
No creo, qué le voy a hacer.
No creo en esos rumores que circulan como verdades, tales como: Richard Gere es gay..., parece que Kirchner la faja a Cristina..., el mundo se termina en el 2060.
Tan así es que mis hijos ya me tienen calada y ante afirmaciones de este tipo, atajan al portador de la buena nueva y le dicen: "no te gastes, ella no te va a creer".
Dicen que el fruto del paraiso es lo único efectivo contra el mosquito del dengue. Que no, dice otro, lo mejor son los granos de café, ¿el café?, ni el café ni el paraiso, digo yo. Si fuera así de fácil.
A veces confieso que hago un esfuerzo, trato de acallar a la escéptica que hay en mí para poder subirme al tren de los que de verdad creen que, por ejemplo, las piedras nos protegen de los infortunios de la vida o la cinta roja atada en la muñeca, de las envidias calientes.
Pero no.
No hay caso.
No me sale.
Las piedras no son curativas ni las comidas afrodisíacas. Todo lo hace el entorno o, en el mejor de los casos, la intención o el deseo puesto en juego.
Vale meditar porque, claro, siempre será bueno aquietar la mente al reparo del afuera, más allá de los mantras y los inciensos o la música de los delfines sanadores.
Descreo de la influencia de ser Libra o Escorpio. Basta ver el mundo y el legado de ruta de las personas para darse cuenta de que puede más el entorno terrenal que los astros en el cielo, aunque de vez en cuando me apropie de las palabras de Martin Amis y pueda llegar a decir: en Astrología todo es falso al ciento por ciento, salvo lo que se dice de los de Escorpio, que es verdadero al ciento por ciento.
No sé nada sobe Constelaciones familiares, eso sí que es cierto. Pero, ¿cómo entender que debamos pagar por los errores de la tía Eulalia o por el suicidio de nuestro tatarabuelo francés? Aunque (siempre hay un aunque) leo la biografía de Dostoievski y me quedo pensando que quizás, sólo quizás, tal vez sea posible. Otro día les cuento.
No creo en esos rumores que circulan como verdades, tales como: Richard Gere es gay..., parece que Kirchner la faja a Cristina..., el mundo se termina en el 2060.
Tan así es que mis hijos ya me tienen calada y ante afirmaciones de este tipo, atajan al portador de la buena nueva y le dicen: "no te gastes, ella no te va a creer".
Dicen que el fruto del paraiso es lo único efectivo contra el mosquito del dengue. Que no, dice otro, lo mejor son los granos de café, ¿el café?, ni el café ni el paraiso, digo yo. Si fuera así de fácil.
A veces confieso que hago un esfuerzo, trato de acallar a la escéptica que hay en mí para poder subirme al tren de los que de verdad creen que, por ejemplo, las piedras nos protegen de los infortunios de la vida o la cinta roja atada en la muñeca, de las envidias calientes.
Pero no.
No hay caso.
No me sale.
Las piedras no son curativas ni las comidas afrodisíacas. Todo lo hace el entorno o, en el mejor de los casos, la intención o el deseo puesto en juego.
Vale meditar porque, claro, siempre será bueno aquietar la mente al reparo del afuera, más allá de los mantras y los inciensos o la música de los delfines sanadores.
Descreo de la influencia de ser Libra o Escorpio. Basta ver el mundo y el legado de ruta de las personas para darse cuenta de que puede más el entorno terrenal que los astros en el cielo, aunque de vez en cuando me apropie de las palabras de Martin Amis y pueda llegar a decir: en Astrología todo es falso al ciento por ciento, salvo lo que se dice de los de Escorpio, que es verdadero al ciento por ciento.
No sé nada sobe Constelaciones familiares, eso sí que es cierto. Pero, ¿cómo entender que debamos pagar por los errores de la tía Eulalia o por el suicidio de nuestro tatarabuelo francés? Aunque (siempre hay un aunque) leo la biografía de Dostoievski y me quedo pensando que quizás, sólo quizás, tal vez sea posible. Otro día les cuento.














