Hoy, mientras corregía un trabajo plagado de signos de exclamación, tuve una gran duda: ¿cuántos y cuáles signos debo respetar, y cuántos y cuáles, en cambio, podré podar sin que el autor se ofenda a muerte o me mate por semejante atropello? Porque, qué duda cabe, me dije, ¡¡¡este hombre está enamorado de la exclamación!!! Se me dirá que son estilos, pero el exceso nunca es bueno en estos casos, créanmelo.
Cortázar, por ejemplo, usaba mucho el punto y coma, hasta que de repente un día dijo: "¡Basta!, se acabó!"; confiesa que hasta sintió una arcada de asco. Borges se animó a decir que el idioma español sería perfecto sin tantas palabras terminadas en "mente" y Bioy, el exquisito Bioy, gritó su aversión a la cacofonía de la letra s: "Alguna vez pensé -dijo por ahí- que escribir bien era escribir palabras sin s".
Yo tengo mis propias aversiones, ¿quién no? Creo que como correctora se me pueden pasar erratas (miles*), letras que sobran o que faltan, y hasta nombres propios mal escritos (cosa gravísima, por cierto) pero difícil que no me suenen todas las chicharras frente a:
- oraciones con palabras que riman y hacen del texto casi una canción.
- frases hechas, lugares comunes no intencionales.
- pleonasmos ("absolutamente repleto", "se estrenó una nueva película").
- los finales a toda orquesta, con ¡chan-chan! como punto final.
Cortázar, por ejemplo, usaba mucho el punto y coma, hasta que de repente un día dijo: "¡Basta!, se acabó!"; confiesa que hasta sintió una arcada de asco. Borges se animó a decir que el idioma español sería perfecto sin tantas palabras terminadas en "mente" y Bioy, el exquisito Bioy, gritó su aversión a la cacofonía de la letra s: "Alguna vez pensé -dijo por ahí- que escribir bien era escribir palabras sin s".
Yo tengo mis propias aversiones, ¿quién no? Creo que como correctora se me pueden pasar erratas (miles*), letras que sobran o que faltan, y hasta nombres propios mal escritos (cosa gravísima, por cierto) pero difícil que no me suenen todas las chicharras frente a:
- oraciones con palabras que riman y hacen del texto casi una canción.
- frases hechas, lugares comunes no intencionales.
- pleonasmos ("absolutamente repleto", "se estrenó una nueva película").
- los finales a toda orquesta, con ¡chan-chan! como punto final.
* Como decía mi profesora: "No es corrector el que quiere sino el que puede". Uf.










