22.3.10

Frases célebres de amigas no célebres*

( Hace unos cuantos años, sellamos un pacto de sangre y tinto: ninguna de nosotras se haría cirugías ni nada parecido. Alzamos la copa de vino, al grito de: "¡aguanten las lindas arrugas; la dignidad, ante todo!").

Unos pocos años después:

Lo dijo C.:

"Envejezcan ustedes dignamente, ya me harté de tanta dignidad: mañana me hago un lifting...".


*(Si andan con tiempo, les recomiendo clikear en la etiqueta de Frases célebres de amigas no célebres, se lee cada cosa...).

19.3.10

Buen fin de semana


Verme en el espejo. ¿Cómo sería? ¡Así? Un poco a la izquierda. Otro poco a la derecha. Ahora con los ojos. ¿Debo hacer asomar esa sonrisa de perdonavidas como Humphrey Bogart? ¿Humphery sentía el ganso seductor que llevaba dentro para poner esa sonrisa? (...) ¿Se sabía bello porque se sentía pez, felino, ave? ¿O se sentía bello porque alguien le había dicho que era tan bello que acabaría por volar? ¡Cuánto hacía que no leía a Freud! Me daba cuenta ahora que no podía dejar de imaginar que Bogart debía haber tenido un faro que diera ese brillo a su mirada, una primera luz que encendiera en él la convicción de su fuego: una madre, y que esa madre debía de haberlo mirado con el embobamiento que el posfreudiano Lacan atribuye al circuito de fascinación que une la mirada de toda madre sana a su hijo. Si no, cómo explicar el narcisismo autosatisfecho de esa mirada".
El traductor, Salvador Benesdra.

18.3.10

Una debilidad


Tengo debilidad por las citas. Las colecciono, las atesoro, y si las pesco en otras hojas, siento que alguien estuvo revolviendo mi avispero.
Dice Vila-Matas que debemos cuidarnos de los maniáticos anticitas, que nos acusan de pretenciosos. Fernando Savater, otro adicto al club de las Buenas Citas, se defiende así: "Sólo asumimos nuestro destino de príncipes, que todo lo hemos aprendido de los libros".
Pero no sólo de copiar vive el hombre. Atentos como los detectives salvajes, encontramos en una página ese párrafo que resplandece para nosotros en medio de la hoja. La subrayamos, luego la copiamos, pero no nos conforma el cautiverio, entonces, la hacemos circular.
Por eso vivo rodeada de citas y de autores, sin miedo a convertirme en una citadora ambulante, ni de enfermarse de literatosis, como le pasó al bueno de Onetti.
Soy, como Vila-Matas, una ladrona de frases ajenas, un parásito de mis escritores preferidos.
De ahí, supongo yo, me viene el encanto por leer a autores cuando comentan los libros de otros, aunque, agrego, sólo cuando lo hacen con gusto, y no cuando los despedazan por simple placer de cirujano en celo.

Dice W. Benjamin que en nuestro tiempo, la única obra realmente dotada de sentido es un collage de citas, fragmentos y ecos de otras obras: escribimos siempre después de otros, construimos lo propio con retazos de rasgos ajenos.

También cito para mí misma a la gente común y corriente, si descubro en alguien la maravilla en el decir lo que se dice.
Y me sorprendo y me divierto cuando, de repente, el gesto de un hijo se convierte en un gesto entre comillas, exacto al de su padre.
El collage, entonces, se convierte en relato, en suma de miradas, en intercambio, en blog.

15.3.10

Sobre el lugar común


Hace poco vi la última película de Woody Allen (Si la cosa funciona) en donde uno de los personajes dice, cada dos por tres, que todo le parece un cliché.
Algo así me está pasando últimamente: no hablo de cliché; prefiero el "lugar común".
¿Será que me molestan porque es como escuchar una y otra vez el mismo tema musical? Así y todo, caigo en sus redes de tanto en tanto. (¿"Caer en las redes" es un lugar común?)

Veamos.

Llamo "un lugar común" a eso que uno sabe que se viene.
Se piensa: lo va a decir, lo va a decir, lo va a decir... ¡y lo dice!..., ¡Ay! Y uno sonríe, disienta o comparte, como si lo escuchara por primera vez.

