con un gaucho posmoderno que, con una sonrisa fácil y guiñándonos un ojo picarón nos dice: "¡Que no está el día pa´corpiño calao!". La verdad que no, así que nos emponchamos aún más y siempre por la vereda del sol seguimos el camino hacia el Museo de Molina Campos.

Recorro la galería, atenta a las peripecias de Tiléforo Areco; desde afuera llega el sonido de las guitarras criollas. Me detengo en la lámina publicada en enero de 1931, primera vez que Alpargatas reproduce en los almanaques la obra del pintor de Areco.
Pienso en Don Segundo Sombra, en Fabián Cáceres, en el pendenciero tape Burgos y lamento que el Museo Ricardo Guiraldes esté cerrado. No se sabe cuánto tiempo llevará restaurar lo que la inundación de hace unos meses destruyó. Habrá que volver cuando todo esté listo. Mientras tanto, veo a los gauchos de hoy bailar gatos y chacareras, con sus ropas tradicionales y sus ganas de cantar. Un jovencísimo turista holandés zigzaguea por entre la gente en busca del último choripán, sin siquiera sospechar que unas horas después estará lamentando la derrota futbolera.
Antes de partir, nos tentamos en un puesto de productos regionales, donde un auténtico personaje de Molina Campo (la misma boca, los mismos ojos) nos convence de que esas naranjas, las de ombligo, son las más sabrosas de los pagos de Areco.

7.7.10

Lo mejor y lo peor


Ya está. Qué más da si gana Holanda o España, el Mundial se termina en unos días, y nosotros llegaremos a la final vacíos de emociones. Perdón, me corrijo, vacíos de emociones positivas, porque las negativas todavía rondan demasiado cerca. No digo que estoy como una de mis hermanas, que asegura que se despierta cada día con la ilusión de que todo haya sido un mal sueño. No digo tanto, estoy triste y punto. Pasa que el Mundial nos saca de cuajo del aquí y ahora, ¿y quién no quiere abrir un paréntesis en pleno invierno? Si como dicen algunos el fútbol es el opio de los pueblos, al menos que ese opio nos lleve hacia un lugar más grato...


Lo bueno parece ya lejano... a ver, repasemos:

Lo que más me gustó del Mundial 2010

Los cuatro partidos que ganamos.
Los goles que gritamos.
El gol de Palermo.
La cumbia para Higuaín.
Ver a Heinze corriendo, siempre corriendo.
Los abrazos de Maradona.
¡Las tomas en cámara lenta!, y con esa música (podría estar horas mirando).
El partido Uruguay-Ghana.
El partido Paraguay-España.
El arquero uruguayo.
El DT de Uruguay.
El DT de Paraguay.
La torta de manzana al revés, qué rica me salió.
Las notas de Diego Iglesias en CQC.
Las crónicas de Quintín y las fotos de Flavia en La Lectora Provisoria
.
Las anticrónicas de Necro en La Podredumbre dorada.


Lo que no me gustó:

El 4 a 0.
Las vuvuzelas: qué cosa horrible. De ahora en más, cada vez que suene una vuvuzela los argentinos tendremos un ataque de tristeza.
Las discusiones entre maradonianos y antimaradonianos.
Que los argentinos hayan festejado la derrota de Brasil.
Que los brasileños hayan festejado la derrota de Argentina.
¡Que los uruguayos hayan festejado la derrota de Argentina!
La última conferencia de prensa de Diego Maradona.
Las escupidas de los jugadores, sobre todo la de Ronaldo en primerísimo plano, qué asco (¿por qué escupen tanto, no está prohibido salivar en la cancha?).
Bielsa al borde de un síncope.
Enterarme de que Maradona no le atendió el teléfono a la Presidenta porque estaba llorando.
Sentir pena por Messi.
Sentir pena por los que pierden y por sus hinchadas (cómo olvidar a los dos coreanitos, casi llorando).
Que Máxima Z., con su tapado simil holando-argentino, no nos haya hecho un guiño (tampoco me importa tanto, la verdad, pero cuando la vi, me pareció raro).

