17.7.09

Buen fin de semana

Lunes 12 de mayo, 1986

Hoy hablé con Borges, que está en Ginebra. A eso de las nueve, cuando íbamos a tomar el desayuno, sonó el teléfono. Silvina atendió. Pronto comprendí que hablaba con María Kodama. Silvina le preguntó cuándo volvían; María no contestó a esa pregunta. Me dio el teléfono y hablé con María. Le comuniqué noticias de poca importancia sobre derechos de autor (una cortesía, para no hablar de temas patéticos). Me dijo que Borges no estaba muy bien, que oía mal y que le hablara con voz alta. Apareció la voz de Borges y le pregunté cómo estaba. "Regular, nomás", respondió. "Estoy deseando verte", le dije. Con una voz extraña, me contestó: "No voy a volver nunca más". La comunicación se cortó. Silvina me dijo: "Estaba llorando". Creo que sí. Creo que llamó para despedirse.

Sábado 14 de junio, 1986

Después de almorzar, decidí ir hasta el quiosco de Ayacucho y Alvear, para ver si tenía Un experimento en el tiempo: quería un ejemplar de reserva. Un individuo joven, con cara de pájaro, me saludó y me dijo, como excusándose: "Hoy es un día muy especial". Cuando por segunda vez dijo esta frase le pregunté: "¿Por qué?". Porque falleció Borges. Esta tarde murió en Ginebra", fueron sus exactas palabras. Seguí mi camino.
Pasé por el quiosco. Fui a otro de Callao y Quitana, sintiendo que eran mis primeros pasos en un mundo sin Borges. Que a pesar de verlo muy poco últimamente, no había perdido la costumbre de pensar: "Tengo que contarle esto. Esto le va a gustar. Esto le va a parecer una estupidez". (...).

Borges, Adolfo Bioy Casares, Ediciones Destino, Buenos Aires, 2006.
lustración: Norah Borges.

15.7.09

Más Cumbres Borrascosas


Tengo frente a mí la pila de libros que estuve leyendo este último tiempo. Acá quedaron, como cadáveres, después de haber escrito el malogrado post del otro día.
Hoy, un poco más recuperada, retomo mi lectura de Hanif Kureishi, pero mi cabeza, aún entumecida, dispara para otros lados y de pronto me encuentro preguntándome (y ahora preguntándoles), qué pasa que no doy con esas novelas que me empujen más allá de lo cotidiano. Será que en algo acierta Houellebecq: estamos lejos de los tiempos de Cumbres Borrascosas, de esas pasiones posibles de ser narradas a lo largo de una y otra generación. Dice el autor de Ampliación... que habría que inventar una articulación más anodina y taciturna para retratar las relaciones de hoy. ¿No son éstos tiempos de novelas? O es una cuestión de urgencias y de ritmos, como la misma melancolía?
Pienso entonces en las novelas pastiche de Vila-Matas,¿serán esas las novelas de hoy, las que amontonan pequeñas historias dentro de una gran historia, las que abren paréntesis a modo de ensayo, las que recopilan citas de los que ya dijeron, las que copian extractos de diarios íntimos y mezclan sin pudor realidades y ficciones? ¿Por dónde andan?
Algo está fallando en las seis propuestas para el próximo milenio de Calvino, o algo está fallando en mí, apenas una lectora del montón.

* Dejo el listado de lo que leí últimamente:
1) Autobiografía médica, Damián Tabarovsky (Mondadori). *
2) La soledad de los números primos, Paolo Giordano (Salamandra) ** 3) El Teniente Gustl, Arthur Schnitzler (Acantilado). **
4) Entre Paréntesis, Roberto Bolaño (Compactos de Anagrama). ***
5) Indignación, Philiph Roth (Mondadori). ***

