30.4.10

Buen fin de semana + un regalo

"Se acostumbra a regalar algo a los seres queridos. Busco en mi entorno algo que enviarle, algo que provenga de mí, que sea mío. No encuentro nada. Pues bien, querida Lousie, acepte esto, un beso que le doy, un beso muy grande de corazón, en el que me pongo entero, en el que la tomo entera. Lo deposito aquí, al pie de mi carta: tómelo".

G. Flaubert, Cartas a Lousie Colete, ed. Siruela, Madrid, 1989, pág. 155.

28.4.10

¿Más?


Ayer pasé por la casa de una amiga y vi que tenía La Novela Luminosa sobre la mesa de luz. Qué dichosa, pensé, aún no la ha leído.

Nada como esos momentos que anuncian la llegada de la felicidad: el viernes a la tarde, los días antes de las flores del jacarandá, las horas que anticipan una gran noche, el instante justo en que se empieza a abrir un regalo, el delicioso olor de lo que se está por comer, la entrada gloriosa a ese recital tan esperado, el camino hacia la librería, el descubrimiento de un nuevo autor.

No sé si son los libros que más me han gustado, pero sí digo que me hicieron feliz. Recuerdo perfectamente dónde y cuándo los leí, y todo el placer que me dieron. Los leía despacito, sin apuro, amarreteando las páginas para que el disfrute durara más.

El sonido y la furia
La Guerra y la paz
Rayuela
Facundo
Diarios de Cheever
El Palacio de la luna
Biografía de García Lorca
Descanso de Caminantes
Ema la cautiva
La Novela Luminosa

Quiero más.
¿Hay más?

Foto: Ángel Pérez de León

26.4.10

Domingo a la mañana


Los domingos a la mañana me despierta el golpe del diario en la puerta de mi casa. Pepe, el repartidor, lo lanza desde su bicicleta a las apuradas, porque siempre hay un perro madrugador que lo corre, mordisquéandole los talones.
El sonido del golpe en la puerta no es igual el domingo que el lunes, pongámosle, por no decir martes o jueves.
Pasa que en día de descanso, en esta casa recibimos dos diarios, y todos sabemos cómo vienen los diarios del domingo: revista + publicidades + tapas de la colección de arte precolombino + folletos zonales + sachets de champúes o detergentes pegoteados en las tapas de las revistas.

Hay un rito para empezar el descuartizamiento: secciones que se van a leer, por un lado; las dudosas (si el tiempo alcanza) por el otro. Y en último lugar, los descartes, que así como llegan pasan a la pila de diarios viejos aunque sean nuevos.
Una vez con el desayuno sobre la mesa, se despliega la parte principal del diario. Impensado comenzar la tarea por la sección Espectáculo, Cultura o los ingratos Clasificados.

Según cómo haya transcurrido la semana, la primera plana del diario nos quitará la sonrisa de un solo sopapo o lo hará despacio, midiendo el impacto de cada bofetón.

Lo cierto es que ayer la sonrisa me duró muy poco. A los dos minutos, sentí que la miel de mi tostada me había amargado el paladar, y un rato después, hasta el humeante café me cayó como cae una mala noticia.

Leí:

"Jaime y empresarios K operan con sociedades truchas y prestanombres".
"Avanza en Uruguay la edificación de una nueva Botnia".
"La Nueva gramática de la Lengua Española cuesta $ 749".
"Vuelve la tensión a Gualeguaychú".
"Feria del Libro: esperan más escraches".
"Sadous miente...".
"La oscura ruta de la coima".

Después de saltear páginas con descuentos de Coto, 2 x 1 en no sé dónde, y un lleve 6, pague 4 en Carrrefour (o lleve 6 y pague 40% de los dos restantes... o lleve 4 y pague 6..., qué lío), y de preguntarme por las verdades y las mentiras, doy con la peor noticia de los diarios del domingo:

Leo: Nada frena el avance de los narcos en las villas porteñas.