Pasó el Bicentenario.

Pasó el Mundial.

¿Y ahora qué?

3.7.10

Tristísimos


Qué pena tan grande.
Por los jugadores, por Diego Maradona pero, especialmente, por toda la gente que este sábado casi primaveral estaba lista para el festejo.
Otra vez será.
De todos modos, gracias por la ilusión. Gracias por el fútbol.

23.6.10

Un día de fiesta le gusta a cualquiera

Que bueno sería vivir en estado de Mundial.
Un mes libre de rutinas, a pura celebración, siempre que los astros nos acompañen.
Yo no sé nada (pero nada) de fútbol y me divierto igual. Es que hay algo en el aire, uno se levanta a la mañana y piensa: qué pasará. Y el mate y las medialunas alrededor, y los amigos o hijos que vienen y van. Los varones se salen de sus quicios, le gritan a la pantalla, se paran en patota agarrándose las cabezas, bufan, suspiran, gritan carajo. Algunas mujeres también, pero otras solo quieren ganar para que todos se vayan felices y contentos.

Todavía tengo el recuerdo del aquel Mundial del 2002, cuando andábamos todos tan tristes. Me acuerdo que pensaba en lo bien que nos vendría ganar. Pero nada, otro bajón sobre el bajón.
Hoy hay fiesta sobre fiesta, porque venimos con el envión de los días del Bicentenario; el grito de Argentina lo tenemos ahí, en la punta de la lengua.
Las mujeres de mi casa nos entretenemos entre jugada y jugada. Que Demichellis se hizo el planchado definitivo, dice L., y que el arquero está para hacer cucharita en una tarde de lluvia, le contesta B. Que Tévez es lo más, que a Palermo lo rebanco, que por qué bien por Pastore, si no hace nada; que pobre, fue sin querer, a cualquier le puede pasar, siguen interrumpiendo ellas, mientras el pequeño B., con sus cinco años, revolotea por la casa pero en cuanto escucha que se mueve el gallinero corre y pregunta: "¿Gol de angelitodemaría'". No, de Angelito no, le contestamos. Pero él insiste y vuelve al raro: "¿Gol de angelitodemaría?". Es que más que el jugador, le gusta la palabra que lo nombra.
Hoy es miércoles, faltan algunos días para el domingo. Qué felicidad la de la espera.
Qué felicidad.

15.6.10

Épocas de apartheid

Viví dos años en Ciudad del Cabo, uno de los lugares más lindos del mundo, en tiempos del apartheid. Vivíamos en uno de los pocos barrios mixtos –Harfield Village se llamaba– , un suburbio nuevo de casas pequeñas. A dos cuadras de nuestra casa había una placita a la que solíamos ir. Me acuerdo la impresión que nos dio la primera vez que vimos el cartel "Whites only", instalado ahí nomás del los juegos infantiles y cerca de la vereda por donde pasaban caminado los habitantes del barrio mixto: blancos, negros, indios, mestizos. Es decir, si los amiguitos de mis hijas que venían a jugar a casa no eran cien por ciento blancos, no podíamos ir a la plaza con ellos. Exactamente lo mismo pasaba en las hermosísimas playas que rodean el cabo. Playas para negros, playas para blancos.
Una tarde, a los pocos días de llegar, fui al correo a despachar unas cartas. Me ubiqué en una de las filas, hasta que una señora me avisó que estaba en la cola equivocada, que me correspondía la de los blancos. Me puse muy incómoda, tanto, que me fui del correo con las cartas en la mano.

