"Hace poco, sentada a la mesa, me sorprendí repitiendo un gesto de mi madre (...). Es como si citara a mi madre, y la cita me inquieta porque no la puedo controlar".Sylvia Molloy. Varia imaginación.
Ya tengo una torre de libros para leer este verano, cuando el trabajo amaine, la casa se vacíe y se aquieten los tiempos.
Hoy, temprano a la mañana, me encontré manejando en medio de hileras de jacarandás esplendorosos, que resaltaban en el fondo del cielo, tan azul como el mar azul.
Perla tiene dos hijos: Alejandro y Vicky. Ale tiene 4 años y nació mientras ella trabajaba conmigo. Cuando a los tres años llegó Vicky, Perla decidió dejar de trabajar, porque las cosas empezaban a complicarse en su casa. Ellos viven en la villa 31, en el barrio ferroviario. Víctor, su marido, paraguayo como ella y hombre trabajador, empezó a tomar en épocas de desempleo para matar las horas en ronda de amigos. Perla es una mujer extraordinaria, bien podría hacer cualquier trabajo: es inteligente, rápida, dueña de una eficiencia sin límites y de un trato más que angelical. Desde que nació Vicky, Perla se las rebusca; puso un kiosco, prepara almuerzos económicos para los trabajadores de la zona, está con sus hijos.
Leo que ha salido un nuevo libro de Robbe-Grillet, tan, pero tan pornográfico, que se vende envuelto en un plástico negro: sadomasoquismo, crueldades y depravaciones que han escandalizado a los lectores franceses.
"No hay como el cine para ver una película".
Es muy probable que muchos escritores se acerquen a la escritura casi como un intento por acercarse al "padre". No en vano, es uno de los temas más presentes en la literatura. No recuerdo tantos autores o relatos ligados a la figura de la "madre".
Esta mujer no deja de sorprenderme: baja las escaleras al grito de: "¡Mirtha, para tooodos!". Se viste de un rosa tan rosado que ni una niñita se atrevería. Mirando sus propias piernas dice, imperturbable: "Chiqui, ¡qué piernuchas!"; y cuando muestra, orgullosa, su vestido, cada dos por tres, exclama: "!Ay, Chuiquita, qué ¡chenchuuuale!". Hace unos días, miró fijo a un notero y le exigió: "¡Sáqueme bien, que soy una muy linda señora!".
Si quisiera decirte lo más bello que evoco