No les cuento más, les dejo el link, por si no lo leyeron.
Sólo les digo que cerré el diario pensando que hasta tanto no se resuelva este tema, los chicos de nuestro país, especialmente los que viven en estos barrios, estarán en una situación de extremo peligro.
¿Será tan pero tan difícil desarticular las bandas? La complicidad de la Policía, los entramados de intereses, la exclusión, el poder, la impotencia del poder, la verdad sobre las decisiones políticas. Sé que es un problema del mundo entero, no sólo de la Argentina.
Mientras paseo bajo el sol de este domingo, no puedo sacarme el tema de la cabeza. Intento imaginar un posible final de capítulo, pero no lo encuentro. Y todo lo demás: los escraches de cada día, los insultos, las peleas, se me hacen cosa de niños, que juegan al poliladron sin importarles si el lobo está.

23.4.10

Buen fin de semana


"En el fondo, echa en falta el contacto continuo con los escritores, esos seres tan disparatados y extraños, tan egocéntricos y complicados, tan imbéciles la mayoría. Ah, los escritores. (...) son resentidos, celosos hasta la enfermedad, siempre sin dinero y finalmente unos grandes desagradecidos, tanto si son pobres como pobrísimos".


Para YUPI:

"Todo en la casa se está volviendo oriental.
Él, hikikomori, ella budista".


Dublinesca, Enrique Vila-Matas (flor de escritor, convertido en hikikomori).

21.4.10

Pasemos a otro tema

La semana pasada estuve unos días a media máquina, engripada, sin ganas de salir de casa y con poca energía para trabajar. Así que me fui tomando más recreos de lo habitual e hice zapping a lo loco, tanto en la radio como en la televisión.
No puedo más que decir: qué idea fija con el sexo. Qué barbaridad.


Pero el problema no es el sexo, (claro que no) sino el lenguaje del sexo. Como si no hubiera metáfora ni posible elaboración de la experiencia de los otros.
No sé en qué canal presentan con torpe picardía la escena de una novela donde dos hombres hacen el amor. Pero no es del amor de lo que quieren hablar, sino de los actores que se animaron a mostrar sus musculitos: chau ficción, total para qué.
Me aburro y cambio.

Consejos sobre sexo y salud. Que la eyaculación precoz y la multiorgasmia más alguna otra disfunción.
Apago la tele y prendo la radio.
El tema del día parece que es Tiger Woods y sus desenfrenos, que nada me importan. Sigo corriendo a través del dial: adultos bien adultos cacarean a los gritos sobre el perineo, el punto G (¡ufa!) o el paso a paso para una masturbación exitosa. Tengo que elegir entre el sexo descarnado o las peleas entre gobierno y oposición: los dos temas de permanente actualidad.
Lo del gobierno, vaya y pase, la cosa está que arde. Pero basta de sexo; me dan ganas de decir: ¡che, paren, no están hablando de algo raro o inusual, es lo que hombres y mujeres venimos haciendo desde que el verbo se hizo carne.

Me acuerdo entonces de un artículo de Jonathan. Franzen, donde el escritor protesta, agobiado de tanta genitalidad mal dicha:

"Por muy valientemente que me resista a la nostalgia, me atraen los silencios victorianos. El sexo en una época de aparente represión tenía, al menos, la ventaja de labrar un espacio de intimidad. Los amantes se definían por oposición a la cultura oficial, lo que tuvo por efecto que cada descubrimiento fuera personal. Hay algo profundamente tedioso en lo que promulgan, aunque solo sea como un ideal, los expertos actuales: la misma historia en cada hogar".

Como Franzen, quisiera vivir, por un tiempo, en un paréntesis victoriano. Que se callen todos. Que no digan más jijiji cuando el cuerpo de otro se prepare para amar.

Pobres los más jóvenes, pienso, que tienen que entrar en el maravilloso mundo del sexo libres de misterios, porque ya todo está dicho. Habrá siempre alguien que haga el amor mejor que ellos, ya no serán seres únicos sino seres repetidos, que compren, como si fueran stickers, las posturas acrobáticas de lo maratonistas sexuales de la radio y la televisión.
¿O estoy exagerando?

