30.12.09

Un verano maravilloso

Me espera un enero en Buenos Aires.
La última vez creo que fue aquel verano espantoso del 2002; sencillamente, el ánimo no nos dio ni para ir a la esquina.
Hoy, en cambio, estoy entusiasmada con la idea. Hasta febrero no tendré trabajo y me quedo en una casa un tanto vacía, cosa que le viene muy bien a este proyecto mío de hacer poco y nada, más que leer, ver películas, deambular a paso lento.

Ya separé la pila de libros que posiblemente leeré, aunque tengo mis dudas.

Es que no quiero nada que haga tambalear esta calma chicha que está por venir. No sé, será que se me ha afinado la piel, la cuestión es que ya no puedo leer cualquier autor. Pongamos de ejemplo a Ferreyra. Leí Vértice hace unos años, cuando todavía quedaban en mí resabios del 2001. Vértice me dolió, al punto de tener que abandonarlo casi en las últimas páginas. Ahora dicen que hay un nuevo libro de Ferreyra, Piquito de oro. No hago más que leer críticas alentadoras, entonces me debato entre las el ying y el yang, los gozos y las sombras, lo saturnino y lo mercurial.
Después les cuento.

Lo mismo me pasa con Carlos Busqued y su Bajo el sol tremendo. Leo en el blog El Pez Volador: "... cruel, impiadosa, alejada de todo tipo de bondad, es una exposición de violencia sin moralina...", y entonces decido que no, que mejor no. Lo dejo para abril o para mayo, cuando el andamiaje funciona a control remoto.

Va el listado de mis actividades para el mes de enero:

Libros que habré de leer:

Cuentos de Bruno Schulz
El Jardín de Cemento, Ian Mc Iwan
Me encantaría que gustes de mí, Dalia Rosetti
Cartas a Lucilio de Séneca
L a Liebre, César Aira
Muerte en la clínica, P.D. James
Fiebre en las gradas, Nick Hornby
Milagros de vida, Ballard
Más Auster, más Mankell, si alguien me los presta.
Más algo de Wallace, si me da el tiempo.

Películas:

Historias Extraordinarias
Plan B
Los Paranoicos
Parador Retiro
Háblame de la lluvia
Taking Woodstock
Julie & Julia
Más todas las que consiga del este post de koba.
Más lo interesante que se estrene de aquí en más.

Series:

Mad men
Los Tudor
The Wire
: 3era y 4ta. temporada
The Shield: 7ma temporada

También pienso, si me queda tiempo:

Plantar un árbol en mi jardín.
Rasquetear y pintar una mesa.
Ensayar recetas nuevas.
Ordenar roperos (en el último lugar, claro).

Hasta que llegue el día 1 de mi mes-para-el-deleite, alzo mi copa y brindo junto a todos ustedes, de pura agradecida, de lo feliz que estoy de que me acompañen como me acompañan.
¡Gracias y Salud!
¡Feliz Año Nuevo!

26.12.09

Buen fin de semana


Mujeres de este blog, ¿¿¿no están contracturadas de tanto lavar platos???*


Aquí yace una pobre mujer
que se murió de cansada.
En su vida no pudo tener
jamás las manos cruzadas.
De este valle de trapo y jabón
me voy como he venido,
sin más suerte que la obligación,
más pago que el olvido.
Aleluya, me mudo a un hogar
donde nada se vuelve a ensuciar.
Nadie me pedirá de comer
en mi última morada
no tendré que planchar ni coser
como condenada.
Cantan ángeles alrededor
de la eterna fregona
y le cambian el repasador
por una corona.
No lloréis a esta pobre mujer
porque se encamina
a un hogar donde no hay que barrer,
donde no hay cocina.
Aleluya esta pobre mujer
bienaventurada,
ya no tiene más nada que hacer
y ya no hace nada.

* ok, estuvo muy lindo, todos ayudan, pero la contractura está...
Requiem para una madre, María Elena Walsh

21.12.09

Tan eterna como el agua y el aire

Ya les conté alguna vez que tengo con la ciudad de Buenos Aires una relación de extraña intimidad, aunque nunca haya vivido entre sus calles. Ni un solo día.
Algo tiene que ver Borges, creo yo. Pero todavía no sé qué fue primero: si mi amor por sus palabras o mi extraño arraigo a los buenos aires.

Si la tarde me encuentra entre sus calles, ahí nomás miro hacia mí misma y me digo:

Aquí la tarde cenicienta espera
El fruto que le debe la mañana...

Y mientras recito en silencio, sueño con la idea de viajar en el túnel del tiempo hacia la ciudad borgena, unas horas; apenas unas horas.

Jamás me siento espectadora cuando camino por sus veredas, sino casi protagonista de una instalación ambulante, siempre en marcha. A pesar de la aspereza, del ritmo trastocado, de su ser nido de tanta intimidad al descubierto, de sus furias y contradicciones. Quiero a esta ciudad con hombres del subsuelo a la intemperie. Ciudad difícil y estimulante, que así como te hiere te cura; que así como te expulsa te cobija. Me siento como pez en el agua entre sus lacras y sus fascinaciones, allí, donde se mezclan todos los sentidos, donde todo se destruye y se vuelve a construir. Porque me duele si me quedo, pero me muero si me voy, como dice la canción.

Pienso, por pensar en Buenos Aires, que una ciudad no está del todo dicha hasta que alguien la escribe o la canta, como González Tuñon:

Yo te enseñaré a sentir, a caminar, a cantar la ciudad
como quedarse mirando la lluvia que cae sobre el foco,
como escuchar la alcantarilla, y un fósforo
como poner el oído en la columna de hierro
para oír los lejanos, amarillos tranvías.

... y uno entonces ve la ciudad que otros han visto, y se suman las miradas y se convierten en leyendas esquinas como la de San Juan y Boedo, barrios enteros, como el mismísimo Palermo. Ciudad hoy mía que fue alguna vez de Borges y de Bioy, de Arlt, Silvina Ocampo, Marechal, Cortázar, Bernardo Kordon, Onetti. Salvador Benesdra. Que es hoy la ciudad ausente de Piglia, los barrios de Aira, los trenes de Jeanmaire, las esquinas de Ramos, el Lanús de Olguín o la Villa Celina de Incardona, los márgenes de Maggiori, la desazón en cada esquina de Gustavo Fereyra, los pasados de Pauls. Más las lunas que ruedan por Callao y la ciudad de la furia y de los pobres corazones. Y por todo y a pesar de todo: digo, mi amor, yo quiero vivir en vos.

18.12.09

Buen fin de semana (y ¡perdón Mickey!)

Lo peor del amor es cuando pasa,
cuando al punto final de los finales
no le quedan dos puntos suspensivos…


Joaquín Sabina
Foto: Bill Brandt 1931-35


(Si se animan a escuchar la canción más triste del mundo, hagan clik acá. Ojo, ni se le ocurra al que anda mal de amores).

17.12.09

Cambiemos de tema


Tengo un sobrino igualito a Heath Ledge, tanto, que da escalofríos mirarlo. Otro es una copia calcadísima de Harry Potter, aunque mucho más bonito, pues el celeste de sus ojos le suma varios puntos.
Cada vez que veo a Elena Roger pienso que así será una de mis hijas con los años: la misma piel, los mismos ojos, y esos brazos pura fibra.