Ejemplos de frases que ya se usan sin ton ni son:

* Es un golpe bajo. (Algunos son sólo golpes, y no tienen nada de "bajo"; otros, apenas bajezas sin golpe).
* Hay que hacerse cargo. (Uf, siempre adivino el momento justo en que surge esta sentencia).
* Es muy fuerte. (Necesitamos sinónimos para este adjetivo tan apto para ser predicado de muchos).
* Estamos viviendo en un país tropical. (Durante un verano lluvioso, esta expresión no descansa).
* ¿Te acordás cuando hablábamos de corrido? (Es una fija, alguien lo dice cada vez -pero cada vez- que él mismo u otro se olvida del nombre de un actor o del compañero aquel de la primaria).
* ... las cosas pasan por algo..." (como si siempre hubiera un sentido, a veces no lo hay, sólo suceden, para bien y también para mal).

Son un lugar común, además de la muerte:

* Los artesanos (ay, perdónenme).
* Las mujeres con muñequitos de niños colgando del cuello.
* Todos los artículos sobre belleza femenina.
* El vecino país.
* El amigo entrañable.
* El espiral de violencia.
* El peso de la ley.
* La derecha recalcitrante.
* El problema-de-la-inseguridad.
* Que Richard Gere es gay.
* Los caniche toys.
* Decir que alguien es funcional a la derecha como un insulto, cuando en realidad es una provocación.
* El gobierno NacionalyPopular de Delía.
* Las cartas de lectores del diario La Nación.
* Algunos personajes de Palermo Rúcula.
* Los patoteros en los blogs.
* Los discursos de los políticos. Todos.

12.3.10

Buen fin de semana


Todo el mundo está en la estufa
triste, amargao, sin garufa,
neurasténico y cortao...
Se acabaron los robustos...
si hasta yo que daba gusto
¡cuatro kilos he bajao!
Hoy no hay guita ni de asalto
y el puchero está tan alto
que hay que usar un trampolín...
Si habrá crisis, bronca y hambre
que el que compra diez de fiambre
hoy se morfa hasta el piolín...

Al mundo le falta un tornillo, Enrique Cadícamo (1932)

9.3.10

Diálogo espantoso XVII


En Pueyrredón y Santa Fe, hace unos días:

ÉL - ¡Gorda de mierda, poné el guiño! la puta que te parió...
ELLA - ¿Eh...? ¿Qué te pasa?
ÉL - ¡No ves que casi te choco, pelotuda!
ELLA - ¡Andá a la mierda!
ÉL - ¡Anda a la mierda vos, malcogida!

Yo, que estaba detrás del auto del energúmeno, me quedé pensando en que si algo aún diferencia a hombres y mujeres en épocas de posliberación femenina, es la manera que cada género tiene de insultar.

Hay insultos muy de varón.
Y, a su vez, hay insultos muy de varón maleducado.
Y, también, hay insultos muy de varón maleducadísimo cuando la que se los liga es una mujer.

Un varón enojado le dice a una pobre mujer:
loca
vieja
cornuda
gorda
reventada
puta
malcogida o malco (horrible abreviatura, ¿a quién se le ocurrió?).

En cambio, ninguna mujer usaría el "reventado", el "cornudo" o el cruel "malco", por más enojada que esté.

Hay otros insultos que comparten hombres y mujeres; son los de uso indistinto, como forro, choto, boludo, andá a la mierda y sus variantes, etc.

Entre ellos, los varones, noto que usan mucho la expresión "me chupa un huevo" y el insoportable "sorete", con una entonación que carga furia en la consonante "s" y en la primera vocal "e". El acto de decir lo que se dice se acompaña, por lo general, con una expresión de malísimo olor. ¿No es lo peor de lo peor?

Quizás deberíamos recuperar, no digo el "pastenaca" o el "otario"; el "gil" o el "bolas tristes" (¿o es "bolas triste"?), pero estaría muy bien desoxidar palabras sencillas y efectivas como ... ¿idiota? ¿estúpido?... ¿o suenan casi como una caricia?
¿Y si volvemos al pito catalán?

5.3.10

Buen fin de semana: ¡cita 101!


* "Todas las mañanas -bajo forma de tufo, humedad, tibieza-, dejamos como un vaciado, como un cuerpo astral, el cansancio en la cama".

* "Es de noche, como de costumbre. Sientes la alegría de que ahora irás a la cama, desaparecerás y en un instante será mañana y volverá a empezar el inaudito descubrimiento, la abertura a las cosas. Es bonito dormir porque despertamos. Es la manera más rápida de llegar a la mañana".

Cesare Pavese, El oficio de vivir.