Otra vez llamé a un consultorio para pedir turno con un médico; la telefonista me preguntaba algo pero yo no lograba entenderla. "I´sorry", le decía una y otra vez, hasta que la mujer, harta ya, me lo deletreó con cierta impaciencia: "¿¡White or no white¡?".
Nunca, jamás, se veía a un negro junto a un blanco caminando por la calle. El matrimonio mixto estaba prohibido y regía un sitema cruel para controlar esta posible situación: la misma gente se encargaba de denunciar a los infractores.
Uno de nuestros amigos, un médico argentino, trabajaba en uno de los mejores hospitales de Sudáfrica y nos contaba que sus compañeros no blancos, con sus mismos estudios y exactas capacidades, tenían un salario mucho menor.
En las casas, el personal doméstico no podía dormir bajo el mismo techo que la familia blanca; debían tener una habitación con otro techo. Tampoco compartían los utensilios de cocina, las tazas, los platos y mucho menos, la comida del día. Para ellas se compraban latas de porotos y galletas especiales.
Algunos de nuestros amigos argentinos no eran exactamente rubios ni de ojos celestes, así que más de una vez pensamos que en cualquier momento los bajarían del tren de los blancos, especilamente en épocas de playas y sol, cuando las pieles argentinas se doraban, más allá de la cuenta, bajo el sol de África.
Había barrios, bares, playas, cines, restaurantes y escuelas para blancos y otras, para los no blancos.
Así vivíamos, preguntándonos a cada momento cómo terminaría esa convivencia despiadada.
Nada bueno podíamos imaginar. Mucho menos, que años después el mismo Mandela se convertiría en presidente y que tomaría la firme decisión de reconciliar a blancos y no blancos.
Hubo juicios, arrepentimientos, perdón. Y si bien los sudafricanos tienen hoy una serie de cuestiones que deben resolver, han logrado ir más allá de odios y rencores –por demás justificados– para encontrar así la única manera de poder construir una verdadera nación.

26.5.10

Apuntes de una celebración

Lo que me gustó:

1) ¡El viernes de los rockeros!
(Abre el gran Litto Nebia. Canta Viento dile a la lluvia y después, claro: Si la historia la escriben los que ganan eso quiere decir que hay otra historia... Sigue la maravillosa canción de Charly: Yo no quieeero volverme tan looooco; Charly,Chaaaarlyy, corea la gente. Más Nito y Yo vivo en uuuuna ciudad... pero onda baladita, nada de la virulencia joven de Pedro y Pablo. Miguel Cantilo: canosísimo, cons sus espesas y blancas cejas. Canta algo de Spinetta y Malena no te rindas, de Roque Narvaja. Violencia en el parque, con muchos uuu, diudiuuu uauauau. Sube Silvina Garré, linda, con el pelo largo, bien largo y bien blanco: se ha dejado las canas, qué coraje, pienso yo. Plegaria para un niño dormido y Dicen que viajando se fortalece el cooorazónnnn, linda canción. Otro rockeros de esos tiempos: Todo concluye a fin, más hermosa todavía.
Hora de León Gieco: El rey lloró. Y junto a Litto cantan Maaaaadre... ella me miró, y me dijo adiós: hijo eres igual que las ooolas me besas y te vaaaaass. Ahora sí Fito: La Balsa, todos bailan, hay celebración.
Sigue la fiesta a puro wadu wadu + Estelares, con su tono de Maná aporteñado + la potencia de Las Pelotas + las ganas de fiesta de los kapangas, + la originalidad del Cuarteto + Karamelo + Pericos... y me dormí).

2) Los festejos majestuosos en el Teatro Colón.
3) Vox Dei: suena Génesis, los Salmos Sapiensales y Las Guerras. Soooolo sé que séeeee querer... Chillaron las guitarras.
4) El desfile de Alta en el cielo, con la bandera más larga del mundo: de la Quiaca a Ushuaia, ¡créanmelo!
5) El carisma de la Sole embarazada.
6) Todo el día 25. Después de darme una vuelta por el obelisco y ver lo que vi: niños blanquicelestes, familias con picnic al paso, caminantes serenos, que iban de acá para allá.
7) Buenos Aires con sus edificios iluminados, y la luna, que embelleció con más luz la noche de fiesta.
8) El desfile de Diqui James. Cada cuadro, una sorpresa, una emoción. El barco de los inmigrantes me dejó sin habla.

