12.3.08
10.3.08
Bukowski
Acabo de llegar de un fin de semana de "boda en Pinamar". Me espera una casa entera para limpiar, y mucho, pero mucho trabajo (me encuentro con una mail que me intima a terminar un trabajo para el jueves), la lectura de los diarios del fin de semana, la recorrida por los blogs amigos, postear.Como no hay tiempo para todo, va este recuerdo para Charles Bukowski, porque el 9 de marzo se cumplieron años de su muerte.
Busco sus libros en mi biblioteca; hay varios. Muchos de ellos con páginas enteras subrayadas (por esa versión de mí que los leía) con un intenso color violeta. Y cada tanto, párrafos lapidarios, señalados con una x en el margen.
Si algo queda vivo de Bukowski en mi memoria, es su descarada aceptación de sí mismo y de sus otros: los débiles, no los fuertes; los feos, no los hermosos; los perdedores, no los ganadores; los pobres, los perdidos, los idiotas.
No hay vez que vea una piel marcada por el acné que no lo recuerde. Ni días de desazón y furia que no me acerquen a su desesperación. Fue una lectura indispensable en una etapa de mi vida. Me pregunto si hoy lo leería de la misma forma. Sospecho que... no.
No hay vez que vea una piel marcada por el acné que no lo recuerde. Ni días de desazón y furia que no me acerquen a su desesperación. Fue una lectura indispensable en una etapa de mi vida. Me pregunto si hoy lo leería de la misma forma. Sospecho que... no.
7.3.08
Buen fin de semana
"Nunca decimos que un cantante de blues es triste. Si una canción es una auténtica expresión del sufrimiento de una persona, entonces el sufrimiento es trascendente y no llega como queja, como lamento, aunque ese haya sido su origen. Se experimenta como alivio, empatía, complicidad, consuelo y placer".Leonard Cohen.
4.3.08
Este sí, este no.
Libros leídos:
Hidrografía doméstica, de Gonzalo Castro.
¿Cómo no quedar atrapada por la historia de una niña que vive y mientras vive cuenta sus cavilaciones cotidianas, su mundo extraño, construido a imagen y semejanza de su mirar a destiempo?
Si esta es la primera novela de Castro, decididamente, voy a seguirle los pasos.
El discurso vacío, de Mario Levrero.
Me gusta Levrero, siempre. Quizás, sólo por párrafos como este:
"Y así van las cosas. Estoy en un especie de suspenso (...) en el sentido de ´puntos suspensivos´. Pausa, demora, quedarse en la última sílaba de la última palabra, como arrastrándola. También podría decir: 'Hombre entre paréntesis', aunque más exactamente yo sería un hombre después del primer paréntesis, preguntándose por el segundo. Una etapa provisoria que se prolonga y se prolonga en el tiempo (...). Es como ir a un hotel por dos o tres días y quedarse meses y años, siempre con las cosas dentro de una valija".
El Mundo, de Juan José Millás.
Parece que este libro empezó como una gran respuesta a un reportaje, en donde se le preguntaba por su infancia. Un libro amable, que iré olvidando con los años.
Grasa, Retrato de la vulgaridad argentina, de Juan José Becerra.
Lo compré porque Becerra me interesa como escritor, pero me encontré con una recopilación de notas. Algunas de ellas ya habían sido publicadas en la revista Los Inrockcuptibles. Me entretuve con sus criticas a Tinelli y al Baby Etchecopar, pero prefiero otro tipo de lecturas. Leo tres o cuatro y pierdo el entusiasmo.
Zapatos italianos, de Henning Mankell.
Es un Mankell no tan Mankell. No es un policial, aunque sí está ese clima helado de la costa sueca. "Siempre me siento más solo cuando hace frío". Así empieza la historia de un hombre viejo. Y solo. ¿Cómo resistirse a la lectura? Apenas a la segunda página, uno sabe que tendrá que vérselas con la soledad, la vejez, la enfermedad, la muerte. ¿Qué decirles? Que lo terminé en dos días. Creo que varios de sus personajes tienen para mí la identidad del frío y el llanto. Podría reconocerlos si los viera por alguna calle helada... cuando llegue el invierno.