14.7.09

No sé si es el dolor de garganta, la pesadez de mi cuerpo, el miedo a la gripe, la cabeza que me estalla, los titulares de los diarios de la mañana, lo descarnado de mi mirar de hoy o el cielo azul que desentona con mi nube negra. No lo sé. Pero hoy no hay sincronía con el afuera. Hay destiempo dentro de mí. Como si algo o alguien me hubiera empujado más allá del espacio que sé mío. Nada de lo que digo o haga logrará evitar la destemplanza.
Así que ahí voy, a meterme en la cama con la frazada hasta la garganta, a la espera de otro sol. Pero no. Tampoco. Entonces me levanto y escribo un post sobre mis últimas lecturas y le mando un mail a yupi, un link sobre una nota de Aira. Yupi no puede abrir el link y de paso me dice que lo que acabo de subir es una galleta. O una ensalada. Y tiene razón; entonces busco el SUPRIMIR y chau post, así de fácil.
No me animo a ir hasta el centro a cobrar un cheque, no tengo mucho trabajo esta semana ni ganas de hacer las mil cosas que debo hacer.
Otra vez a la cama. Hago un zapping veloz y ahí están los programas de la tarde que terminan de confirmar mi desazón de hoy. ¿Qué hacen hombres grandes, de pelo en pecho, hablando de las cartas documento que la rubia A le manda a la rubia B? ¿Será que Tribunales está abarrotado de este tipo de conflictos? Qué deprimente. Cambio. Me voy hasta el canal Gourmet, con tanta mala suerte que engancho al hombre del sushi. Apago. Agarro el libro de Kureishi con la esperanza de que me ayude a pasar esta tarde disonante, pero el malestar de este cuerpo de hoy es incompatible con todo lo que no sea dormitar, deambular, esperar.


11.7.09

El bombón asesino


Ayer fui a un súper casamiento, cuatrocientas personas, libres de gripe A.
Más allá de la gran emoción, porque los novios y sus familias son muy queridos por mí, no pude dejar de mirar y mirar, no porque quisiera, sino porque como ya les conté alguna vez, mi voz no es apta para espacios bochincheros, así que no me queda otra que comer, bailar... y observar:

Vi al bombón asesino en persona: una morocha despampanante, enfundada en un vestido de ¿lamé? color tierra, con el cuerpo, casi, de Luciana Salazar o de las mujeres de Rico Tipo.
La morocha, además de morocha, era pícara. Bailaba el baile del caño, sin caño, y mientras se ondulaba de arriba abajo, iba relojeando las miradas ajenas. Las de ellos y las de ellas, como diciendo: ja, todos me miran, ¿y qué?
El hombre que la acompañaba era un hombrón de barba candado, fachero, pero con cierta actitud de pelandrún. Como parado en el podio de los ganadores, canchereaba porque se sabía el gran envidiado de la noche: ¡la mina en cuestión era su mina! Cada tanto, el pelandrún se iba, quién sabe a donde, y ahí quedaba ella, bailoteando con dos o tres amigas escuálidas, sin gracia, totalmente opacadas por el hembrón.
Del otro lado, lejos de la pista de baile, las barras de bebida no daban a basto. Tres veces me acerqué yo: un baylies, una caipiroska y un daiquiri; pero lo que salía como pan caliente era el fernet con cola. Cuestión que, a medianoche, todos estaban achispados, zigzagueantes, querendones.
Pasando las barras, tras un pasillo helado y doblando primero a la izquierda y después a la derecha, estaban los baños. El de mujeres no se detuvo; según una de vestido azul, el frío de la noche afloja las vejigas. No, dijo otra, es el miedo a la gripe, las mujeres vienen a lavarse las manos y a empapárselas con los geles que hay sobre las mesadas. Que no, les contestó una tercera. Es que las mujeres somos así, necesitamos chequear cómo se nos ve: si el vestido chinga, si el cierre no se zafó, si el peinado sigue en pie, si el delineador se esfumó.
Por la zonas de las mesas, las parejas de más de diez años se apiñan lejos de la pista. Me acordé de aquella frase de Bokowski: los matrimonios tienen buenas razones para no hablar. Nunca supo si esto es bueno o es malo, en todo caso, es una realidad. Me pregunté si muchos de ellos serían felices en medio de ese silencio o si algo latía, claustrofóbica y dolorosamente, en el fondo de cada uno.
Cerca de las cuatro de la mañana, la parte de la fiesta que menos me gusta: la repartija de cotillón aunque por suerte sin carnaval carioca porque el novio, músico de los buenos, así lo quiso. Yo ni loca me pongo una nariz de payaso o las antenitas del chapulín colorado, apenas si me animo con un antifaz discreto, simulo una jauja que no va conmigo y al rato abandono la pista, sin más.
Pasadas las cuatro y media, ya he bailado tanto durante la noche que me duelen los pies culpa de unos tacos altos que uso solo de vez en vez. Pienso en mis pantuflas, en mi cama calentita, en sacarme ese vestido de encaje y en lavarme la cara con agua y jabón: tiempo entonces de emprender la vuelta, después de una noche de pura celebración.