9) El cierre de Fito Páez: No me verás arrodillaaaaadooo y ¡¡Yo vengo a ofrecer mi corazóóóón!! Fito animó el fin de fiesta con lo mejor de su repertorio, digno para terminar una noche a pura música y alegría: ¡y a rodar y a rodar y a rodar mi amoooor!

10) No hubo robos, ni borrachos, ni agresión.

11) El último Himno Nacional, de la mano de Páez.

12) El tapadito patrio de la presidenta.

Lo que no me gustó:

1) Las idas y vueltas entre Cristina y Macri. Que si vengo que si voy.

2) Que la noche del lunes la pantallas de la tele tuvieron que dividirse en dos.

3) Que en cada discurso CK hablara de "todos y todas", de integración, tolerancia, convivencia, pero que los actos no reflejaran esa reflexión.

4) Que en el video que se proyectó sobre el Cabildo se remarcara tanto la frase de Alfonsín: "la casa está en orden". ¿Para qué?

5) Que algunos blogs, después de los festejos de lunes, salieran con los botines de punta a dividir lo ya dividido.

6) Faltó organización in situ, como si no hubieran esperado tanta gente.

7) No ver a otros políticos, salvo a los simpatizantes de los K.

8) Las contradicciones nuestras de cada día, tan a flor de piel.

18.5.10

¿Telenovela, unitario, novela o novelón?

Cómo elegir una telenovela (si es que se quiere ver una telenovela):

1) No tiene que ser diaria: demasiado esclavitud, además de que puede ocasionar problemas familiares.
La última vez que me enganché mucho fue con El tiempo no para. Como leer un novelón por entregas: las mismas ganas de más.

2) Es absolutamente imprescindible que me gusten los actores. Pensemos en lo que tenemos aquí y ahora. Juanita Viale, la Malparida, es linda entre las lindas, pero la lindura sola no alcanza. Yo quiero más.


3) Tiene que haber quimíca entre él y ella. O entre ellas y ellos. Pienso en Ciega a citas, que veo de tanto en tanto. Bien por Rafa Ferro, pero ella... no lo sé, me dan ganas de decirle a Marcelo que salga rajando; que la quejosa Lucía no es para él.

4) Más allá de la pareja protagónica, hacen falta hermanos y hermanas, tíos y tías, amigas y amigos con historias jugosas detrás.

5) Un buen guión.

6) Que los personajes femeninos no tengan tantas cirugías, porque me distraen, me las paso pensando qué se habrán hecho y cómo lucirían sin rellenos y estiradas.

7) Sobre estos principios básicos, descarto, entonces: Botineras, Malparida, Ciega a citas (que veo cada tanto) y Alguien que me quiera, y elijo, como si estuviera frente a una vidriera de colores, Para vestir santos.
Porque me dura el envión de Tratame bien, porque la dan sólo los miércoles, día en el que sigo extrañando a las Chokaklian (sobre todo a José, ¿por dónde andará?). Porque me gustan las tres actrices, aunque me hagan acordar un poco a las tres locas de hace unos años, porque hay mucha tela que cortar, porque si me aburro, apago la tele y chau.

26.4.10

Domingo a la mañana


Los domingos a la mañana me despierta el golpe del diario en la puerta de mi casa. Pepe, el repartidor, lo lanza desde su bicicleta a las apuradas, porque siempre hay un perro madrugador que lo corre, mordisquéandole los talones.
El sonido del golpe en la puerta no es igual el domingo que el lunes, pongámosle, por no decir martes o jueves.
Pasa que en día de descanso, en esta casa recibimos dos diarios, y todos sabemos cómo vienen los diarios del domingo: revista + publicidades + tapas de la colección de arte precolombino + folletos zonales + sachets de champúes o detergentes pegoteados en las tapas de las revistas.