CONFESIONARIO II, Historia de mi vida privada. Idea y compilación de Cecilia Szperling.
Les cuento cuando lo termine. Estoy en plena confesión de Juan Terranova.
Libros abandonados despues de 40 páginas:
Este libro te salvará tu vida, de A. M. Homes. (no es autoayuda, es pura novela).
Se trataba de mi gran apuesta para el verano. Otra de sus novelas, Música para corazones incendiados me había cautivado de una manera enfermiza. Lo fui dejando para el final, como quien reserva el mejor bocado para la despedida.
Quizás no sea malo el libro, sino tan sólo yo la lectora inadecuada.
Quizás no se puede pasar de una novela a otra sin un paréntesis, un corte, una distracción, un dejar decantar la que se fue para entrar de a poco en la que vendrá. No lo sé. Por ahora va al estante de los "otra oportunidad".
La Hermana, de Sandor Marai
Creo que llegué hasta la mitad, pero siempre relojeando la pila de los próximos "a leer". Para qué seguir, me dije un día y ahí nomás manoteé a Mankell y sus viejitos helados.
Conclusiones: fue un verano de lecturas ni muy muy ni tan tan.
Hidrografía doméstica, de Gonzalo Castro.
¿Cómo no quedar atrapada por la historia de una niña que vive y mientras vive cuenta sus cavilaciones cotidianas, su mundo extraño, construido a imagen y semejanza de su mirar a destiempo?
Si esta es la primera novela de Castro, decididamente, voy a seguirle los pasos.
El discurso vacío, de Mario Levrero.
Me gusta Levrero, siempre. Quizás, sólo por párrafos como este:
"Y así van las cosas. Estoy en un especie de suspenso (...) en el sentido de ´puntos suspensivos´. Pausa, demora, quedarse en la última sílaba de la última palabra, como arrastrándola. También podría decir: 'Hombre entre paréntesis', aunque más exactamente yo sería un hombre después del primer paréntesis, preguntándose por el segundo. Una etapa provisoria que se prolonga y se prolonga en el tiempo (...). Es como ir a un hotel por dos o tres días y quedarse meses y años, siempre con las cosas dentro de una valija".
El Mundo, de Juan José Millás.
Parece que este libro empezó como una gran respuesta a un reportaje, en donde se le preguntaba por su infancia. Un libro amable, que iré olvidando con los años.
Grasa, Retrato de la vulgaridad argentina, de Juan José Becerra.
Lo compré porque Becerra me interesa como escritor, pero me encontré con una recopilación de notas. Algunas de ellas ya habían sido publicadas en la revista Los Inrockcuptibles. Me entretuve con sus criticas a Tinelli y al Baby Etchecopar, pero prefiero otro tipo de lecturas. Leo tres o cuatro y pierdo el entusiasmo.
Zapatos italianos, de Henning Mankell.
Es un Mankell no tan Mankell. No es un policial, aunque sí está ese clima helado de la costa sueca. "Siempre me siento más solo cuando hace frío". Así empieza la historia de un hombre viejo. Y solo. ¿Cómo resistirse a la lectura? Apenas a la segunda página, uno sabe que tendrá que vérselas con la soledad, la vejez, la enfermedad, la muerte. ¿Qué decirles? Que lo terminé en dos días. Creo que varios de sus personajes tienen para mí la identidad del frío y el llanto. Podría reconocerlos si los viera por alguna calle helada... cuando llegue el invierno.
CONFESIONARIO II, Historia de mi vida privada. Idea y compilación de Cecilia Szperling.
Les cuento cuando lo termine. Estoy en plena confesión de Juan Terranova.