18.4.10

Una nueva manera de leer

El libro electrónico se viene a todo galope. Lejos de asustarme –para qué, me digo, si es inevitable– muero de ganas de tener un kindle o un ipad entre mis manos.
Pero siempre que algo nuevo llega hay otra cosa que se va.


Cambiará el soporte y se revolucionarán los paratexos.

No más solapas ni cubiertas de vivos colores, pienso. No más libros como bodoques, de 500 ó 600 páginas entre las manos. Si la letra es demasiado pequeña para nuestros ojos un tanto gastados, bastará un click para lograr que se haga la luz. El hábito del lápiz en mano pasará a la historia, como el boleto de colectivo a modo de señalador. La nueva forma de leer combinará texto con imágenes, videos, links y cliks.

La cuestión de las no-tapas me tiene mal: confieso que más de una vez compré un libro por la tapa. Los de la editorial Siruela o los de Acantilado, definitivamente, me atraen como objetos dignos de colección; quizás sea la tersura de las portadas, el papel distinto a otros o su singular perfume a páginas nuevas.

Por otro lado, sé que me gustan los libros en las bibliotecas, tanto, que conozco el exacto lugar en donde descansa cada uno. Mi memoria visual me lleva, la mayoría de las veces, directamente a ese estante y no a otro. Aunque, ahora que lo pienso, me evitaré esa sensación de orfandad y fastidio que me ataca cuando voy hacia el libro y el libro no está. Porque lo presté y no me lo devolvieron, porque lo mudé de lugar en un día de apuro...

No más libros apilados por aquí y por allá.
No más recortes o servilletas de aquel bar escondidas entre páginas olvidadas.
Llegarán otros modos de leer: pues que se vengan, nomás.

16.4.10

Buen fin de semana fresquito pero con sol


"Me avergonzaba un poco exhibir tanto conocimiento de la vida y obra de las estrellas del espectáculo, cosa que podía dar a creer que me interesaba especialmente el tema o que perdía el tiempo leyendo revistas especializadas. Pero, como ya dije, el saber de estas cuestiones populares está en el aire, y más que para tenerlo hay que hacer un esfuerzo para ignorarlo"*.
Las Conversaciones, César Aira.

*Me acordé de esta cita cuando ayer, en una reunión, una mujer preguntó, con aires de extremo desprecio: "¿quién es Ricardo Forggg?

14.4.10

Esperando una revelación 2010

Leo:
"Siempre pensé que las edades son todas crueles, y que se compensan o tendrían que compensarse las unas con las otras. ¿De qué me sirvió pensar de este modo? Espero una revelación. (...). Nunca pensé que envejecer fuera el más arduo de los ejercicios. Nadie acepta ser viejo porque nadie sabe serlo, como un árbol o como una piedra preciosa ".
Los retratos apócrifos, Silvina Ocampo.

Nadie acepta ser viejo porque nadie sabe serlo, dice Silvina.
No se sabe ser viejo, como no se sabe estar enfermo.
Me pregunto si conozco a alguien que sepa envejecer. Aparecen, uno a uno, varios que veo envejecer así, en armonía con aquello que trae lo viejo, como si acabaran de vestirse con un nuevo traje hecho a medida. Hasta que una mirada, un instante, un gesto descuidado del que está envejeciendo alcanzan para pensar en voz baja: "no les creo, es sólo una simulación".

A pesar de esta sospecha, hoy voy, día a día, construyendo una esperanza. Quizás la revelación llegue una vez instalados en la propia vejez, no en la del otro. Y entonces, tal vez, pueda decirse: "Ya está; de esto se trata".

Para los que estamos en mitad de la rayuela, nos queda la suerte de seguir jugando, una pata acá y otra allá.
Que se venga el salto cuando tenga que venir. Quizás llegue con enviones renovados y piruetas en el aire en cámara lenta.
O con muchas ganas de que termine el juego. Habrá que ver...