Hay un rito para empezar el descuartizamiento: secciones que se van a leer, por un lado; las dudosas (si el tiempo alcanza) por el otro. Y en último lugar, los descartes, que así como llegan pasan a la pila de diarios viejos aunque sean nuevos.
Una vez con el desayuno sobre la mesa, se despliega la parte principal del diario. Impensado comenzar la tarea por la sección Espectáculo, Cultura o los ingratos Clasificados.

Según cómo haya transcurrido la semana, la primera plana del diario nos quitará la sonrisa de un solo sopapo o lo hará despacio, midiendo el impacto de cada bofetón.

Lo cierto es que ayer la sonrisa me duró muy poco. A los dos minutos, sentí que la miel de mi tostada me había amargado el paladar, y un rato después, hasta el humeante café me cayó como cae una mala noticia.

Leí:

"Jaime y empresarios K operan con sociedades truchas y prestanombres".
"Avanza en Uruguay la edificación de una nueva Botnia".
"La Nueva gramática de la Lengua Española cuesta $ 749".
"Vuelve la tensión a Gualeguaychú".
"Feria del Libro: esperan más escraches".
"Sadous miente...".
"La oscura ruta de la coima".

Después de saltear páginas con descuentos de Coto, 2 x 1 en no sé dónde, y un lleve 6, pague 4 en Carrrefour (o lleve 6 y pague 40% de los dos restantes... o lleve 4 y pague 6..., qué lío), y de preguntarme por las verdades y las mentiras, doy con la peor noticia de los diarios del domingo:

Leo: Nada frena el avance de los narcos en las villas porteñas.

No les cuento más, les dejo el link, por si no lo leyeron.
Sólo les digo que cerré el diario pensando que hasta tanto no se resuelva este tema, los chicos de nuestro país, especialmente los que viven en estos barrios, estarán en una situación de extremo peligro.
¿Será tan pero tan difícil desarticular las bandas? La complicidad de la Policía, los entramados de intereses, la exclusión, el poder, la impotencia del poder, la verdad sobre las decisiones políticas. Sé que es un problema del mundo entero, no sólo de la Argentina.
Mientras paseo bajo el sol de este domingo, no puedo sacarme el tema de la cabeza. Intento imaginar un posible final de capítulo, pero no lo encuentro. Y todo lo demás: los escraches de cada día, los insultos, las peleas, se me hacen cosa de niños, que juegan al poliladron sin importarles si el lobo está.

21.4.10

Pasemos a otro tema

La semana pasada estuve unos días a media máquina, engripada, sin ganas de salir de casa y con poca energía para trabajar. Así que me fui tomando más recreos de lo habitual e hice zapping a lo loco, tanto en la radio como en la televisión.
No puedo más que decir: qué idea fija con el sexo. Qué barbaridad.


Pero el problema no es el sexo, (claro que no) sino el lenguaje del sexo. Como si no hubiera metáfora ni posible elaboración de la experiencia de los otros.
No sé en qué canal presentan con torpe picardía la escena de una novela donde dos hombres hacen el amor. Pero no es del amor de lo que quieren hablar, sino de los actores que se animaron a mostrar sus musculitos: chau ficción, total para qué.
Me aburro y cambio.

Consejos sobre sexo y salud. Que la eyaculación precoz y la multiorgasmia más alguna otra disfunción.
Apago la tele y prendo la radio.
El tema del día parece que es Tiger Woods y sus desenfrenos, que nada me importan. Sigo corriendo a través del dial: adultos bien adultos cacarean a los gritos sobre el perineo, el punto G (¡ufa!) o el paso a paso para una masturbación exitosa. Tengo que elegir entre el sexo descarnado o las peleas entre gobierno y oposición: los dos temas de permanente actualidad.
Lo del gobierno, vaya y pase, la cosa está que arde. Pero basta de sexo; me dan ganas de decir: ¡che, paren, no están hablando de algo raro o inusual, es lo que hombres y mujeres venimos haciendo desde que el verbo se hizo carne.