Libros abandonados despues de 40 páginas:
Este libro te salvará tu vida, de A. M. Homes. (no es autoayuda, es pura novela).
Se trataba de mi gran apuesta para el verano. Otra de sus novelas, Música para corazones incendiados me había cautivado de una manera enfermiza. Lo fui dejando para el final, como quien reserva el mejor bocado para la despedida.
Quizás no sea malo el libro, sino tan sólo yo la lectora inadecuada.
Quizás no se puede pasar de una novela a otra sin un paréntesis, un corte, una distracción, un dejar decantar la que se fue para entrar de a poco en la que vendrá. No lo sé. Por ahora va al estante de los "otra oportunidad".
La Hermana, de Sandor Marai
Creo que llegué hasta la mitad, pero siempre relojeando la pila de los próximos "a leer". Para qué seguir, me dije un día y ahí nomás manoteé a Mankell y sus viejitos helados.
Conclusiones: fue un verano de lecturas ni muy muy ni tan tan.
3.3.08
¿Por qué no?
Lunes de lluvia (maldita lluvia).Antes de ponerme a trabajar, decido leer los diarios del domingo, que ayer no pude ni mirar.
Como dijo koba hace unos días, tomar el desayuno mientras leo el diario es uno de mis placeres cotidianos. Especialmente el domingo. Pero este que pasó me encontró en la cocina, preparando tortas de chocolate y de manzana, rellenando arrollados y armando sandwichitos para celebrar el cumpleaños de mi hija.
Hoy, apenas me levanto, veo, además de una casa que parece arrasada por el tornado, la pila de los diarios del domingo. Digo "los", porque el domingo es día de más de un diario.
Separo la pila en dos: lo que me interesa y lo que no.
Desecho, entonces, varias secciones: Clasificados, Deporte, Empleos, Economía y Negocios. No podré dedicarle tanto tiempo a mi lectura atrasada. Esta será una lectura express.
Y una vez más, me pregunto: ¿por qué no "diarios inteligentes"? ¿Por qué no un sistema por el cual se elija sólo algunas de las secciones del diario? Y poder llevar, por ejemplo, dos partes centrales (para que no haya peleas) en lugar de aquello que nunca nadie ni siquiera mira.
Y ya que estamos con el tema, ¿alguien leyó el nuevo Crítica?
29.2.08
28.2.08
Un Aladino trucho
(Foto robada a la condesa sangrienta).Se ve que el comentario de Reina quedó dando vueltas en mi cabeza. La cuestión es que tuve un sueño. Un Aladino flaco y desteñido se me apareció en mitad de la noche y me dijo que podía darme las respuestas a mis eternas preguntas. Apenas iba por la tercera cuando me paró en seco y gritó: "No, no, no, no. Así no, flaquita; si te fueran concedidos semejantes respuestas, ¿qué sentido tendría la vida? Bajá dos cambios, que estás hablando con un Aladino trucho. Simples curiosidades, menudencias, tonterías... hasta ahí llega mi magia".
Bueno, pensé yo, no será la gran revelación, pero bien vale la pena resolver estas intrigas cotidianas:
1) Sueño con entrar en la cabeza de un político corrupto para saber qué piensa cuando apoya su cabeza en la almohada.
2) Cómo es Susana Gimenez, en camisón y pantuflas.
3) Qué siente (con lujo de detalles) un hombre arriba de una 4 x 4 con vidrios polarizados, mientras va a 180, pasando autos por la banquina.
4) Conocer, aunque sea por un instante, la cara de mis amigos blogeros.
5) Qué se dice a sí misma una mujer remendada delante del espejo.
6) Preguntarle al que tiene mucha plata para qué quiere tanta, tanta y tanta.
7) Quién mató a María Marta y a Nora Dalmasso.
8) Por qué lo afearon a Javier Bardem en su última película.
9) Facundo Arana, ¿se hace reflejos?
10) ¿Se les ocurre algo?
