
Hace un año, compramos un Gol de la época de Matusalén. No sabíamos que no es negocio comprar un auto tan viejo. Nos los vendió el señor A.
El auto no anduvo ni para atrás ni para adelante. Fuimos probamos con tres talleres diferentes, y ninguno dio en la tecla. O si daba en una tecla, a los tres días colapsaba la siguiente. Es decir: el pobre auto andaba tres días a los ponchazos para ir a parar diez al taller.
Uno de mis hijos, harto de ponerle plata, decidió venderlo. Lo llamó al señor A., y el vivillo señor A. le dijo que de ninguna manera tomaba ese auto.
Ok. Pensé yo. Mi hijo no tuvo paciencia para dialogar en buenos términos con el señor A.
Así que ayer lo llamé por teléfono yo.
- Hola, quisiera hablar con el señor A.
- Sí, soy yo, ¿quién habla?
- Soy fulanita de tal, mirá te llamo porque el auto aquel que te compramos hace un tiempo resultó un problema, así que quisiéramos venderlo.
- YA LE DIJE A TU HIJO QUE YO NO VOY A TOMAR ESE AUTO EN ESE ESTADO... (pongo mayúsculas, porque el hombrecito gritaba).
- ¿En qué estado? si el au...
- MIRÁ, QUÉ TE CREES, YO SÉ CÓMO LO VENDÍ Y VI EN EL ESTADO EN EL QUE ESTABA...
- Dejame hablar, dame cinco minutos por favor...
Y entonces pude, a las apuradas, contarle que el auto nos había dado muchos problemas y que el mal estado del que hablaba no era más que el causado por el año que pasó, que el auto no había tenido ni medio choque, que casi no transitó por las calles y que, además, se le habían arreglado unas cuantas cosas.
- MIRÁ, YO SÉ CÓMO ESTABA EL AUTO ¡¡Y ASÍ NO ESTABA!!
- A ver, decime qué le viste al auto...
- eh...
- ¿qué notaste diferente?
- ehhh, QUÉ TE CREES, ¿¿¿QUE YO LE SAQUÉ UNA FOTO???
- Bueno, entonces tendrás que creerme, ¿por qué no vas a creerme?, te estoy diciendo la verdad. Además, te estamos proponiendo que lo pongas a la venta, nada más...
- NO, NO, NO, ESE AUTO ASÍ NO LO TOMO, NI LOCO LO PONGO EN LA PUERTA DE MI CASA...
- ... pero si ASÍ nos los vendiste...
- NO, NO ESTABA ASÍ.
- ¿Me estás diciendo que soy una mentirosa?
- MIRÁ, ACABEMOS CON EL TEMA, TENGO MUCHAS COSAS QUE HACER....
- Realmente, no puedo creer que existan hombres como vos...
- SÍ, ¡¡¡EXISTEN!!!
Y me cortó.
Por supuesto que lo volví a llamar pero el cobarde desconectó el teléfono, así de fácil.
A la tarde llamé, me atendió un empleado y le dejé dicho que necesitaba terminar la conversación con él, porque me había cortado y me había dejado con la palabra en la boca.
Hoy a la mañana tampoco me quiso atender el muy cobarde, así que me fui hasta su oficina/casa.
Me atendió la empleada, me dijo que él no se encontraba, que estaba la esposa. Le dije que lo llamaba después, y cuando me estaba despidiendo, apareció muy campante, con una bolsita de repollitos de bruselas en la mano, el insoportable señor A.
- ¿Sí?
- Hola, ¿vos sos D. A.?
- Sí...
. Yo soy Estrella (je) y...
- YO NO TENGO NADA QUE HABLAR CON VOS, DESPUÉS DE TODO LO QUE ME DIJISTE AYER...
- ¿QUÉEEE? ¿de lo que te dije yo? ¿qué te dije yo?
- QUE PENSABAS QUE NO EXISTÍAN LAS PERSONAS COMO YO...
- Bueno, vos me trataste como a una mentirosa, no fuiste nada amable.
- ANDATE... ¡¡¡SOS UNA LOCA!!!
- ¿Podemos hablar tranquilos, tomar un café?
- ¡¡ANDATEEEE!!
Y el cobarde entró en el jardín de su casa. Yo lo seguí, entonces me cerró una puerta de rejas en la cara, me aplastó el brazo contra la cerradura al cerrarla y me dejó, además de al otro lado de la reja, un flor de moretón.
Desde ahí, alcancé a decirle antes de que entraba y de que viniera el portazo:
- Mirá, vine porque pensé que quizás tenías algún problema personal y ayer te agarré nervioso, ¿podemos HABLAR?
- ¡YO NO TENGO NINGÚN PROBLEMA PERSONAL!
Portazo.
Toco el timbre, de rabia, de impotencia.
Sale:
- ¡Y ANDATE PORQUE VOY A LLAMAR A LA POLICÍA!
- Llamala, acá te espero hasta que me escuches.
- ANDATE QUE TENGO TESTIGOS...
- ¿¿?? ¿Testigo de qué? ¿de tu mal trato?... ¿vos sos socio de x Club (el mismo club que yo, lo supe porque tenía la calcomanía en el auto; club conservador, de gente "correcta").
- sí.... (ahora no gritó)
- ¿y vas a misa?
- sí...
- Pues no parece...
Entró de nuevo.
Con la vena carótida que me latía de rabia (¿es la carótida?), y lamentando no ser un hombre, me quedé un rato más en la puerta, escribiendo una notita. Al rato sale el cobarde, ni me mira, se sube al auto y se va.
Termino de escribirle lo que le quería decir, para que no me quede el grito atragantado (que nunca un HOMBRE me había tratado de esa manera, que además de una ex cliente era una mujer y que no se deja a la gente con la palabra en la boca y bla bla).
Cuando estoy caminando hacia la esquina, me lo cruzo al cobarde que volvía a su casa, esta vez, sin la bolsita de repollitos. Pasó mirando hacia el horizonte, ignorándome, claro. Me di el gusto y le grité:
QUÉ POCO HOMBRE SOS.
Y me volví a casa, con rabia.
Y una vez más confirmo mi teoría.
¿Por qué, pueden ustedes explicarme, por qué, la gente más agresiva, que chumba de entraba, es la que se OFENDE cuando les decís ¡BÚ!?
He visto esto hasta el cansancio. Atacan con todas sus ganas y después se hacen los ofendidos, como si fueran carmelitas descalzas, cuando uno les DEVUELVE el chumbazo. Y te dicen "loca", o algún otro adjetivo descalificativo, como para sacarte de la cancha, sin más.
No sé si alguien terminó de leer este episodio tan desagradable. Pero a mí me hizo bien el relato.
Inspiro y expiro, me relajo, y pienso en el pobre señor A., cuando me lo cruce en el correcto club y, con mucha amabilidad, me acerque a decirle: Señor A., es usted un cobarde y un maleducado. Y veré, claro, una vez más, cómo cacarea el muy gallito.