Mostrando entradas con la etiqueta Primeras frases. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Primeras frases. Mostrar todas las entradas

17.7.08

El primer párrafo

Entre paros, movilizaciones, piñas que van y que vienen, uno sigue leyendo.
La historia comienza se llama el libro de Amos Oz, un ensayo sobre los principios en la literatura, editado por la bella Siruela.
Como coleccionista de primeras frases no podía perderme esta delicia, a pesar de no haber leído muchos de los títulos que analiza Oz.

Sabido es que cuando se tienen las primeras líneas de una novela, se tiene casi todo, porque es allí donde se pone juego el código de esa lectura, que será diferente a cualquier otra. Es como encontar la punta justa del ovillo desde donde empezar a desovillar. Ahí, exactamente ahí, empieza el partido de ajedrez, la travesía, el laberinto.
Oz dice que todo principio de relato es siempre un especie de contrato entre escritor y lector. Y que hay toda clase de contratos: tramposos, burocráticos, filosóficos, intimidatorios, amables, caprichosos. Algunos comienzos funcionan como una trampa de miel, y otros, decididamente, se nos hacen irresistibles.
Acá van algunos irresistibles, de mi propia colección.

1) "Vine a Comala porque me dijeron que acá vive mi padre, un tal Pedro Páramo".
Pedro Páramo. Juan Rulfo.

2) "Yo, señor, no soy malo...".
La vida de Pascual Duarte. Camilo José Cela.

3)
"Hoy ha muerto mamá. O quizás ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas dolencias".
El Extranjero. Alberto Camus.

4) "Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas".
Lolita. Nabokov.

5) "A ese sentimiento desconocido cuyo tedio, cuya dulzura me obsesionan, dudo en darle el nombre, el hermoso y grave nombre de tristeza".
Buenos días tristeza. Francoise Sagan.

6)
¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Por qué afirman ustedes que soy loco?".
El corazón delator. Edgar Alan Poe.

7)
¡Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte para que, sacudiendo el ensangrentado polvo que cubre tus cenizas, te levantes a explicarme la vida secreta y las convulsiones internas que desgarran las convulsiones de un noble pueblo".
Facundo, Domingo F. Sarmiento.

8) ¡Canta, diosa, la cólera de Aquiles...".
La Ilíada, Homero.
Si te interesaron estos principios, hay más bajo la etiqueta Primeras frases, en columna a la derecha.

3.4.08

El cuento que empieza cuando la realidad termina

A pesar de que colecciono primeras frases y grandes principios de la literatura, veo que tengo abandonada esta sección del blog.
Pero esta tarde, mientras miraba por televisión los discursos en vivo de hoy y extractos grabados del de ayer, me encontré pensando en cuál habrá sido el momento excacto en que empezaron los enfrentamiento de los unos con los otros.

Me acordé, entonces, de El Matadero, de Esteban Echeverría.
El primer cuento de la literatura argentina –que funda una manera de escribir–, da cuenta de enfrentamientos, violencia, sangre, rabia y simulacros.
Desde la primera e irónica frase, no sabemos exactamente qué se nos va a contar: ¿una crónica, un relato de ficción, una pesadilla?
Acá va el primer párrafo. Para el cuento completo: acá.
"A pesar de que la mía es historia, no la empezaré por el arca de Noé y la genealogía de sus ascendientes como acostumbraban hacerlo los antiguos historiadores españoles de América, que deben ser nuestros prototipos. Tengo muchas razones para no seguir ese ejemplo, las que callo por no ser difuso. Diré solamente que los sucesos de mi narración, pasaban por los años de Cristo del 183... Estábamos, a más, en cuaresma, época en que escasea la carne en Buenos Aires...".
El Matadero, Esteban Echeverría.

30.7.07

Primeras frases


"Quisiera no haber visto del hombre, la primera vez que entró en el almacén, nada más que las manos; lentas, intimidadas y torpes, moviéndose sin fe, largas y todavía sin tostar, disculpándose por su actuación desinteresada. Hizo algunas preguntas y tomó unas botellas de cerveza, de pie en el extremo sombrío del mostrador, vuelta la cara -sobre un fondo de alpargatas, el almanaque, embutidos blanqueados por los años- hacia afuera, hacia el sol del atardecer y la altura violeta de la sierra, mientras esperaba el ómnibus que lo llevaría a los portones del hotel viejo".

Así empieza la novela corta Los adioses, de Onetti.
Irresistible. Magnífico.
Cómo olvidar esas manos, en medio de un almacén sombrío, relatada la escena por alguien que mira por nosotros, desde el otro lado del mostrador. Él, y no el de las lentas y torpes manos será el que contará la historia. Tendremos que creerle, el pacto está sellado. Sólo él sabrá contarnos la historia de un hombre que espera sin esperanza su destino final.
Foto: Zelmira Matarazzo.

18.7.07

Primeras frases



Tengo una cierta fascinación por el principio de las novelas.
A lo largo de mi vida lectora, los he ido coleccionado en distintos cuadernos de citas. Uno de ellos, quizás el mejor, es éste que ahora les copio:

"Todas las familias dichosas se parecen. Las desgraciadas lo son cada una a su manera".

¿Quién podrá resistirse a semejante comienzo?
Cuando agarro un libro por primera vez, antes de leer o interpretar el paratexto, hago correr las hojas de atrás hacia adelante y de adelante hacia atrás y, finalmente, me detengo en las primeras frases. Debo creer, supongo, que este rito me dará la clave para saber si finalmente es ése y no otro el libro que atrapará mis próximos días.
Porque ahí es donde el escritor se planta.

De esto voy a hablar.

Y así te lo voy a contar.

Ana Karenina, de Leon Tolstoi.
Foto: Magdalena Sorondo.