12.4.10

De todo, como en botica


La idea surgió en una playa junto al mar, pero no en épocas del sucundum. Fue hace algunos años, eso sí, una tarde de ronda de amigas, cuando el tiempo siempre es propicio para la conversación menos urgente. Que por qué nos nos das un taller de literatura, me dijeron a mí, pues venía contando mis últimas lecturas. Que no, que ni loca. No sabría cómo, en todo caso, vos, –me acuerdo que le dije a la que estaba justo a mi lado– danos clases de cocina, que me mataste con tus recetas este verano..
Y así, en plena playa, se fue armando el querido Polirrubro.
La cosa era así:

Un grupo de diez mujeres nos reuníamos una vez por semana (fuimos probando distintos horarios, según las varias ocupaciones) y cada una compartía con las otras, en riguroso turno, aquello que sabía hacer o que más le apasionaba.

Empecé yo con cuatro encuentros dedicados a Borges. Con esmero, preparé fotocopias para repartir, seleccioné información y armé un recorrido interesante que abarcaba su vida y su obra.
De Borges pasamos a las clases de cocina –el "ser pastiche" era rasgo fundante del Polirrubro, de ahí su nombre– en la casa de la cocinera en cuestión. Ella en el centro de la cocina y nosotras en la tribuna, atentas al crepitar de las cebollas y al paso a paso del plato del día. La clave era terminar con la degustación en vivo de todo lo que habíamos preparado.
A esta altura, cada una, en su casa, ya revolvía la cacerola al son de los poemas de Borges.
Íbamos bien.

Pasemos a otro tema, dijimos, hastiadas de tanto soufflées y con varios kilos de más.
Y entonces llegó la cosmetólga con su mágico maletín, rebosante de polvos volátiles y rubores en barra. Alrededor de una mesa, empezamos desde el paso uno: limpieza de cutis, mascarilla de pepino par una buena hidratación, y terminamos con los consejos de nuestra experta para lograr un buen maquillaje: ojo con los ojos –decía ella parodiando a la profesional de Utilsíma Satelital–: para las ojeras que tienden al marrón, va tapaojeras amarillo; para las rojeces del rostro, el corrector debe ser verde y nunca, ¡pero nunca! deberán maquillarse el cuello. La sombra para párpados se coloca así, síganme: esfumando de acá para allá... Creo que fue más la risa que el aprendizaje, porque cada tanto veo en mi cajón del baño el corrector verde que jamás usé, y porque, digamos la verdad, muchas de las amigas del Polirrubro apenas si tenían un rímel añoso y un brillo pegoteado en su bolsitos de cosméticos.

Le siguieron clases de historia, que nuestra profesora y amiga había preparado casi como para un posgrado en Harvard. De su mano recorrimos el conflicto árabe-israelí, primero, y después, las causas y consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, que nos llevaron largos meses.

Agobiadas por temas tan complejos, decidimos despejar mentes y cuerpos con nuestra experta en Turismo: alquilamos una combi e hicimos un maravilloso recorrido por la ciudad de Bueno Aires. A partir de esa experiencia, miro la ciudad con otros ojos; ya nada se me escapa. Me di cuenta de la poca atención que le había prestado a las innumerables fuentes que la adornan, a las cúpulas de algunas avenidas, a los increíbles árboles en flor. Fue como ver la ciudad por primera vez, después de haberla habitado, casi indiferente.

Un día de fiesta que terminó con almuerzo en La Boca, pasadas las tres de la tarde.
Continuará...

9.4.10

Buen fin de semana


"En estos tiempos modernos, las fiestas de casamiento son tan largas ¡que duran más que el matrimonio!
Si observan bien, verán que al final de la fiesta... la novia ha envejecido".

Alejandro Dolina, La venganza será terrible (Radio Nacional).