Dos de mis hijos varones se parecen entre ellos, cosa que nunca, pero nunca, les ha hecho la menor gracia.
También tengo mis parecidos; según pasan los años, me va señalando la gente: "te parecés a ésta, te parecés a aquella". A veces es sólo un detalle: el corte de la cara, el color del pelo. Pero sobre todo, la forma de mirar, como si cada rostro se organizara alrededor de la mirada.

Dicen que Julio Cortázar era como un Poe, remixado.
José Sacristán es la reencarnación del hidalgo caballero andante, con algunos centímetros de menos.
Y nadie negará que Zapatero, efectivamente, se parece a Mr. Beans.

Entonces, otra vez pienso en Ribeyro, qué se preguntaba cómo leeríamos las obras de Victor Hugo si tuviera la cara de Bauldelaire o de Vallejo. Y dijo más: que Vallejo nunca hubiera escrito los Poemas Humanos si hubiera tenido la cara de Neruda.


¿Hay rostros únicos, irrepetibles hasta en los detalles? No lo sé, lo que sí sé es que Beckett no hubiera sido Beckett sin la fuerza angulosa de su cara. Y es impensable una Bukowski con la piel transparente de Capote.

Pero este es otro tema, para un próximo post.
** Cambié la foto, ese Mr Beans me hacía mal.

15.12.09

En pleno desencanto


Maldigo a este país que deja a sus chicos en la calle.
Maldigo a este país que empujan a los jóvenes al paco y al delito.
Maldigo las mentiras y los engaños.
Maldigo a los gobiernos que niegan la voz de sus universitarios y los ponen en el lugar de la violencia.
Maldigo a los estudiantes que convierten sus frustraciones en pedradas.
Maldigo a los millonarios que sin pudores hablan de distribuir las riquezas mientras consumen riquezas.
Maldigo a la rubia de hoy en su Montero de vidrios polarizados que corría a 120 por la banquina de la autopista para estacionarse después en el lugar reservado para embarazadas, sin vergüenza.
Maldigo a los periodistas que venden gato por liebre y a los conductores de televisión que aprovechan las rachas del desencanto y de las agresiones para sumar disputas tan guionadas como exacerbantes.
Maldigo a los gobiernos que convierten a sus gobernados en enemigos íntimos.
Maldigo a este país que no se hace eco de la necesidades más urgentes. Como si no se pudiera. Como si no se quisiera.
Maldigo las palabras de Posse, que cree que es la voz de todos los argentinos. Maldigo a Anibal Fernández, que hace de las mentiras nuestro pan de cada día.
Hoy maldigo a este país tan injusto y tan cruel, y a sus políticos, más atentos a sus carreras que a su gente.
Maldigo a los que desparraman odio, sin contemplar siquiera posibles reconciliaciones.
Perdón por la catarsis. Es que estoy muy triste.

14.12.09

Observaciones de fin de año


* Una mujer llama mi atención: veo belleza en sus labios finos, sin amplificar.

* Caminan de la mano desde siempre. Entonces uno les ve las lagañas en los ojos arrugados, como si se les notaran los años de amanecer de a dos.

* El niño malcriado que todo lo quiere, convertido impunemente en un pequeño dictador. ¡Ay!, ¡si yo pudiera!, dicen las miradas de los que hace rato soportan sus chillidos.

* Sentir nostalgia del verso aquel: silencio en la noche ya todo está en calma...

* Salir a caminar y pensar que en los paréntesis y en los atajos está lo mejor de la vida.

* El que quiere actuar, que actúe, pero que se saque el disfraz de persona real.

* En pleno embotellamiento -se sabe- se inspira y se exhala para reprimir el grito; el del flamante auto gris observa sin disimulo al del desvencijado auto verde: necesita un cómplice, un consuelo, un mal mayor.

* Ver en la calle rostros ensimismados y preguntarse detrás de cuál de ellos hay una historia.

* Al prender la radio como el primer acto reflejo de cada mañana, la sensación de que no se quiere escuchar lo que está por escuchar.

* Un hombre le pregunta a una mujer cómo se titula el libro que acaba de publicar; la mujer contesta con desgano, sabe que pregunta por preguntar.

* En la fiesta de casamiento, los invitados vestidos según la tribu a la que pertenecen: jóvenes posmodernos con sus camisas a lo Travolta y trajes renegridos de Pablo Ramirez; treintañeras con tacos de diez centímetro y aires de poca producción; mujeres de cuarenta maquilladas con esmero; mujeres de más cincuenta que buscan pasar inadvertidas.

* Los novios y su lenguaje personal: "te quiero hasta hasta siempre, hasta el punto rojo y el bicho bolita", se dicen el uno al otro, y entonces imaginarlos así, de blanco y negro, carcomidos por los gusanos en la última morada.

11.12.09

Buen fin de semana


"Yo tenía una amante fea y empezaba a aburrirme de ella. Pero durante aquel verano había llovido mucho y el jardín estaba precioso. Las plantas me consolaba, y los días se me iban sin pensar demasiado.

Cuando llegó el otoño, despaché a la fea. Quedé solo un tiempo y luego volví a casarme. Era la tercera vez que intentaba la convivencia formal.

No hay experiencia vital más aleccionadora que cambiar de mujer. La vida es cruel, dicen.

Bueno, ya está. Hace tres años que vivo con una muchacha más estúpida que muchas otras. Y no sé cómo desprenderme de ella. ¿La mato? ¿la tiro a la calle? ¿abandono todo y desaparezco?, me pregunto todos los días.
Pero también me pregunto quién ganará la octava carrera del domingo. Es que la vida es una sola pregunta sin respuesta.

Paciencia. Hay que creer en la providencia. Tal vez un día de éstos, cuando suba a colgar la ropa, se caiga de la azotea.

Azotea, azotea... ¡cómo no se me ocurrió antes, maldita sea!".
Enrique Wernike, "Confesión", en Cuentos Completos.

8.12.09

Balance III


Lo mejor de la tele 2009:

1) Tratame bien. Porque José Chocaclian ES una persona (nada de personaje) única. Imposible no amarlo, a pesar de sus miles de defectos. También aprendí a adorar a toda su familia. Con Sofía, Elena o Damián me iría de vacaciones a cualquier lado..

2) CQC. Porque la nueva sección del eficaz Diego Iglesias no sólo es entretenida, sino que refleja nuestras miserias cotidianas, con un escondido aire pedagógico, pero pedagógico al fin.
Porque Ernestina Pais se bancó el saco y la corbata
.

3) Media ficha a Ciega a citas. La realidad es que apenas si vi algún capítulo, pero a ella se la va muy bien y Rafael Ferro es mi amigo.

Y nada más.

Lo peor de la tele 2009:

Uno mira la tele con cara de mal olor. Siempre.

Los programas políticos alcanzaron un grado de saturación tal, que ya no los soporto. Creo que la sobredosis de 2007/08 me dejaron este empalague que no se me va.

Los noticieros que transmiten las 24 horas son como un cross directo a la mandíbula. ¿Cómo salir a la vida después de ese compendio de atrocidades? Claro que pasa de todo en estas tierras al rojo vivo, pero VER el mismo robo y la misma lluvia reproducida hasta el hartazgo no me parece una buena forma de empezar o terminar un día. Qué decir de 6,7,8, pues hacen los mismo, exactamente lo mismo, mientras patalean y se defienden como niños en territorio hostil: machacan, editan, compendian. Lo que los diferencia, y es lo que más me gusta, es que opinan sin caretas y hablan a calzón quitado.

Entre noticiero y noticiero, los Valientes ponen una pizca de cuento de hadas: ¡hay amor entre tantos (y bonitos) peludos con bíceps!