Bueno, pensé yo, no será la gran revelación, pero bien vale la pena resolver estas intrigas cotidianas:
1) Sueño con entrar en la cabeza de un político corrupto para saber qué piensa cuando apoya su cabeza en la almohada.
2) Cómo es Susana Gimenez, en camisón y pantuflas.
3) Qué siente (con lujo de detalles) un hombre arriba de una 4 x 4 con vidrios polarizados, mientras va a 180, pasando autos por la banquina.
4) Conocer, aunque sea por un instante, la cara de mis amigos blogeros.
5) Qué se dice a sí misma una mujer remendada delante del espejo.
6) Preguntarle al que tiene mucha plata para qué quiere tanta, tanta y tanta.
7) Quién mató a María Marta y a Nora Dalmasso.
8) Por qué lo afearon a Javier Bardem en su última película.
9) Facundo Arana, ¿se hace reflejos?
10) ¿Se les ocurre algo?
25.2.08
Malosentendidos
El hombre con un traje raído camina por el microcentro. No es un hombre mediocre, es un hombre apenado.Vemos a una mujer con la mirada extraña, deambulando por un shopping un martes a las tres de la tarde y pensamos que es una mujer malgastando sus horas. No lo sabemos: es su primera salida después de un dolor muy grande.
Un matrimonio con dos niños hacen un picnic a orillas del río. No es una familia más. No es una familia.
Un adolescente zigzaguea, borracho, por la calle. No va a robar, quiere que lo abracen.
En una reunión, una pareja se toma de la mano y pensamos que es una pareja feliz.
Alguien le toca bocina a un viejo en la autopista: no se corre, como si no supiera manejar. El viejo va pensando en el Teorema de Fermat.
Categóricamente lo tildamos de antipático, pero él lucha contra su extraña timidez.
Leemos el blog de una mujer de mediana edad y pensamos: que se vaya a lavar los platos.
El hombre gordo y desprolijo, con su barba desplumada, parece el dueño de un corralón, pero es un cirujano de los buenos.
Camina por la calle con aire de mujer flaca, aunque es gorda.
En un bar, una pareja permanece en silencio. No es que no tengan nada que decirse, no les molesta el silencio.
22.2.08
Buen fin de semana
Los Impacientes. Gonzalo Garcés.
20.2.08
go, go, go, go, gooo!!!
A veces, cuando miramos la serie Friends, pregunto a los que están conmigo si nos reiríamos igual si lo que dicen los personajes lo dijeran en castellano, y me parece que no. El idioma que no es el nuestro produce cierto distanciamiento, nos aleja de lo real tal como lo vivimos día a día. El lenguaje, en estos casos, ayuda a crear verosimilitud.Piensen, si no, en un Jack Bauer corriendo al grito de: ¡¡Vamos, vamos, vamos!! o ¡¡Corré, corré, corré!!, o ¡¡Andá, andá, andá!", en lugar de su peculiar go, go, go, go, goooooo!!
No es lo mismo la Nanna de Queens que Florencia Peña, en su versión vernácula.
Ni la Mujeres Desesperadas, viviendo realidad tan ajenas a nosotros, pero hablando en criollo, como si estuvieran a la vuelta de la esquina.
Distinto es el caso de, por ejemplo, Los Simuladores.
Y la clave, creo, está en el uso del lenguaje elegido por Szifrón: los cuatro hombres no tienen un decir a lo porteño, no conocen las malas palabras (esta simple omisión produce extrañamiento, ¿quién nos las usa?), el discurso es monocorde, sin altos y bajos, falto de puntos y comas, con una modulación única que se repite y repite de capítulo en capítulo.
Szifrón crea su propio estereotipo. Uno entra entonces en la clave correcta: hay una manera de ver Los Simuladores, como hay otra manera de sumergirse en las novelas costumbristas, donde se siente el olor del puchero y se lo ve Laport en su versión de Fierro, lavándose los dientes en camiseta.