6.4.10

Aunque las vaquitas sean ajenas

Llegué ayer después de pasar cinco días en un campo sin Internet ni señal en los celulares. Había una tele que no se prendió porque estábamos de festejo, celebrando un encuentro junto a Alejandro Mayol, aquel sacerdote pícaro de los años 60, hoy padre de cuatro hijos tan musicales y encantadores como él. Por eso hay que cantar Aleluya fue el leitmotiv de nuestra Semana Santa.
Allá no trabajé ni media hora, ilusa de mí, que pensé que podría.
El libro de Fogwill, lectura pensada para el fin de semana, volvió intacto, sin la más mínima marca. No se hizo nada, más que comer y cantar.

Pero no es de esto de lo que quiero hablar, porque si arranco con el teclado no paro hasta mañana.
Sí va esta reflexión sobre lo que produjo en mí la veda informativa. Porque, como les dije, fueron cinco días faltos de noticias.
En el viaje de vuelta, pensaba yo en los titulares que me había perdido... lo único que alcancé a ver en la estación de servicio donde paramos a tomar un café fue que algo (no sé qué) había pasado con Nicole Newman y que la habían asaltado a la nieta de Noble. Ningún titular catástrofe: por eso hay que cantar aleluya, entoné en silencio.

Una vez en casa veo la pila de diarios que yo, mujer cauta y precavida, había pedido que me guardaran así: ordenaditos, en dulce montón.
Voy a la computador y veo que los blogs que suelo visitar no se han detenido.
Qué hago, por dónde empiezo. Nada. No me animo, estoy paralizada.
Mi carpeta de destacados está llena.
La de trabajos pendientes rebalsa.
En Facebook se han acumulado fotos paseanderas.
Pienso en Eco y en su decir certero: el exceso de información paraliza. Estoy así, paralizada.

No logro sacarme de encima los aires de Huanchilla, quisiera estar allí, bajo la magnolia, lejos de titulares amenazantes, cerca de las vacas y tarareando bajito: Al crear la vaca, Dios hizo la leche, hizo el dulce leche, ¡todo lo hizo bien!

31.3.10

Buen fin de semana largo

Borges y el sonido de las cosas:

La luna:

"Yo diría que la voz griega Selene es demasiado compleja para la luna, que la voz inglesa moon tiene algo pausado, algo que obliga a la voz a la lentitud que conviene a la luna, que se parece a la luna, porque es casi circular, casi empieza con la misma letra con que termina. En cuanto a la palabra luna, esa hermosa palabra que hemos heredado del latín, esa hermosa palabra que es común al italiano, consta de dos sílabas, de dos piezas, lo cual, acaso, es demasiado...".

Los adjetivos:

Decía Borges algo, más o menos así:

Tal persona es linda e inteligente: muy definitorio.
Es inteligente y simpático: no dice nada.
Es inteligente, y un poco malicioso: acá está la diferencia entre periodismo y literatura.

Los absurdos:

La palabra "rápidamente": el concepto no corresponde con ese "mente" que obliga a arrastrar la palabra, y a detenerse. En cambio "quickly" no es una palabra absurda.
Jorge Luis Borges. (Lo que está entre comillas es textual; el resto, mi recuerdo de haberlo leído, no sé dónde... esa es la verdad).


¡FELICES PASCUAS para todos ustedes!


29.3.10

Palabras de correctora, en cada devolución


Cliente: ¿Por qué agregaste este nombre?
E.: Porque acá me parece que hay que recuperar el sujeto; quedó muy lejos, casi en la página anterior, el lector puede confundirse.

Cliente: No entiendo por qué algunos "aun" tienen tilde y otros no.
E.: Sí, es un lío, lleva tilde cuando significa "todavía"; no lo lleva en el caso de "aun cuando", "incluso"...

Cliente: A ver... acá, ¿por qué cambiaste este párrafo? ¿¿Está mal??
E.: No, no, está muuuuy bien. Lo que pasa es que se repite mucho la palabra "todo"; al suprimir una o dos, tuve que cambiar un poco la oración. Si no te gusta cómo quedó, podemos probar otras maneras ...

Cliente: Acá me mataste, "el tranvía corría por la vía al mediodía", ¿cuál es el problema?
E.: Bueno, hay tanto "ía, ía, ía". Ojo con las rimas, quedan feas. (glup).