Me acuerdo entonces de un artículo de Jonathan. Franzen, donde el escritor protesta, agobiado de tanta genitalidad mal dicha:

"Por muy valientemente que me resista a la nostalgia, me atraen los silencios victorianos. El sexo en una época de aparente represión tenía, al menos, la ventaja de labrar un espacio de intimidad. Los amantes se definían por oposición a la cultura oficial, lo que tuvo por efecto que cada descubrimiento fuera personal. Hay algo profundamente tedioso en lo que promulgan, aunque solo sea como un ideal, los expertos actuales: la misma historia en cada hogar".

Como Franzen, quisiera vivir, por un tiempo, en un paréntesis victoriano. Que se callen todos. Que no digan más jijiji cuando el cuerpo de otro se prepare para amar.

Pobres los más jóvenes, pienso, que tienen que entrar en el maravilloso mundo del sexo libres de misterios, porque ya todo está dicho. Habrá siempre alguien que haga el amor mejor que ellos, ya no serán seres únicos sino seres repetidos, que compren, como si fueran stickers, las posturas acrobáticas de lo maratonistas sexuales de la radio y la televisión.
¿O estoy exagerando?

18.4.10

Una nueva manera de leer

El libro electrónico se viene a todo galope. Lejos de asustarme –para qué, me digo, si es inevitable– muero de ganas de tener un kindle o un ipad entre mis manos.
Pero siempre que algo nuevo llega hay otra cosa que se va.


Cambiará el soporte y se revolucionarán los paratexos.

No más solapas ni cubiertas de vivos colores, pienso. No más libros como bodoques, de 500 ó 600 páginas entre las manos. Si la letra es demasiado pequeña para nuestros ojos un tanto gastados, bastará un click para lograr que se haga la luz. El hábito del lápiz en mano pasará a la historia, como el boleto de colectivo a modo de señalador. La nueva forma de leer combinará texto con imágenes, videos, links y cliks.

La cuestión de las no-tapas me tiene mal: confieso que más de una vez compré un libro por la tapa. Los de la editorial Siruela o los de Acantilado, definitivamente, me atraen como objetos dignos de colección; quizás sea la tersura de las portadas, el papel distinto a otros o su singular perfume a páginas nuevas.

Por otro lado, sé que me gustan los libros en las bibliotecas, tanto, que conozco el exacto lugar en donde descansa cada uno. Mi memoria visual me lleva, la mayoría de las veces, directamente a ese estante y no a otro. Aunque, ahora que lo pienso, me evitaré esa sensación de orfandad y fastidio que me ataca cuando voy hacia el libro y el libro no está. Porque lo presté y no me lo devolvieron, porque lo mudé de lugar en un día de apuro...

No más libros apilados por aquí y por allá.
No más recortes o servilletas de aquel bar escondidas entre páginas olvidadas.
Llegarán otros modos de leer: pues que se vengan, nomás.