Lo peor de lo peor:

La bizzarría a lo Chiche.

La nueva conductora de Crónica.

Los programas -disfrazados de buenas intenciones- sobre grupos marginales: en la pantalla, cualquiera aprende a robar y a drogarse hasta morir. Ni a los que producen estos programas ni a los que los conducen les importa un pito ese pobre pibe, solo merodean a su alrededor para lograr el mejor plano y grabar las palabras más lapidarias, cosa de agarrar al televidente y subir en la escala del rating un puntito o dos.

Los programas de chimentos: aunque no se los mire, ahí están, colándose en las propagandas, a toda hora. Imposible no hacer arcadas frente al detestable Jorge Rial y a su ladero, el de peinado de peluquería, hablando de la vedette de turno como si estuvieran marcando las coordenadas de la Cumbre de Presidentes del Mercosur.
Mienten, engañan, venden gatos por liebres.

La corona al rey de la mala televisión es para Marcelo Tinelli. Un verdadero sinvergüenza porque va de la ceca a la meca en busca de más billetes para su desmadrada cuenta bancaria.

Tan caradura que este año se animó a subirse al grito de "seguridad" al son de una palabra que no le cabe ni en el dedo gordo del pie: "responsabilidad". Tan luego él, el más irresponsable de los comunicadores argentinos. Porque tiene con qué y elige usarlo para su propia conveniencia, porque se disfraza de hombre solidario cuando su radar exquisito le marca que por ahí va la cosa, porque engaña sin pudor a los que lo miran con peleas mentirosas que ruedan y ruedan a fuerza de cachés (¿se dice así?).

Sigue intacta mi fantasía de encontrarme con él en un ascensor. Apretaría el stop y le cantaría las cuarenta. ¡Ah, qué feliz me haría!

7.12.09

Balance II



Reviso mis Balances 2007 y 2008 sobre las frases más fuertes de esos años.

En el 2007 registro 5, y en el 2008 me animo a 25. Cuando me preparo para enumerar las de 2009, me sucede algo muy extraño. No puedo precisar si esta frase que tengo en la punta de la lengua es del 2009 o el 2008, si es de la primera mitad del año o de la segunda; como si el mes de junio, mes de elecciones, hubiera marcado una suerte de corte antes de tiempo.

Sigo pensando y me digo que no podría, aunque quisiera, ignorar las frases maradonianas. No es que me escandalicen, claro que no, pero no se me da la gana copiarlas acá.


Ni esas ni otras, como las agresiones de D´Elía, las mentiras de Aníbal Fernández, los malos augurios de Carrió, las imposturas de CFK, los balbuceos de Scioli, las incoherencias de la mujer de Capitanich, los slogans televisivos de De Narváez, las rabias contenidas de K, la desfachatez de Nacha, los exabruptos de Reutemann, los va a estar bueno de Macri.

Leo en la Ñ que el Global Language Monitor hizo un estudio para ver cuáles fueron las palabras más usadas en la red durante 2009. El primer lugar del top five lo ocupa la palabra Twitter. Le siguen: Obama, H1N1 (gripe A), vampiro (efecto Stephenie Meyer) y la frase "rey del pop", en el año de la muerte de M. Jackson.

Entonces decido dejar de lado las frases y dedicarme sólo a las palabras. Y así, a vuelo de pájaro, sin ningún sustento científico, digo lo mío:

Las palabras más usadas por los argentinos este año raro fueron:

crisis internacional
crispación
desestabilización
inseguridad
alcohol en gel
blancos/negros
ricos/pobres
izquierda/derecha
oficialismo/oposición
triunfo/derrota
bicentenario
clarín
fútbol
piquete...

¿qué más?

4.12.09

Buen fin de semana


"En la mente haya cierta vocación de inmortalidad y el cuerpo es manifiestamente precario.
De estas incompatibilidades surgen todas las tristezas de la vida".

Adolfo Bioy Casares (vaya uno a saber dónde lo dijo. También quería copiar otro párrafo memorable, pero no lo encuentro; busco y busco..., y nada. Pero el sabio de Bioy decía algo más o menos así: cómo se le ocurrió a Dios hacernos como nos hizo: un revoltijo de sangre, tendones y huesos...).

2.12.09

Balance 2009 (I)


Parafraseando a yoni bigud, digo: ya estamos en diciembre y, como todos los diciembre, yo hago un balance caprichoso del año que se va. En realidad, es una excusa, porque me gustan las listas, los top 10, lo mejor y lo peor de cada cosa.

Va un listado de los libros que leí durante 2009. Uso el asterisco en lugar de la estrella: de una a cinco, según cuánto me han gustado. Si quieren saber más de alguno de los libros, pueden buscar en la etiqueta Ronda de escritores, puede que encuentren el comentario, o me chiflan, y les mando el link.

Y recuerden que soy una lectora no tanto voraz, sino más bien veloz.

Tirana memoria. Horacio Castellanos Moya. ***

Fantasmas en el parque. María Elena Walsh
.*****

El mal del Portnoy. Philiph Roth. ***

Un amor. Dino Buzzati.
***** (recomendación del librero de Eterna Cadencia)

Conversaciones con Mario Levrero, Pablo Silva Olazábal. *** (regalo de Flavia).

Memorias. Virginia Woolf. ****

El teniente Gustl. Arthur Schnitzler.
***

Elegía para un americano. Siri Hustvedt.
**

Los domingos son para dormir. Sonia Budassi.
****

Resolana. Lucía Mazzinghi.
****

Personajes desesperados. Paula Fox.
**

Las Teorías salvajes. Pola Oloixarac. ** (porque le tengo fe al próximo)

Yo era una niña de siete años. César Aira.
***

El Purgatorio. Tomás Eloy Martínez. *

Sal de mi vista. Antonio González Mendiondo. ****

La hija del amante. A. M. Homes. *

Los Bioy. Jovita Iglesias.
(inclasificable, me gusta demasiado Bioy)

Biografía de Andrés Caicedo. **
(no recuerdo bien el título, lo presté, lo perdí!).

Cineclub
David Gilmour. *** (recomendación de mi librero, Fernando Pérez Morales).

El canalla sentimental. Jaime Bayly. ¡*****!

Cine. Juan Martini
. ***

Desinformación (cómo los medios ocultan el mundo). Pascual Serrano. *** (da para un post, en cualquier momento).

Dos de la trilogía de Stieg Larsson. ** y media (por entretenidos).

Ema la cautiva. César Aira. ***** (recomendación de yupi).

La mujer del mediodía. Julia Frank. ***

Un niño. Thomas Bernhard.
*****

La soledad de los números primos. Paolo Giordano.
*** (recomendación del ángel eléctrico).
Ulisa. Ercole Lissardi. ****

Cuando muere el hijo
. Abel Posse. **

Leopoldo Lugones. Cristina Mucci.
*

Tigre blanco. Aravind Adiga.
**

Un final feliz. Gabriela Liffschitz.
***

Franny y Zooey. Salinger.
****

Celeste y blanca. Guillermo Piro.
***

Biografía de Dostoievki. ***

Padres e Hijos
. Ivan S. Turgueniev. ***

Vínculos. Isabel Fonseca... (en eso estoy).

30.11.09

La antimúsica (nueva sección)


A veces, sólo a veces, me entusiasmo con algunos temas que me dan vergüenza (un poquito, sépanlo):

- Y así y así, de Luciano Pereyra ( es que ese timbre de voz y sus ojos entreabiertos me dan ganas de llorar)

- Te quiero tanto, de Sergio Denis (ehhh, no sé por qué...).