Cliente: Con la puntuación me hice un lío... ¿ésta coma no va? A mí me parece que sí, fijate.
E.: Y, no. No va la coma entre verbo y objeto directo. Ni entre sujeto y predicado. A menos que el sujeto sea muy largo, con proposiciones...
Cliente: ¡Ah, bueno, che! no es para tanto...
E.: Es tu decisión, es tu texto, podés hacer con él lo que quieras...

Cliente: ¿No era que que la conjunción "o" va con tilde, eh?
E.: No, sólo cuando está entre números, y hasta en este caso ya se está dejando de usar.

Cliente: Veo que cambiaste todos los guiones de diálogo...
E.: Sí, los reemplacé por la raya. El guión es otra cosa, se usa, por ejemplo para los años: 1986-87; para separar palabras en sílabas o al final de un renglón, para algunos apellidos: Vila-Matas, por ejemplo. Pero para los diálogos se usa la raya, ¿ves? está acá en tu teclado...
Cliente: Ah, mirá vos..., ¿Alt cuánto?

Cliente: Acá no veo qué está mal. ¿Cambiaste "Hay una influencia y beneficio recíproco para ambos"... por "Hay una influencia y un beneficio recíprocos"?.
E.: Es un problemita de concordancia: "recíproco" tiene que ir en plural, fjate, el antecedente es tanto "la influencia" como "el beneficio". Y el "para ambos" está de más, es un pleonasmo, con "recíproco" alcanza y sobra.

Cliente: ¿Y esto?
E.: ¡Uy!, perdón, se me pasó, es una errata, ya la arreglo (GLUP).

Cliente: veo que me juntaste estas palabras, pero ahora el corrector de Word me las marca en rojo...
E.: Ignoralo, pasa que el prefijo siempre va unido a la palabra. No es "contra", espacio, "revolución", sino "contrarrevolución"; no es "pre natal", sino "prenatal...".

Cliente: ¿y este verbo? ¿¡está mal!?
E.: Vos viste cómo son los gerundios, nos resultan cómodos cuando escribimos, pero si los usamos mal, mejor cambiarlos. Es muy fácil.
Cliente: Pssss, pero quién se va a dar cuenta de que ese gerundio está mal, sólo vos...
E.: bueno, si quéres dejalo, pero si tu idea es que el libro quede im-pe-ca-ble, ese gerundio... ¡vuela!

Dos respuestas posibles de dos clientes probables:

1) ¡Gracias!, ¿cómo mejoró mi libro, ¡qué maravilla, estoy feliz!
2) Bue... ¿cuánto te debo?

* Recomendado: Cómo corregir sin ofender, Pablo Valle.

26.3.10

Buen fin de semana


* Un hombre cree enamorarse de una mujer, pero descubre que se enamoró de una amiga a quien esa mujer imita.

* Para qué cambiar de amante si toda persona es una creación de desavenencias y de unión. Repetimos siempre los mismos errores y los mismos malentendidos.

* Es difícil no mirar el mundo como si fuera un film cuando funcionan la radio del automóvil y la luz roja del semáforo.

* Qué feos se ponen todos los no fotogénicos.

* Me indigestan los versos. La prosa, en cambio, me produce un diferente estado de exasperación, de impaciencia.

Ejércitos de la oscuridad, Silvina Ocampo.