3.3.10

El juego de los Oscar


El domingo a la noche tenemos cita de hermanas, vieja, hijas e hijos que se prendan, para ver la entrega de los Oscar. Aunque siempre decimos "qué aburrido estuvo", al año siguiente volvemos a acomodarnos en los mismos sillones y a amontonarnos en el piso frente a la televisión.
Mientras picoteamos quesos y salames, conversamos, opinamos, criticamos. Qué linda, qué feo, qué nabo, qué injusto, qué vieja, qué operada, qué largo, qué plomo.
Casi todos ya vimos las películas, así el juego se hace más divertido.
Va mi listado y un brevísimo comentario (de dos renglones... o de tres).

1) Avatar, de James Cameron: la vi en 3D + Imax; demasiado para mí. Una de mis hermanas se mareó tanto que se tuvo que ir. Yo también, pero me la banqué hasta el final. Me gustó mucho, es novedosa y entretenida, y se le perdonan algunos errores. Pongo fichas ahí.

2) Up: no la vi.

3) Vivir al límite, de Kathryn Bigelow: Muy buena, especialmente el personaje de Jeremy Renner. Se mira casi sin respirar, y la tensión se mantiene hasta los títulos finales.

4) Precious, de Lee Daniels: confieso que apenas la terminé de ver, sentí más nauseas que en el Imax. Estaba para una buena intravenosa de la familia Ingalls. Que nadie la vea, pensé, es demasiado cruel. Con el correr de los días, y después de conversar con una de mis hijas, me fui reconciliando con ella, con Precious. Pero aún no puedo digerir el personaje de la madre (Mo´nique), la que, probablemente, reciba el Oscar por su actuación.

5) Distric 9: no la vi.

6) Amor sin escala, de Jason Reitman: lo único que me entusiasmó fue el romance entre George Clooney y Vera Farmiga; toda la química (¡lo siento por stella!).

7) The blind side, de John Lee Hancock (¿cómo se llama en español?): Mala. O no sé si tan mala, pero ¿para un Oscar? Ni cerca.
Prima hermana de Precious pero en clave de comedia. Si no fuera por el hijito de ella que tiene cierto encanto...

8) Una educación, de Lone Scherfig: Muy recomendable. El cine inglés es una de mis debilidades. Además de la amable Carey Mulligan, se ve la ciudad de París, esplendorosa.

9) Bastardos sin gloria, de Q. Tarantino: creo que es mi favorita. La recomiendo sin pestañear porque no se me ocurre pensar que a alguien pueda no gustarle.

10) A serious man, de los Hermanos Coen. Acá la tengo, pero no me decido. Si es aburrida, no es para mí. Y si es muy rara, no estoy para rarezas. Me quedo con los Coen que ya disfruté. ¿Alguien la vio?

Otras nominadas:

Invictus: Esperaba más de Clint Eastwood, o no la supe ver, pero rescato el personaje de Mandela y a Mandela, un hombre que pasará a la historia, casi un santo. O un sabio.

También tengo pendientes la de Jeff Bridges y la de Colin Firth, ambos candidatos a Mejor Actor, y las de Meryl Streep y Helen
Mirren, a Mejor Actriz.

Mejor película extranjera: Votamos por El secreto de tus ojos. Y por los ojos de Darín.

A los que les interesen todas las nominaciones, rubro por rubro, vayan hacia la Cosmopista, que hay un prolijo listado.

1.3.10

¿Tu nombre?


El jueves estuve en un cumpleaños donde había un hombre que cantaba lindo. Lo habían contratado para matizar la noche y unir a ellas y a ellos en un acorde en común. Llegó con un enclenque equipo de sonido, una guitarra y su bello vozarrón.
El hombre tenía un buen recurso para pasearse por todos los géneros; si alguien le pedía un tema, él, ni lento ni perezoso, preguntaba:

- ¿Cuál es tu nombre?
- Miguel...

Y ahí nomás, una bella canción de Alberto Cortéz:

Miguuuuel... ♪ ¿Cómo se miden las eternas dudas?
¿Cómo se cantan las canciones mudas♫,Miguuuuel? ♪

- ¿Cómo te llamás?
- Angélica... ♫

Angélica, cuando te nombro me vuelves a la memoria

- ¿Tu nombre es...?
- Lucía...

Vuela esta canción ♫
para tí Lucía, la más triste historia de amor... ♪


- ¿Tu nombre?
- Josefina...

- ♫Tu nombre me saaaaaabe a hierba...