- Quiero, de Emanuel Ortega (más, si lo canta con Calamaro).

- Llegando, llegaste, de Piero (ay, cómo me gustaba).

- Tabaco y chanel, de Bacilo (porque en un casamiento, vi un fascinante filtreo al son del channel).

- Popurrí de los Pimpinella (sólo un poupurrí, ¡ojo!).

- Bailar pegados, de Dalma Sergio (nahhh, era un chiste).

- Corazón partido, de Alejandro Sanz (irresistible).

- Qué lástima pero adiós, de Julieta Venegas (iba a poner La camisa negra, de Juanes (¡es que es tan pegadiza!), pero no, nunca la tarareo, sólo me detengo si suena por ahí.

Y la décima... se las dejo a ustedes.

27.11.09

Buen fin de semana


"La lluvia persistía, como el remordimiento".
La librería, Rubé Loza Agrerrebere

24.11.09

Hacia el final del día (perdón por la largura)


Todavía hoy no entiendo cómo pensé que podría aliviar mi angustia y matar tanta ansiedad justamente allí. Sin duda, aquella ridícula actitud habló una vez más del espíritu un tanto masoquista que se apodera de mí en las situaciones menos indicadas.

Era un día negro, de eso estoy segura, pero en aquel momento no me pareció lo suficientemente oscuro. Necesitaba desvanecer de un plumazo toda ráfaga de optimismo que, típico de mi eterna contradicción congénita, me empeñaba en rechazar para después redoblar el goce que me produciría la contrarráfaga.
Eran apenas las tres de la tarde, lo recuerdo perfectamente, de un jueves de principios de diciembre.
A las siete y media, algo más de tres horas después, tenía turno con el médico. Ya había espiado el sobre con los resultados de los análisis y sabía que algo no andaba bien porque donde debían figurar cuatro cifras, apenas si se leían dos y donde, por el contrario, no debían figurar más de cuatro, la lista de ceros, redondos y apretados, se prolongaba casi hasta el borde mismo de la hoja.

Había intentado todo tipo de actividades para pasar la tarde. Qué son tres horas, me acuerdo que dije mientras salía del laboratorio con el sobre estrujado entre las manos.

Ya en mi casa, me acomodé para leer el diario. Pobre de mí, apenas si pude hojear la sección Espectáculos. Probé ordenar un poco el caos de mi departamento, apostando a que quizás el trabajo rutinario de recoger, doblar y guardar me automatizaría de tal manera que los minutos y las horas volarían como pájaros.

Pero ni mi intento de registrar aunque más no fuera los titulares de la primera página del diario ni mi obsesión por el orden lograron espantar el rostro impávido del doctor Mármol, que ensombrecía mi lectura o desestabilizaba de golpe la parodia de mujer ordenada que me había empeñado en representar.
Mi trabajosa concentración se hacía humo, y al desvanecerse el humo ahí estaba él, el perfil suspendido del doctor Mármol diciendo algo así como: “Señora, lamento informarle que le quedan tres meses de vida”: la tendencia hacia la tragedia siempre fue uno de los principales rasgos de mi personalidad.

El perfil suspendido no había siquiera terminado de pronunciar la palabra vida -remarcando enfáticamente la v corta, sonora y despiadada- , y yo ya me veía instalada en un cajón color caoba (¿por qué caoba?) rodeada de rosas blancas (¿por qué blancas?). Alrededor del cajón y tras las rosas, no pude o no quise ver nada más.


Cuestión que, agobiada por tanto pensamiento fúnebre muy propio de mí, insisto, decidí escapar. No sé en qué me quedé pensando en mi trayecto hacia el shopping. Seguramente debo de haberme detenido en algún detalle del entierro, como por ejemplo, quienes cargarían el cajón color caoba; tres hombres de un lado y tres del otro, cosa que resultaría un serio inconveniente ya que vengo de una familia donde las mujeres siempre han sido mayoría. Obviamente no lo consideré mi problema, porque no recuerdo haber elegido entre parientes políticos o compañeros de trabajo.

Si recuerdo que no bien entré en el shopping tuve la sensación de ingresar en una extraña dimensión de la realidad. Ahí iba caminando yo, quizás una mujer moribunda, entre vidrieras estáticas que intentaban seducirme a pesar de mis eritrocitos bajos y mis leucocitos millonarios. Entré, desafiante, en un local. Pensé que mi destino escrito me delataría: “aquí va la que pronto va a morir”.
No voy a negar que me sentí un poco acobardada cuando una de las vendedoras, a pesar de mi siniestra presencia, siguió hablando con un tal Cacho, y la otra, apretada dentro de un par de pantalones negros, de oscura cabellera y ennegrecidos ojos, siguió ordenando, impávida y erecta, la pila de rígidos jeans eleastizados.

Me ordené no enojarme, por lo menos, no ese jueves de principios de diciembre. Al fin y al cabo, todos íbamos a morir. Yo, la de los ojos negros, Cacho y la del teléfono, aquel hombre que se escarbaba la nariz, más el resto de los seres vivos.
Así y todo, no tuve consuelo y busque refugio en un cortado doble con una medialuna.
Me hubiera sentido más a gusto, debido a mi estado de ánimo, en un viejo bar de Buenos Aires y no en aquella confitería tan expuesta, sin ventana por donde ver pasar la vida, y enfrentada a un vasito de vidrio largo y coqueto, cómodamente apoyado sobre una carpetita que simulaba una flor.
Me rodeaban grupos de tres o cuatro jóvenes comerciantes algo modernos, peinados hacia atrás con gel y vestidos con trajes verdes tornasolados.


Todavía hoy recuerdo perfectamente al mozo que me atendió. El delantal a rayas rojo y blanco haciendo juego con el moño rosa pálido que le apretaba el cogote desentonaba patéticamente con su cara de hombre del altiplano. Al pobre no se lo veía cómodo moviéndose en zigzag por entre las mesitas de hierro labrado cubiertas de puntillas, sirviendo aquí y allá masitas secas o tortas merengadas de limón.
Intenté demostrarle mi empatía con una sonrisa un tanto forzada. No sé por qué, presiento que él se dio cuenta de que yo era diferente. No porque mis días estuvieran contados —creo que por unos minutos logré olvidarme de mi inminente funeral— sino, simplemente, porque supo lo que yo adiviné detrás de su moño rosado.

Justo al lado de mi mesa, decía, los comerciantes arreglaban el mundo. No pude enhebrar la secuencia de la conversación pero sí alcancé a escuchar algunas frases tan trilladas que por algún momento pensé que se trataba de un sketch para la televisión. Cada pueblo tiene el presidente que se merece, decía el comerciante mayor. No hay pasajes, y después dicen que en este país hay pobreza, acotó el del gel, mientras que el del terrible traje tornasolado, rascándose la cabeza, intentaba expresar su total adhesión a la idea de que no por mucho madrugar se amanece mas temprano, o que el último siempre ríe mejor, ya casi no me acuerdo.
Si me acuerdo que empecé a deslizarme en la silla, lista para esconderme debajo de la mesa, pero de golpe me levanté, como si la misma parca me estuviera arengando y caminé derecho hacia la librería del segundo piso.