25.3.10

Algunas reflexiones de las que puedo arrepentirme de haber subido acá en un rato


Estoy cansada de que de un lado y del otro me vendan una realidad editada, con resaltados en amarillo fluorescente y subrayados a media página.
Ya no creo en nada ni le creo a nadie, salvo a algunos pocos porque los conozco y porque puedo dar fe de sus intenciones y capacidades, como Toty Flores, por ejemplo, al que cada tanto Artemio López intenta desprestigiar sin argumento alguno. Él es mucho mejor persona de lo que el sociólogo supone.
Ayer, cuando vi llegar a dos de mis hijos que venían de la Plaza, no me sorprendí ni un segundo cuando les pregunté si por casualidad se habían encontrado, y ellos, agotados, tranquilos, me contestaron que no, que claro que no, porque las agrupaciones en las que cada uno milita se pelean: cuando una ingresa en la Plaza, la otra se retira. Cierto que son hermanos y que hay amor entre ellos, tanto, que ahí estaban, cada uno con su remera identificatoria, conversando y contándose las propias impresiones.
Pero no quiero desviarme de lo que en realidad necesito decir, aunque me de un poco de miedo. No miedo al poder, por supuesto, yo no soy nadie. Miedo a los insultos, sí, y a las malas interpretaciones.
No soy de derecha, más bien siempre me sentí cerca de la izquierda, aunque me pregunto que importancia tiene definirse y definir cuando lo que de verdad cuenta es qué país quiere cada quien, para qué se trabaja y con qué sentido se vive.
No voté a K porque en aquellos años era poco lo que sabía sobre él. Un buen amigo que vive hace tiempo en Puerto Deseado, hombre de una integridad y de una hombría de bien admirable, me había hablado sobre la forma de gobernar de los K. De Néstor y de Cristina. Ese alerta fue suficiente para mí, pero confieso que los primeros meses de gobierno kirchnerista lograron entusiasmarme: lo que habían hecho con la Corte Suprema, supuse yo entonces, era apenas la punta del ovillo de lo que sería el comienzo de un nuevo y renovado modo de gobernar.
No voy a relatar mi camino hacia el desencanto, porque el entusiasmo duró apenas un suspiro.
Si bien estoy de acuerdo con muchas medidas del Gobierno, no puedo, por más que quiera, sentirme parte del grupo que los apoya porque en la mayoría de los casos, además de que no me gusta la manía de chumbar, me resulta imposible aceptar ciertas conductas.
Es verdad que un proyecto de país no se pone en marcha sin rispideces y desencuentros, ni que se llega a destino en un santiamén. Pero así, a los gritos, a fuerza de chicanas y mentiras, no se podrá jamás construir un país como el que yo sueño.
Tampoco me siento en la misma vereda con respecto a los Derechos Humanos. No puedo evitar cierta confusión interna cuando los escucho adueñarse (sí, por qué no usar esta palabra que circula tanto en estos días) de una reivindicación que empezó en épocas de Alfonsín, a pesar de sus luces y sus sombras. Memoria, sí. Justicia, también. Porque sin memoria y sin justicia jamás superaremos esos años negros, que nunca más deberán volver. Pero para eso tenemos que sumarnos en el mismo deseo, convencernos, si es necesario, dejando de lado las polarizaciones que nos enredan hasta el punto de la exacerbación.

Tampoco puedo, ni por un instante, acordar con el engranaje político cada vez más encastrado de los poderes del conurbano bonaerense, porque sería decirle sí a ése más de lo mismo que desde hace años vengo repudiando.

No me alcanza sentir a veces que los enemigos de los K son también los míos o acordar en la necesidad de un Estado con más presencia, porque el Estado que yo quiero debe ser solidario, equitativo, justo y transparente.

Si hablamos del tema de los medios, ahí acuerdo en una serie de cuestiones. Soy consciente de la manipulación de los TN y otros noticieros que me rompen la cabeza y a los que les veo el revés de la trama, pero tampoco puedo sumarme al discurso del programa 6,7,8, porque también ahí soy consciente y a partir de esa conciencia no puedo menos que reaccionar frente al discurso machacador de Gvirtz y Barone. Además, los pobres televidentes argentinos ya tenemos horas hombre de informes de TVR sobre la realidad nuestra de cada día, como para no darnos cuenta de que una cosa es tal asunto y otra muy distinta, la verdad sobre tal asunto. Hay construcción en TN, y hay construcción en 6,7,8.