25.3.10

Algunas reflexiones de las que puedo arrepentirme de haber subido acá en un rato


Estoy cansada de que de un lado y del otro me vendan una realidad editada, con resaltados en amarillo fluorescente y subrayados a media página.
Ya no creo en nada ni le creo a nadie, salvo a algunos pocos porque los conozco y porque puedo dar fe de sus intenciones y capacidades, como Toty Flores, por ejemplo, al que cada tanto Artemio López intenta desprestigiar sin argumento alguno. Él es mucho mejor persona de lo que el sociólogo supone.
Ayer, cuando vi llegar a dos de mis hijos que venían de la Plaza, no me sorprendí ni un segundo cuando les pregunté si por casualidad se habían encontrado, y ellos, agotados, tranquilos, me contestaron que no, que claro que no, porque las agrupaciones en las que cada uno milita se pelean: cuando una ingresa en la Plaza, la otra se retira. Cierto que son hermanos y que hay amor entre ellos, tanto, que ahí estaban, cada uno con su remera identificatoria, conversando y contándose las propias impresiones.
Pero no quiero desviarme de lo que en realidad necesito decir, aunque me de un poco de miedo. No miedo al poder, por supuesto, yo no soy nadie. Miedo a los insultos, sí, y a las malas interpretaciones.
No soy de derecha, más bien siempre me sentí cerca de la izquierda, aunque me pregunto que importancia tiene definirse y definir cuando lo que de verdad cuenta es qué país quiere cada quien, para qué se trabaja y con qué sentido se vive.
No voté a K porque en aquellos años era poco lo que sabía sobre él. Un buen amigo que vive hace tiempo en Puerto Deseado, hombre de una integridad y de una hombría de bien admirable, me había hablado sobre la forma de gobernar de los K. De Néstor y de Cristina. Ese alerta fue suficiente para mí, pero confieso que los primeros meses de gobierno kirchnerista lograron entusiasmarme: lo que habían hecho con la Corte Suprema, supuse yo entonces, era apenas la punta del ovillo de lo que sería el comienzo de un nuevo y renovado modo de gobernar.
No voy a relatar mi camino hacia el desencanto, porque el entusiasmo duró apenas un suspiro.
Si bien estoy de acuerdo con muchas medidas del Gobierno, no puedo, por más que quiera, sentirme parte del grupo que los apoya porque en la mayoría de los casos, además de que no me gusta la manía de chumbar, me resulta imposible aceptar ciertas conductas.
Es verdad que un proyecto de país no se pone en marcha sin rispideces y desencuentros, ni que se llega a destino en un santiamén. Pero así, a los gritos, a fuerza de chicanas y mentiras, no se podrá jamás construir un país como el que yo sueño.
Tampoco me siento en la misma vereda con respecto a los Derechos Humanos. No puedo evitar cierta confusión interna cuando los escucho adueñarse (sí, por qué no usar esta palabra que circula tanto en estos días) de una reivindicación que empezó en épocas de Alfonsín, a pesar de sus luces y sus sombras. Memoria, sí. Justicia, también. Porque sin memoria y sin justicia jamás superaremos esos años negros, que nunca más deberán volver. Pero para eso tenemos que sumarnos en el mismo deseo, convencernos, si es necesario, dejando de lado las polarizaciones que nos enredan hasta el punto de la exacerbación.

Tampoco puedo, ni por un instante, acordar con el engranaje político cada vez más encastrado de los poderes del conurbano bonaerense, porque sería decirle sí a ése más de lo mismo que desde hace años vengo repudiando.

No me alcanza sentir a veces que los enemigos de los K son también los míos o acordar en la necesidad de un Estado con más presencia, porque el Estado que yo quiero debe ser solidario, equitativo, justo y transparente.

Si hablamos del tema de los medios, ahí acuerdo en una serie de cuestiones. Soy consciente de la manipulación de los TN y otros noticieros que me rompen la cabeza y a los que les veo el revés de la trama, pero tampoco puedo sumarme al discurso del programa 6,7,8, porque también ahí soy consciente y a partir de esa conciencia no puedo menos que reaccionar frente al discurso machacador de Gvirtz y Barone. Además, los pobres televidentes argentinos ya tenemos horas hombre de informes de TVR sobre la realidad nuestra de cada día, como para no darnos cuenta de que una cosa es tal asunto y otra muy distinta, la verdad sobre tal asunto. Hay construcción en TN, y hay construcción en 6,7,8.