Tuve que treparme en la escalera eléctrica y ya casi en lo alto experimenté, me animo a aseverar, la sensación de omnipotencia que se apodera de un director de cine cuando se aleja en su silla mágica del escenario de acción. Vi adolescentes impávidos caminando hacia la nada, mujeres algo gordas y desteñidas arrastrándose del brazo de un marido cabizbajo, elegantes señoras que espiaban de reojo a señoras elegantes, nenas y nenes con globos gigantes de múltiples colores.

El golpe seco del final de la subida me despejó en un instante de mis fantasías cinéfilas. Recuperé el aliento, que supongo había perdido justo antes de la trepada, y con el aliento volvió con más fuerza, como después de un rebote, el perfil del doctor Mármol, suspendido esta vez sobre un telón negro y salpicado de recuento de glóbulos rojos.
Atolondrada y torpe, como queriendo ganarle al perfil suspendido que caminaba a mi lado, entré en la librería, con tanta mala suerte que en ese mismo momento salía un contingente de chiquitos enfundados en delantales a cuadros celestes y blancos. Algunos lloraban, otros se refregaban los mocos, casi todos se arrastraban con caritas de terneros asustados, atentos a las conocidas palabras de la maestra-vaca.
Recuerdo haberme sorprendido del sentimiento maternal que se apoderó de mí entonces. ¿Sería el poder de la muerte, rasguñando mi corazón hasta descascararlo? Siempre me consideré una mujer no apta para la maternidad, por eso no tuve hijos. De ahí mi sorpresa ante esas ganas tremendas de alzar a esos niñitos, uno por uno, acariciarlos y consolarlos por tan extraña experiencia. ¿Me sentiría, acaso, tan indefensa como aquellos pobres terneritos, caminando casi resignados hacia el matadero?

La voz, esta vez gangosa del doctor Mármol, invadió de repelente la escena, dejando afuera cualquier atisbo de actitud maternal que estaba empezando a germinar en mi interior.
Y fue entonces cuando por primera vez desde que había ingresado en el shopping miré el reloj.

¡Las ocho y media! Dios mío, supongo que debo de haber dicho, mientras que, seguramente, llevaba mi mano a la boca para disimular un gesto de sorpresa que nunca he aprendido a reprimir.
Desesperada, casi corriendo, atravesé pasillos, salí a la intemperie y me trepé en el primer taxi que pasó desocupado.
No puedo precisar a qué hora exactamente llegué al consultorio. Solo recuerdo que bajé temblando del auto, sudorosa y casi sin fuerzas. Estaba aterrada: no tanto por la posibilidad de encontrarme cara a cara con mi diagnóstico fatal, sino más bien por el pavor de que el doctor se hubiera ido. Eso significaría más y más horas deambulando por el shopping.

Apenas entré, recuerdo que vi en carne viva el perfil del doctor Mármol, esta vez colocado sobre unos hombros blancos y anchos. Casi sin palabras le tendí el sobre. Después de lo que creo fueron apenas unos minutos de ir y venir de una hoja a la otra, me miró y me dijo: “Todo bien, mujer, un poco de anemia, sin demasiada importancia”.
Fue entonces cuando inspiré profundamente, llené mis pulmones de renovados aires y salí del consultorio con la mirada en alto.
Una vez en la calle, paré, esta vez sin prisa, un taxi vacío.
Creo que fue en el momento justo de subirme al taxi cuando lo decidí. Volví a cada uno de los lugares en donde había estado unas horas antes. Caminé y caminé siguiendo mis pasos por los baldosones fríos, volví a observar todo desde lo alto de la escalera y entonces sí me di cuenta, con la claridad de una verdadera epifanía, que un día, cualquier día, alguien iría a mi funeral.

23.11.09

En tela de juicio (XXI)


"La plata no nos da la felicidad... ¡pero cómo ayuda!".

No es cierto, a veces el dinero no hace más que hacernos perder toda posibilidad de ser felices.

El señor A. murió de viejo hace unos meses. Dejó nueve hijos, una esposa enferma y desmemoriada, y una suculenta fortuna. No se trata de una de esas familias de nuevos ricos. No. Más bien hablo de una de esas pocas familias que tuve la suerte de poder darles a sus hijos la mejor educación, el refinamiento en los gustos, el acceso al arte, a los viajes, al mundo.

El señor Z. murió de viejo el viernes. El sábado lo despidió una multitud en un cementerio de Pilar. Ahí marchaba la procesión de paraguas multicolores, entre los truenos y las centellas, bajo un cielo encapotado. Dejó una esposa bien plantada y siete hijos adorables, uno de los cuales lo despidió diciendo, entre otras cosas: "ahora nos vamos a reunir con mis hermanos para ver cómo nos repartimos lo que nos dejó el viejo". La multitud no sólo sonrío; hubo carcajadas, pues el señor Z. fue un pato toda su vida.

Hoy, los hijos del señor A. están divididos así: uno contra todos; al día siguiente, dos contra siete. Al mes, son cuatro contra cinco, o mujeres de un lado de la trinchera y varones del otro. La cosa es que no se aguantan; ha surgido lo más cruel de cada quien, se odian, se insultan, se desean la peor de las suertes. Uno de ellos es el encargado de velar por el cuidado de la madre, es decir, de pagar el equipo de enfermeras que la cuida y de ocuparse de sus finanzas.

La familia del señor Z. se organizó para cuidar a su padre durante todo un año de agonía... que uno se queda a la noche, que el otro cubre la tarde y el nieto mayor, la mañana. La esposa trajina de acá para allá, a pesar de los muchos años y de los mil contratiempos. No se queja, sólo protesta cuando en pleno entierro sus hijos la ponen como ejemplo de entereza. Que no, dice ella, que no soy la Madre Teresa, que claro que protesto, lo que pasa es que ustedes no se dan cuenta. Hasta es humilde la buena señora. Pero sus hijos no olvidarán nunca el amor con ella lo cuidó.

Yo miro desde afuera y tomo nota de lo que veo.

La familia A. está a punto de desintegrarse, cada uno de los nueve hermanos está envenenado su corazón, aprendiendo a odiar por un puñado de billetes, aunque se diga que no, que no es la plata, que es otra cosa.

La familia Z. sonríe. Todos. Dicen que este último año fue muy rico para ellos. Hermanados como nunca, salieron a capear el temporal. Cada uno es en sí mismo como una gema de oro. Los dos varones: hombres cabales como el padre, solidarios, generosos, buenos hombres. Y las mujeres... ni hablar. Divertidas, inteligentes, contenedoras, fuertes.

Yo no sé que hubiera pasado con la familia del señor A. si no hubieran tenido un peso, ni que hubiera sido de la familia del señor Z. si hubieran tenido la fortuna del señor A.

En eso me quedé pensando...
Y también, en que la mejor de las fortunas que uno puedo dejar como legado tiene que ver con cómo se ha vivido, atento a qué temas, diciendo qué palabras. Los amigos, los hijos y los nietos heredarán, entonces, un tesoro inagotable o una bolsa de gatos, sucios y enmarañados.

20.11.09

Buen fin de semana

"Como ya dije, no es para utilizarla de analista que se tiene una pareja".
Ulisa, Ercole Lissardi
(No sé qué tiene que ver la foto, pero me gustó).

18.11.09

Paisajes ciudadanos


El lunes a la tarde fui a la presentación, en el Centro Cultural Borges, de un video y un Manual que daban cuenta del trabajo realizado por Marta Oyhanarte y su equipo durante los últimos seis años.