Hagan la prueba... y me cuentan.
¿¿Copy that??
Hagan la prueba... y me cuentan.
¿¿Copy that??
19.2.08
Que pena tan grande
Pasada la medianoche, hago mi recorrida por mis blogs preferidos y me encuentro con una triste noticia: tennisjournalist, de Todo lo que imagines, murió hace apenas unos días.
Su amigo lo despide así.
Yo lo voy a extrañar, aunque no haya conocido ni el color de sus ojos.
Su amigo lo despide así.
Yo lo voy a extrañar, aunque no haya conocido ni el color de sus ojos.
18.2.08
Sin título
Tenía un buen post en mente para este lunes, pero el tiempo, que no para, se me fue buscando lo que pierdo: un block de hojas lisas y un marcador negro que compré el viernes. Me rindo. No está. A modo catártico, y para no matar a alguien o a mí misma, van estás palabras profundas y solidarias de Bioy:"Milagro de porquería
lo que toco se extravía".
(Ya no pierdo las cosas solo en la casa
sinto también en los bolsillos").
15.2.08
12.2.08
Más sobre la melancolía
No se es depresivo ni ciclotímico, ni taciturno ni reservado. El melancólico es melancólico, aunque quiera camuflarse bajo luces de artificio. Se los reconoce entre otros. Se los ve venir, porque se los ve mirar.A Idea Vilariño la melancolía de Onetti le resultaba desafiante: ¿cuánto hay de enigma detrás de ese desasosiego tan pegado a la piel del que se sabe a destiempo? Quizás la clave esté en el contrapunto entre esos dos pulsiones: el reposo en el propio submundo o o el acompasarse, de tanto en tanto, con el ritmo del afuera.
No es tampoco un desánimo existencial que golpea de repente, no es un ser feliz sólo como por descuido.
Es un mirar sostenido y persistente, que tiene, como dice Anne Michaell, exactamente el mismo peso de un niño dormido: ahí está, se lo cobija, se lo acuna en paz hasta que despierte.
Hace años un amigo me contó que llevaba con orgullo el diagnóstico de ser un "melancólico", como si le diera un aire de elegancia, de distinción, de singularidad. Hasta que después de un tiempo de terapia comprendió lo inevitable: que duele, que debilita, que las energías se escurren por ese pozo sin fondo. Y desde entonces busca no perder el próximo tranvía.
Vivo en el número siete, calle Melancolía. Quiero mudarme hace años al barrio de la alegría.Pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvíay en la escalera me siento a silbar mi melodía*.
*Va, desde acá, un feliz cumpleaños a Joaquín Sabina.
11.2.08
"Intrusos"... en los blogs
Como en la viña del Señor, hay de todo en la blogósfera. Me pregunto cuánto tardará en aparecer el indiscreto o la profesional de siempre para dar cuenta de los dimes y diretes del mundo blogueril. Puesta a elegir, prefiro una ella a un él: nada me parece menos atractivo que un hombre escarbando en las intimidades ajenas.Que hay tela para cortar, nadie lo pone en duda: blogs que se chicanean entre sí, comentaristas mediáticos que circulan, desfachatados, dejando ácidos ataques aquí y allá. Otros que se divierten, como chicos lanzados a parque de diversiones, y patean hormigeros por el simple placer de ver el desparramo. Villanos y villanas que, fieles al perfil que supieron construir, se convierten en personajes indispensables y hasta logran hacerse querer. Y no faltan, claro, los que sopapean sin piedad a una única víctima, elegida, quizás, en un juego de azar. Hay portazos, gritos encomillados entre signos de admiración, antipatías arbitrarias, burlas, amenazas, indiferencias.
Por eso, y por las dudas, si un Rial toca la puerta, habrá que esconderse y gritar: ¡"No hay nadie por acá"!
Por eso, y por las dudas, si un Rial toca la puerta, habrá que esconderse y gritar: ¡"No hay nadie por acá"!
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