La próxima vez que lo vea, voy a inventarme nombres: me llamaré Suzanne, Penélope, Dulce Jean, Angie, Camelia, Cris Cris Cristina, Catalina Bahía, María... ¿que más?

26.2.10

Buen fin de semana


* ¡Qué melancólicos o radiantes son los días que se equivocan de estación!".

* "Conocí la lujuria en el catecismo blanco de mi primera comunión, que llevaba dibujado en la tapa un cáliz resplandeciente".

* "Existe la tristeza de estar triste, como existe la vergüenza de tener vergüenza".

* "La alegría, cuando nadie la advierte, se aleja con sus innumerables cascabeles".


Silvina Ocampo, Ejércitos de la oscuridad.

24.2.10

Apretando bien las muelas


Dice Vila-Matas que se cansa de buscar, día a día, personas amables. Para qué tanto progreso, se pregunta, si la gente se ha vuelto horrible.
Algo así me está pasando. Tanto, que celebro cuando, por esas cosas del azar, doy con la amabilidad en persona. Me regocijo al punto de celebrar la vida y renovar la esperanza de que no todo está perdido: alguien viene a ofrecer su corazón.
Como si saliéramos a la calle con los botines de punta.
Como si dialogáramos en los blogs con lanza y escudo.
El otro es el enemigo que me invento, que perfecciono a fuerza de pulir sus puntas amigables. Lo refuerzo, lo acorazo, lo lijo al derecho y al revés para deslizarme, feliz, sobre la podredumbre que encuentro.
Entonces, la vida se justifica; tengo un enemigo. Comparto un enemigo. Y escapo de la soledad con el machete en alto.

22.2.10

Más gatos por liebres


Hace unos días, el despistado de mi hijo (perdón, hijo) quiso freír unas empanadas y en lugar de hacerlo en el aceite Cocinero, lo hizo en el vinagre Cocinero. Es que los envases son prácticamente iguales, se quejó.
Y tiene razón.
Y tiene, además, buena vista. Así que, ojo, que no es culpa de los que no vemos bien andar confundiéndose por ahí.

Hay problemas de packaging, díganme si no. Las veces que quise lavarme el pelo con shampoo y me llené de crema de enjuague, porque apenas si se lee el cartelito de"shampoo" o "Acondicionador", en tamaño de letra -2.

¿Las cabelleras andan tan necesitadas de productillos antifrizz, antirrulos, anticaspa, antigrasa, anticolor, antiplanchita, antilisoextremo, anticanas, antipiojos, anticloro, antitierra, anti las olas y el viento? Qué mareo...

Ya nada es sencillo, ni al pan, pan, ni al vino, vino.

Recorrer la góndola de los panes en un súper puede llevarte horas: mix de cereales / sabor casero / salvado doble / con sésamo / rodaje fina / miga aireada / esponjoso y bla bla bla.

Lo mismo en las heladeras, donde, además de las ganas de ponerse una bufanda, uno debe perder tiempo (que ya se sabe, vale oro) en distinguir el yogur NORMAL del firme /bebile / cremoso / con calcio / licuado / aireado / balance plus / fibra balanceada / L casei / omeganosécuánto / desinflate con activia y bla bla bla. Si hasta los quesos untables ahora tienen varias versiones: que suave, que clásico, que liviano, que cero. UF.

Me aburre el supermercado, como para que me compliquen la vida. Ya bastante teníamos con los Mr. Músculos y sus secuaces.
¿Y si volvemos al detergente, la lavandina, el shampoo envase gigante familiar y el yogur comunacho... y se acabó?

19.2.10

Buen fin de semana

"Es probable que una relación adúltera funcione mejor si sólo uno de los dos se queja de las insatisfacciones domésticas. Si ambos lo hacen, difícilmente tendrán tiempo para dedicarse al adulterio en sí".

Engaño, Philip Roth
Foto: E. J. Bellocq. Untitle. 1912

17.2.10

De azules y grises


Enero en Buenos Aires; la ciudad hierve mientras sus grises queman mis ojos. Ya no los soporto, me pesan, me aplastan, como me aplastan las palabras de María: esto no va más, Germán, me voy, te dejo...
Mis zapatos se pegan al asfalto estático y caliente, y el humo porteño me envuelve y me sofoca. Pienso en María, en su mirada siempre enigmática, siempre lejana. Otra vez me lastiman sus palabras como me lastima el sol caliente de esta tarde.