Marta está a cargo de la Subsecretaría para la Reforma Institucional y Fortalecimiento de la Democracia, cuyo objetivo es fortalecer la relación entre el Estado y la sociedad civil.

Entre tantos dimes y diretes, ofensas y agresiones que van y vienen, fue realmente reconfortante ver lo que vi: un documental de Miguel Rodriguez Arias sobre la implementación del programa Auditorías Ciudadanas, y un Manual, Frutos de la democracia, que relata la experiencia que permitió a más de 70 municipios autoevaluar y mejorar la calidad de sus prácticas democráticas: la voz y la acción de miles de personas que sienten pasión por lo público, que comprenden que el compromiso es el mejor recurso colectivo y que saben que sólo a través de la construcción de ciudadanía es posible mejorar la democracia para abordar el mayor desafío actual: crear equidad.

Hubo testimonios contundentes y alentadores de los miembros del equipo, de varios intendentes de localidades de todo el país, y de distintos participantes de los Foros Cívicos, corazón del programa de Auditorías ciudadanas.

Con el énfasis puesto en la democracia participativa y no sólo representativa, todos los que dieron testimonio nos dejaron la certeza de que, a pesar de todo, hay mucha gente trabajando, contra viento y marea, para abrir puertas y tender puentes entre gobernantes y gobernados.

Ojalá el programa pueda seguir funcionando, más allá de las disputas y los gobiernos de turno, en pos de garantizar y perfeccionar la vida democrática, y que el arduo trabajo de Marta y de su equipo dé y siga dando sus frutos a través del tiempo.

16.11.09

La rara era yo

Alguien me forzó a la siguiente confesión: la de la frase célebre del otro día... ¡soy yo!

Por lo menos dos de mis buenas amigas podrán dar fe de que hace unos años empecé una novela que se titula ¿Soy rara?, de la que sólo escribí 60 páginas. O no soy tan rara como creo, o mis rarezas no dan para más.
Por eso, y a pesar de cierta cuota de exhibicionismo que no me preocupa, les voy a contar por qué a veces me siento un tanto rara.
Acá van:

1) Me agotan las cosas más sencillas, me canso de ... ¡hablar y sonreír!; como si la mandíbula necesitara una buena siesta. Los días de mucha conversación termino la jornada igual que el albañil después de 8 horas de pico y pala. En cambio, tengo fuerza bruta para mover muebles, cargar valijas, acomodar, trajinar.

2) Espero con ansias los días de cielos perfectos y aires límpidos, pero un rato de aire puro ya me es suficiente. Después, miro los azules desde la ventana o arranco sin culpa al cine, a la función de las tres de la tarde: a lo oscuro, a las sombras, a lo cavernal. El hombre que vive conmigo dice que yo sería feliz en una celda; claro que yo pienso que el raro es él, siempre con su manía del aire libre.

3) Me atraen los opuestos, lo que no es lo mío. Escucho programas de radio y leo diarios que están en los extremos, me empalaga lo-más-de-lo-mismo.

4) Soy capaz de inventarme la mejor de las historias, los diálogos más jugosos, las escenas más impensadas, esas que nunca sucederán. Escribo guiones mentales en el súper, mientras manejo, en la cola de la carnicería.

5) Tengo con la ciudad de Buenos Aires un vínculo enfermizo: la quiero hasta el punto de máxima intimidad. Como si en otra vida (si es que la tuve) hubiera sido una bataclana en los bordes mismos de la ciudad.

6) Me cuesta viajar, irme de casa, aunque después celebro la aventura.
Miro con total extrañeza y asombro a las hordas de viejos que se pasean por el mundo. Es más, los miro con pena, con enorme compasión. Pobrecitos, lejos de su casa, pienso yo.

7) A veces, me da lo mismo leer que vivir.

8) Nunca me aburro si estoy en mi lugar.

9) Parezco lo que no soy. Alguien me dijo una vez que daba la imagen de una mujer muy deportista, de esas que viven con la raqueta en la mano. Ja, pensé yo.

10) Siempre, pero siempre, escribo Jhon en lugar de John e histoira en lugar de historia.

11) Pierdo las cosas de una manera impúdica, hasta lo que sé que no perderé jamás.

12) Soy adicta a los libros y a los carbohidratos; a la soledad de la noche, al chocolate, a la coca light.

13) Leo más rápido que el común de los mortales.

14) Soy tremendamente puntual, lo que hoy en día es una verdadera rareza.

Y no les cuento mis rarezas más existenciales, porque tampoco es cuestión de que se asusten y no me lean más.

Cuéntenme ustedes, por favor, así no me siento tan rara, ¿ok?

13.11.09

Buen fin de semana


"Una joven rubia sentada delante de mí hace un movimiento nervioso con la cabeza que me encanta. El pelo color caramelo oculta su cara. Quiero verla, pero temo sufrir una desilusión".

Diarios, John Cheever.

12.11.09

Frase célebre de una amiga no célebre


Lo dijo E.:

"¡Porfi, díganme si soy rara...!".
Dibujo: Mauro Collares.

11.11.09

Sobredosis de actualidad

Perdónenme ustedes pero otra vez, va un post que irá a parar a la etiqueta "Actualidad". Tengo en lista de espera otros temas mucho más gratos: libros, diálogos ocurrentes, frases célebres de amigos no célebres... pero en mi cabeza, como en la de todos, está la política, en su más triste expresión.

No voy a hablar de los múltiples piquetes, del descontento, de las mentiras o verdades de los medios, de TN versus 6,7,8... porque lo que leo esta mañana en el diario me irrita casi tanto como los cortes anunciados para hoy.

Algo vi ayer en algún noticiero: primer plano de Carrió, diciendo que sostendría sus dichos en contra de Duhalde: "Yo nunca hubiera hecho una alianza con D. porque siempre dije que controlaba la droga de la provincia de Buenos Aires. Yo nunca hubiera hecho un acuerdo con un poder mafioso": dijo Carrió tiempo atrás.
Claro que Duhalde pidió que Carrió se retractara y la acusó por calumnias e injurias.

Pues ayer fue el encuentro cara a cara del agredido y la agresora en un cuchitril de Tribunales.

Ella, en su defensa dijo que no había querido decir que D. fuera un narcotraficante, que en realidad, como ella era una purista del lenguaje, había usado una de las acepciones que la Real Academia de Letras da a la palabra controlar: saber, examinar, fiscalizar.

¿¿Me están jodiendo??, y perdonen la expresión. Pero si tanta alharaca termina así, pues, créanme, no debería ni haber empezado. Cuántas denuncias quedan en el olvido, ¿no es como gastar pólvora en chimangos? Perder tiempo y dinero para nada. Un puro simulacro de democracia.

Leo que siguió un diálogo punzante entre los dos que, sinceramente, no tengo ganas de reproducir.

¿¿Están todos tan tristes como yo??

8.11.09

Un tema de conversación


El tema de los Medios circula en estos días. Pero no es de los Medios de estos días de lo que quiero hablar, sino de la manera en que se eligen los titulares: ahí está la clave de su interpretación, lo no dicho o lo doblemente dicho, como si los mismos títulos tuvieran eco.
Veo y leo:

Título 1)
Diario Perfil:

"El poliamor amenaza con extinguir la monogamia y el tabú de la infidelidad".
La nota decía algo así como que la movida había empezado en Estados Unidos pero que ya se estaba instalando en la Argentina: parejas de tres o cuatro (o tríos o cuartetos, debería decir), en donde los tres o cuatro andan felices y contentos. No son infieles ni swingers, son poliamorosos, nomás.
Al día siguiente, en el programa de radio Salgan al sol, entrevistan a un psiquiatra, especialista en relaciones amorosas, y el especialista es contundente: acá el poliamor no anda, no conozco ni un solo caso; somos posesivos, no compartimos.
Es decir, una gilada de los medios. Nada más.