Así y todo me uní al grupo 6,7,8 de Facebook -que no es lo mismo que hacerse "fan"-. Me interesa saber cómo miran la realidad los que apoyan al gobierno, porque además de que doy por hecho las buenas intenciones, no es cuestión de andar siempre rodeado de iguales. Me interesaba ver algunos informes y quizás conversar un poco, cosa que he logrado con algunos participantes, luego de saltar la valla de la dicotomía amigo-enemigo, y pudimos instalrnos en una buena conversación, sin agresiones ni insultos. Claro que antes tuve que preparar el terreno, para que no me saltaran derecho a la yugular cuando les cuestioné el afán de enemistarse con el otro.

Podría hacer una larga lista de lo que no me gusta del gobierno de los K: los números del Indec, las campañas sucias que sufrieron Enrique Olivera y De Narváez, los sucesos de Misiones, las acusaciones a Pino Solanas, las patoteadas de Delía, el manejo del conflicto con el campo, el extraño apoyo al juez F. Márquez, el adelanto de las elecciones, la corrupción casi silenciada de Jaime y Micheli, los discursos encendidos contra cualquier periodista que se les ponga en el camino.

Pero lo que más importante, lo que de ninguna manera puedo digerir a pesar de mis esfuerzos, cuando veo los aciertos de algunas de las cosas que hacen, es el clima de odio que instalaron, casi con un chasquido de dedos. Unos por aquí, otros por allá y a odiarse con toda la fuerza de nuestros pobres corazones.

Ellos son, para mí, los principales responsables de este ambiente enardecido que estamos viviendo. Golpistas, destituyentes, traidores y enemigos se esconden detrás de cada esquina, mientras entre acusaciones que van y vienen, se empuja debajo de la alfombra los graves problemas de algunas provincias y el desamparo de los sectores más vulnerables. Claro que el nuevo subsidio para la Niñez ayuda, pero hace falta más y más. Cambios desde más allá, desde el vamos, desde los acuerdos, desde las sumas. ¿Por qué no? Habrá otras herramientas y otros modos para hacerle frente a los intereses de los sectores más reaccionarios.
Todo es ataque, odio, bronca, como si ya no hubiéramos tenido bastante. Lejos de aquietar las aguas, se las revuelve con saña y se deja como legado que ésa y no otra, es la forma de liderar un cambio. Yo no creo que sea así.

Tampoco puedo simular que no veo lo que veo: personas cuestionables, enriquecimientos repentinos, el orgullo con el que algunos funcionarios presentan batalla, pero también el miedo de otros; las mentiras alevosas de Aníbal Fernández y su tupé cuando asegura que él siempre habla con la verdad.

Y dejo para lo último dos o tres cosas que decididamente me sacan de la cancha, aunque quiera entrar, cada tanto, movida por algún entusiasmo pasajero: las candidaturas testimoniales de la última elección, una tomadura de pelo que de ninguna manera pude digerir. Una desfachatez, un desprecio hacia cada uno de nosotros, con el agravante de que si uno en su momento se animaba a cuestionarlo, era acusado de ser de derecha-golpista-destituyente-oligarca, por no ser capaces de ver y comprender que lo que en realidad se buscaba era demostrar que el bueno de Scioli, que medía en las encuestas, apoyaba el modelo de los K. Casi una travesura de niños, indigna de los responsables de conducir a un país.

Y así nos van enredando en una telaraña tramposa, y nos obligan a gritar: "¡ey!, que yo también quiero la distribución de la riqueza, un país mejor para todos, solo que de otra manera".

Y como hablo de riqueza, me animo y lo digo: si hubiera sido Lilita Carrió una mujer de botox y rellenos, dueña de hoteles sureños y poseedora de una riqueza enorme, la panzada que se hubieran dado algunos kirchneristas.
A mí me hace ruido, no me cierra y no me gusta que sea tan pero tan rico el matrimonio K, cuando casi todos nosotros hacemos malabares para llegar a fin de mes y muchas noches no nos podemos dormir pensando en el futuro de nuestros hijos. Yo les dejaré como herencia este blog y mis ganas y mis sueños de construir entre todos, sumando ganas y voluntades, con paciencia y esfuerzo, un país mejor para todos.