Así y todo me uní al grupo 6,7,8 de Facebook -que no es lo mismo que hacerse "fan"-. Me interesa saber cómo miran la realidad los que apoyan al gobierno, porque además de que doy por hecho las buenas intenciones, no es cuestión de andar siempre rodeado de iguales. Me interesaba ver algunos informes y quizás conversar un poco, cosa que he logrado con algunos participantes, luego de saltar la valla de la dicotomía amigo-enemigo, y pudimos instalrnos en una buena conversación, sin agresiones ni insultos. Claro que antes tuve que preparar el terreno, para que no me saltaran derecho a la yugular cuando les cuestioné el afán de enemistarse con el otro.

Podría hacer una larga lista de lo que no me gusta del gobierno de los K: los números del Indec, las campañas sucias que sufrieron Enrique Olivera y De Narváez, los sucesos de Misiones, las acusaciones a Pino Solanas, las patoteadas de Delía, el manejo del conflicto con el campo, el extraño apoyo al juez F. Márquez, el adelanto de las elecciones, la corrupción casi silenciada de Jaime y Micheli, los discursos encendidos contra cualquier periodista que se les ponga en el camino.

Pero lo que más importante, lo que de ninguna manera puedo digerir a pesar de mis esfuerzos, cuando veo los aciertos de algunas de las cosas que hacen, es el clima de odio que instalaron, casi con un chasquido de dedos. Unos por aquí, otros por allá y a odiarse con toda la fuerza de nuestros pobres corazones.

Ellos son, para mí, los principales responsables de este ambiente enardecido que estamos viviendo. Golpistas, destituyentes, traidores y enemigos se esconden detrás de cada esquina, mientras entre acusaciones que van y vienen, se empuja debajo de la alfombra los graves problemas de algunas provincias y el desamparo de los sectores más vulnerables. Claro que el nuevo subsidio para la Niñez ayuda, pero hace falta más y más. Cambios desde más allá, desde el vamos, desde los acuerdos, desde las sumas. ¿Por qué no? Habrá otras herramientas y otros modos para hacerle frente a los intereses de los sectores más reaccionarios.
Todo es ataque, odio, bronca, como si ya no hubiéramos tenido bastante. Lejos de aquietar las aguas, se las revuelve con saña y se deja como legado que ésa y no otra, es la forma de liderar un cambio. Yo no creo que sea así.

Tampoco puedo simular que no veo lo que veo: personas cuestionables, enriquecimientos repentinos, el orgullo con el que algunos funcionarios presentan batalla, pero también el miedo de otros; las mentiras alevosas de Aníbal Fernández y su tupé cuando asegura que él siempre habla con la verdad.

Y dejo para lo último dos o tres cosas que decididamente me sacan de la cancha, aunque quiera entrar, cada tanto, movida por algún entusiasmo pasajero: las candidaturas testimoniales de la última elección, una tomadura de pelo que de ninguna manera pude digerir. Una desfachatez, un desprecio hacia cada uno de nosotros, con el agravante de que si uno en su momento se animaba a cuestionarlo, era acusado de ser de derecha-golpista-destituyente-oligarca, por no ser capaces de ver y comprender que lo que en realidad se buscaba era demostrar que el bueno de Scioli, que medía en las encuestas, apoyaba el modelo de los K. Casi una travesura de niños, indigna de los responsables de conducir a un país.

Y así nos van enredando en una telaraña tramposa, y nos obligan a gritar: "¡ey!, que yo también quiero la distribución de la riqueza, un país mejor para todos, solo que de otra manera".

Y como hablo de riqueza, me animo y lo digo: si hubiera sido Lilita Carrió una mujer de botox y rellenos, dueña de hoteles sureños y poseedora de una riqueza enorme, la panzada que se hubieran dado algunos kirchneristas.
A mí me hace ruido, no me cierra y no me gusta que sea tan pero tan rico el matrimonio K, cuando casi todos nosotros hacemos malabares para llegar a fin de mes y muchas noches no nos podemos dormir pensando en el futuro de nuestros hijos. Yo les dejaré como herencia este blog y mis ganas y mis sueños de construir entre todos, sumando ganas y voluntades, con paciencia y esfuerzo, un país mejor para todos.