Título 2)
Telenoche:

"Paco, mata RICO, mata POBRE" (música tremebunda y hollywoodense de fondo)... eslogan que se repitió en todas las ediciones, durante una semana.
Claro que el paco es un problema, pero que no me lo vendan así, como si fuera la novela de la tarde, buscando el gancho perfecto, la música a tono, para agarrarme del cogote y hacerme temblar.

Título 3)

Diario Perfil:
"El Krichnerismo ya tiene 115 mil piqueteros organizados en el país".
Foto de Milagro Sala con un palo en la mano; de fondo, los barrios que construyó Tupac Amaru. Organizados para qué, me pregunto yo. Porque si es para seguir construyendo viviendas, generando empleo y sacando a los chicos del paco y de la calle, bienvenida sea la organización. Por qué no podemos debatir, en todo caso, el cómo se hace lo que se hace, sin poner el cuestión los buenos resultados. Debatir, sí. Todo lo que sea necesario, para rescatar lo bueno y corregir lo malo. Discutir el papel del Estado, el liderzgo de Milagro Sala, el clientelismo. Sí. Pero, con la mirada puesta en cada uno de los destinatarios de esta acción.

Título 4)
Revista Luz:
"Ya no me preocupa el paso del tiempo, aprendí a disfrutar de mis arrugas".
Foto de la esplendorosa Catherine Fulop.
¿De qué arrugas me está hablando? Ella no sólo se preocupa: se ocupa. Pues entonces, ¿por qué no decir las cosas como son?

Título 5)
Diario La Nación:
"Papiloma humano: un virus que también es cosa de hombres: causa la mitad de los cánceres de pene que cada año provocan 250 amputaciones".
A veces pienso que estas notas restan más de lo que suman. Quizás esta información salve algunos penes, pero estoy segura de que deja a otros tantos muertos de miedo, acobardados.

"Si el texto es un objeto de lectura, el título, como el nombre del autor
es un objeto de circulación, un tema de conversación".
Gerard Genette

6.11.09

Buen fin de semana y algo más: S.O.S.


Escribo ahora porque milagrosamente, tengo señal. Desde hace tres meses largos, fibertel (grrr) llega pero con m i c r o c o r t e s, ¿saben de qué hablo? Pues yo sí, pero los técnicos no dan con el problema. Ya intentaron todo: me dijeron que era porque no tenía actualizado el antivirus, porque el router no andaba bien... hasta cambiaron todo el cableado de afuera, y como último recurso, pusieron un nuevo modem. La cosa funcionó unos diez días, hasta el domingo: otra vez los microcortes. En mi casa ya no nos decimos ni buen día ni pasame la jarra de agua, sino: "¿¿¿hay señal???".



Para qué contarles mis estériles llamadas al 0800fibertel. Impotencia, bronca, rabia. Peor que quedar engranpado en un piquete.

Dicen que mañana a las 8 están acá, pero a esta altura yo sé más que ellos: ¿¿Qué hago?? ¿¿Me cambio a arnet??



¡S.O.S!

(Necesito a Los Simuladores... o al Chapulín Colorado).



Respiro profundo, elimino el "en-estos-momentos-nuestros operadores-están-ocupados" de mi cabeza y me instalo en los versos de Joaquín Gianuzzi para desearles, ahora sí, un Buen fin de semana.


"La poesía del que ama no ve el conjunto
ni estrellas generales en la noche de todos".

Joaquín Gianuzzi. Fecundación del amante, en Apuestas a lo oscuro.

4.11.09

Una reflexión sin pies ni cabeza


Hace unos días miraba yo el programa 6, 7, 8 en la Televisión Pública. Pasaron al mejor estilo TVR un video en blanco y negro de la juventud de los años setenta: jóvenes abrazados, cantando en un recital de Mercedes Sosa, en contraposición con otro que daba cuenta de la juventud de estos tiempos: los pavotes jóvenes en la casa de Gran Hermano.
Cierto que los de la producción no estuvieron nada sutiles, pues entre el compromiso de unos y la vacuidad de otros, hay un largo camino de medias luces. Pero la televisión de hoy potencia el lado oscuro de la juventud, casi al punto de convencernos de que los jóvenes de este nuevo milenio son delincuentes y drogadictos, o, en el mejor de los caos, hombres y mujeres desenfrenados y tontos.
Ni muy muy ni tan tan, permítanme decirlo.
Podría hacer yo mi propio compilado al estilo TVR con chicos y chicas comprometidos, solidarios y pensantes. De todos los sectores, más unidos que en aquellos años.

Sin embargo, me quedé pensando.

Odio la nostalgia en masa de otros tiempos. No me gusta cuando me invitan a esas fiestas generacionales para tararear La Balsa o El extraño de pelo largo. De ninguna manera. Prefiero Los Piojos, Calamaro, Alvy Singer y todo lo que seguramente seguiré descubriendo. Pero, últimamente, se me ha dado por volver a esos años, síntoma, quizás, de que este mundo se me está haciendo extraño.
Cosas de la edad, sospecho.

No hablábamos de ciertas cosas, allá por los setenta. Ni se nos ocurría pensar si Fulanita tenía buen cuerpo o si nuestra cola era así o asá. Nos conquistaba el buen corazón de Fulano o la inteligencia de Mengano. No éramos frívilos, porque había todo un mundo que nos ocupaba.
Leíamos a Paulo Freire y Las Venas Abiertas; La Naúsea y Los Hijos de Sánchez. Escuchábamos a Viglietti, al Cuarteto Zupay, a Mercedes Sosa; adorábamos a Favio y a Serrat. Íbamos al cine a rompernos la cabeza con el El enigma de Kaspar Hauser y seguíamos a Bergman.
Comprábamos Satiricón, Humor, el diario Noticias.
No luchábamos contra la celulitis sino contra nuestra propia banalidad. Nos afeábamos si éramos lindas y usábamos todos la misma ropa, libres de marcas. No teníamos conciencia de lo que significaba una cartera Louis Vuitton, porque nos colgábamos, felices, las bolsas tejidas por los wichies. Nos resultaba obsceno gastar de más: la plata era para vivir, jamás para ostentar.
El sexo no era el pan de cada día, ni lo hablábamos así como así. Había algo de transgresión en cada beso, pero también había celebración. Esa intimidad nos pertenecía, era mía y tuya, de nadie más.
Queríamos cambiar el mundo porque creíamos en el Hombre nuevo para ese mundo, así, con mayúsculas.
Después llegaron las traiciones, la violencia, los desgobiernos, la represión más cruel y las heridas que aún hoy no cicatrizan.
A quien corresponda, escribió hace poco Martín Caparros.
¿A quién corresponde?, me pregunto yo.
De todos modos, prefiero seguir creyendo que un mundo mejor es posible; en ellos confío: en los jóvenes de hoy.

2.11.09

¿Es ésta la preciosa primavera?

Estoy confundida.
Desorientada.
Y pasada por agua.