Compro el diario en el kiosco de la esquina y me dirijo sin prisa, casi arrastrándome, a la estación Retiro. En el camino voy cruzando hombres y mujeres que, agobiados como yo, vuelven a sus casas después de un día de trabajo más. Todos cargan tristezas, lo sé, pero el calor sofocante y la humedad que nos envuelve nos hace sentir un poco menos solos, porque esta vez todos somos víctimas impotentes de un mismo y único enemigo: el sol que nos quema, nos derrite y nos consume. Y otra vez María, y las palabras, y la mirada ausente, lejana.

Aflojo la corbata buscando un poco de alivio que no llega. Apenas me siento en el tren, abro la ventana con fuerza, enérgicamente, aferrado a la ilusión de encontrarme con una ráfaga de aire seco, pero en cambio entra, arrollador, un vaho húmedo, caliente, que huele a enero en Buenos Aires.

Una mujer gorda y desgastada se sienta frente a mí. Siento su respiración entrecortada. Con la mano izquierda se pasa un pañuelo descolorido y pegajoso como la tarde por su frente mojada, y con la mano derecha agita, sin fuerzas casi, un abanico improvisado con un par de hojas de diarios viejos. Los ojos, rodeados de gotas de sudor espesas como lágrimas, miran hacia un lado y hacia otro, suplicantes, y después los cierra y echa su cabeza hacia atrás, mientras resopla una y otra vez.
Me doy cuenta de que su presencia me molesta. No la quiero cerca de mí. Me levanto, pido permiso y salgo..
Busco otro lugar pasa sentarme, pero todos están ocupados. Me paro al lado de la puerta y apoyo la espalda en el respaldo del último asiento. Enfrente, dos hombres jóvenes se quejan del calor, al tiempo que acercan apenas sus cabeza transpiradas al vidrio sucio y tibio, buscando desesperadamente algún indicio de alivio en el horizonte.
Al rato me aburro de escucharlos... y entonces las palabras de María resuenan otras vez en mis oídos pero ahora penetran hasta el fondo y es como si por unos instantes accediera a la real y dolorosa dimensión de lo que ellas significan para mí. Y lloro, y aprieto mis ojos con fuerza.
Una mujer se para a mi lado. La miro de reojo mientras seco mis lágrimas y la examino, buscando tal vez despejar mi cabeza y olvidarme por unos segundos de María, del calor, de la pesadez, de las palabras, de la soledad, de la humedad aplastante de este enero en Buenos Aires.
Veo su perfil y el auricular que cuelga y se enrosa por entre mechones de pelo casi rubio. Es linda, a pesar del calor, de la asfixia. Su brazo desnudo toca mi brazo; al rato se separan y se vuelven a tocar siguiendo el movimiento rítmico del tren y de nuestros cuerpos que lo acompañan resignados. Escucho algunos acordes de la música que disfruta, una melodía un tanto sincopada, un piano que clama por lluvia, un blues que se me pega en las entrañas y que se suma al traqueteo del tren y a nuestros cuerpos acompasados. Su piel húmeda roza mi camisa mojada, y mi brazo, mojado también, busca esa humedad pegajosa y sensual que me hace revivir, que me da aire y abre mis pulmones. Entonces la siento sonreír. No quiero mirarla pero todo mi ser me traiciona y la miro, y veo unos ojos cálidos y claros, que me conmueven y me despejan. Sonrío sin pensar, como se sonríe en días felices.
Gotas de transpiración caen desde su frente y las veo recorrer la piel blanca y joven hasta acomodarse, graciosas, sobre su boca; y la veo después pasándose la lengua por los labios mientras todo su rostro se frunce en un gesto casi cómico. Otra vez sonrío. Ella entonces se quita uno de los auriculares que cae sobre su hombro desnudo y con gesto familiar me lo ofrece. Te va a gustar, dice.
Escuchamos en silencio, pero nuestros brazos siguen en contacto y mi sonrisa sigue a su sonrisa.
El tren detiene su marcha en la anteúltima estación. Las puertas se abren cuando nuestros cuerpos detienen también su movimiento. Entonces me animo y le pregunto.
¿cómo te llamás?
Azul, contesta, feliz.
De repente y desde el horizonte, nubarrones negros avanzan velozmente sobre la ciudad que hierve. El cielo se estremece.
Por fin va a llover, dice Azul, y me mira.
Por fin, le contesto.
El tren entonces reanuda su marcha. Nuestros brazos vuelven a tocarse. Un contrabajo sordo festeja la lluvia estrepitosa que cae con fuerzas sobre el tren, en esta tarde casi azul de enero en Buenos Aires.