El jardín de mi casa es un lodazal: los ramilletes de rosas, cargados de agua, se desploman apenas nacidas. Una bellísma dodonea en flor, que viró de arbusto a árbol para darnos la sombra perfecta de cada verano, se desprendió de cuajo del suelo que la sostenía: ahí están las raíces al aire, y todo su colorido despatarrado sobre el pasto, como un cadáver. Da pena verlo.

Dentro de la casa se multiplican las goteras. Las paredes están churreteadas con hilitos de agua que buscan escurrirse quién sabe hacia dónde. Parece que son las tejas, y Mario, el techista, no puede hacer mucho con esta lluvia.

Quiero un cielo bien celeste aunque me cueste, pienso, mientras espero que amaine el temporal, que venga Mario y que florezca este noviembre el jacarandá de mi vereda.

30.10.09

Buen fin de semana

"Fui a la facultad a encontrar gente, como hoy la gente va a facebook, mi facebook fue la facultad de Filosofía y Letras".

Alan Pauls, en revista No Retornable.
Foto: Magdalena Sorondo, en la Boutique del Libro de Palermo, A.P. junto a Fabián Casas.

29.10.09

Pura pinta

El martes a la noche fui al Palais de Glace, al Buenos Aires Photo 2009.
Tanta gente ... y tanto calor ahí adentro, que apenas si di una vuelta.

¿Lo más divertido? Mientras esperábamos al siempre impuntual de mi hermano, que era justamente uno de los expositores y poseedor de las entradas, mi hermana y yo estuvimos paraditas en la vereda más de media hora.
Me sentí en la red carpet de los premios Oscar.
Qué ropa, qué zapatos, qué lindos tapaditos...
Y qué maquilladas estaban las mujeres. ¿Cuánto gastan? ¿dónde compran? ¿qué se hacen en esas pieles de porcelana?

En eso, una mujer de negro, vestido caro, cinturón de charol (de buen charol), taco aguja, corte de pelo a lo garçon, sale con todo su glamour y para un taxi en la calle Posadas. No sé qué le dijo el tachero, la cosa es que ella dio un portazo y le gritó: ¡"andá, forro"!

Ah, bueno, pensé yo..., esta mujer es un bluff.

28.10.09

Bien por Federico Jeanmaire

Federico Jeanmaire ganó el Premio Clarín.
Más allá de mis simpatías con este tipo de premios, y en especial con el de Clarín, me puse feliz.
Porque se lo merece. Es un gran escritor. Créanme.
La foto es de Alejandro Guyot.
Me acuerdo de esa noche, de la lluvia, de la calle empedrada, de su voz quieta y su decir manso.
Pero más me acuerdo de su prosa.
Así que.
Estoy feliz.


26.10.09

Una educación sentimental

Cineclub, de David Gilmour

Resulta que el hijo del pobre David está harto del secundario. No le gusta, no hay caso. Colecciona malas notas sin que se le mueva un pelo.
Un día, el padre le dice: "Si no te gusta el colegio, podés dejarlo". El chico cree que el padre lo está provocando, y espera en medio de bostezos el resto del sermón, aquello de qué va a ser de tu vida si no estudiás y bla bla. Pero no. El padre sólo le dice: "Pensalo, mañana me contestás".
Al día siguiente, apenas se lo cruza en el pasillo rumbo a la cocina, le da la respuesta: "Quiero dejar el colegio".
Ok, le contesta el padre, pero con dos condicicones: 1) nada de drogas, 2) vamos a ver juntos una película por día: esa será tu educación.

Y así empieza el Cineclub y la historia de una educación nada convencional.

Claro que el padre no está seguro de lo que hace, ¿será éste el principio de una suma de fracasos en la vida de mi hijo? ¿estaré dando el punto inicial hacia su nada laboral? No lo sabe, pero lo que sí sabe es que nunca podrá ser feliz si en el mientras tantos el hijo hace lo que no le da ni una pizca de felicidad.

Empieza el baile:
Los cuatrocientos golpes, La Dolce vita, Pulp Fiction, El Padrino, Mujer Bonita, Psicosis, Qué bello es vivir, El bebé de Rosmary, Bajos instintos...
A partir de cada película y a pesar del desgano del hijo y de la impaciencia del padre, surge la conversación, las ganas de más, el juego.

A ver, en esta película tratemos de pescar qué escena nos inquieta de tal manera que nos empuja hacia la punta del sillón. En El Resplandor, dice el hijo, aquella en la que Jack Nicholson, alucinado, mantiene una conversación con el mayordomo del hotel, o en Annie Hall, la escena en la que Diane Keaton canta Seems like old times en un bar a oscuras. O cuando Harvey Keitel, en Calles Salvajes, recorre un bar, iluminado de rojo, acompañado por los contundentes acordes de Tell me, de Los
Rollins Stones.

Padre e hijo siguen repasando escenas memorables, a medida que pasan los días: Audrey Hepburn en la escalera de incendios de un piso de ladrillos rojos en Breakfast at Tiffany´s; el monólogo de Marlon Brando en Último tango en París o cuando tira los platos de la mesa en Un tranvía llamado deseo.

Fascinados por Brando, el padre le cuenta al hijo la biografía del actor y conversan hasta la madrugada sobre la historia de la inmigración, sobre dónde reside el talento, sobre la belleza. Otro día, el hijo repite una y otra vez el cuadro de Caracortada, el momento justo en el que Al llega a Miami. Empieza entonces una clase de Geografía. ¿Donde queda Miami?, pregunta el hijo. Después de una hora, de recorrer Estados Unidos, Florida y Cuba, llegan a Sudamérica.
¿Es un país?, pregunta el hijo.
No, un continente. Sigues avanzando miles y miles de kilómetros, selvas y ciudades, más selvas y ciudades, hasta el final de Argentina.
¿Es el fin del mundo?, pregunta el hijo, asombrado.
Más o menos... contesta el padre.

Todavía no terminé el libro. Ahora el hijo anda enamorado, y el padre corre a la videoteca para elegir una película sobre el amor y el desamor.

El padre sigue dudando, pero el hijo aprende. Sabe de planos y contraplanos, puede identificar un plano secuencia y una cámara en mano, pero también, construye de a poco un pensamiento propio.
Una vez que el hijo se entusiasme con esta nueva pasión de ver y pensar, el padre intentará el segundo paso: que el hijo quiera ir a la universidad para debatir así no ya con su padre sino con jóvenes de su misma edad.

Veremos si lo logra. Después les cuento.

23.10.09

Vuelta y cita

Y pasaron tres meses, así como así.
Miro para atrás y esto es lo que hice mientras duró el paréntesis:

Trabajé: con las revistas de siempre, en dos o tres libros y algunas cosas más.
Viajé: por la bella Quebrada del Norte argentino. (Hay diario en La Lectora Provisoria).
Lamenté: cada desencuentro entre gobierno y oposición, entre flacos y gordos, entre pelados y lampiños.
Recorrí: los blogs de siempre y más.
Descubrí: al músico Tomás Lebrero.
Planté: colores en mi jardín.
Celebré: un encuentro hiperfamiliar, donde entre todos encontramos la marca a fuego de nuestro Potente Gen G. (gracias, yoni Bigud).
Acosé: a la gente de Fibertel.
Seguí: cada capítulo de Tratame bien. (Ni loca me pondría la remera maradoniana, pero sí aquella que dice: yo banco a José Chocachian, si es que se escribe así).
Padecí: como todos, las zozobras argentinas.
Leí: más de diez libros. ¡Ya les contaré!

Va cita:

"Todo es raro, todo es imposible".
Ema, la cautiva. César Aira.*

* gracias, yupi!