10.7.09

Buen fin de semana... helado

"Las palabras que se dicen los amantes durante su primer orgasmo son las que presidirán en el futuro toda su comunicación sexual. Son momentos de absoluta improvisación, en los cuales los amantes se rebautizan o rebautizan las partes de sus cuerpos. Los nuevos nombres regresarán siempre para constituir el código que utilizarán en la cama. Esas palabras son inocentes y muchas veces poéticas con relación a lo que desigan. A veces son también disparatadas.
Nadie está libre de decirle a una mujer la primera noche: "Alcachofa". Y se fregó porque, desde entonces, al poseerla, tendrá siempre que decirle "Alcachofa".
El día que no se lo diga, la habrá dejado de querer.
Prosas Apátridas, Julio Ramón Ribeyro

* Acotación: si bien Ribeyo escribió esto en los años setenta, después de la Revolución sexual, pienso si hoy, en este nuevo siglo, escribiría lo mismo (lamentablemente, murió hace unos pocos años). Cierto es que acá nadie le diría "alcachofa" a nada, pero me parece que hoy vivimos sin metáforas, derecho viejo se llama a las cosas por su nombre, en la primera cita o en la segunda. O en la única.

8.7.09

Frase célebre de un amigo no célebre:



Lo dijo P.: "Después de catorce años de casado y de ocho de divorciado, lo único que puedo decir es que la mejor mina que conocí... ¡es mi ex mujer!".
foto: Magdalena Sorondo.

7.7.09

Borges y el Cuestionario Proust

¿Cuál considera usted el colmo de la felicidad?
Ya que vamos a jugar, juguemos a este juego. Sobre la pregunta, le diré que podría depender de las circunstancias o de las personas, claro que es muy difícil...

¿Dónde le gustaría vivir?
Inexplicablemente, en Buenos Aires.

¿Cuál es su ideal de felicidad terrenal?
Poder pensar y trabajar.

¿Para qué índole de faltas siente mayor indulgencia?
Para las que son excepciones, para las que no corresponden al carácter general de quien las comete.

¿Cuáles son sus heroínas en la vida real?
Sucesivamente, las muy distintas mujeres de las que me enamoro, o espere, quizás, las muy distintas mujeres, ya que soy viejo, de las que sigo enamorado. ¡Tengo 79 años!

En la novela, ¿cuáles son sus héroes?
Cándida, de la comedia de Bernard Shaw u otras análogas.

¿Qué cualidad prefiere en un hombre?
Esto es un poco difícil, me refiero al cuestionario. Cuando a uno le preguntan cuánto es siete más cuatro, sabe responder once. Cuando le preguntan la prolongación de la calle Bolívar, sabe que es San Martín. Sobre la pregunta en sí, le contesto: yo diría el no tomarse demasiado en serio.

¿Y en la mujer?
La indulgencia, la cortesía.

En los demás, ¿cuál es la virtud que prefiere?
Dos: el hábito de la inteligencia y el hábito de la ética.

¿Su ocupación favorita?
En primer término, concebir obras literarias; en segundo término, ejecutarlas. También me interesa la germanística: en particular, el estudio del inglés antiguo y el escandinavo antiguo, que no aprenderé nunca.

¿Qué le hubiera gustado ser?
Cualquier otro, salvo ciertos dictadores de cuyo nombre no quiero acordare. No excluyo a mi pariente Rosas.

¿Cuál es el principal rasgo de su carácter?
La indecisión.

¿Su principal defecto?
La invencible tendencia a obrar de modo que que sea injustificable.

¿Cuál sería para usted la mayor desdicha?
Perder la integridad mental que no tengo.

¿Cuál es su color favorito?
El amarillo, el único que la ceguera me ha dejado.

¿Cuál es su flor favorita?
Supongo que la rosa, que es símbolo de todas las otras.

¿Cuál es el pájaro que le gusta más?
No tengo preferencias ornitológicas.

¿Cuáles son sus héroes en al vida real?
Los hombres de coraje.

¿Qué es lo que más detesta?
Creo que la estupidez y la crueldad, que suelen ir juntas.

¿Cuál es el don de la naturaleza que le gustaría poseer?
Me gustaría ser valiente. Mi dentista asegura que no lo soy.

¿Cómo le gustaría morir?
Bruscamente, hoy mismo.

¿Cuál es el estado presente de su espíritu?
Vivo desconcertado por tantas cosas....

De Borges, dos palabras antes de morir, Compilación de Fernando Mateo, LC Editor, Buenos Aires, 1994.

6.7.09

Preguntas más, preguntas menos


No sé por qué, cada vez que leo un reportaje estoy más atenta a las preguntas que a las respuestas.
Es más fácil contestar que preguntar.
O por lo menos, preguntar de esa manera: la que invita al entrevistado a ser quien es, y al lector, a seguir el diálogo como Miranda la lechuza y Mirón el lechuzón, esos que miraban un partido de ping pong.

En Entre Paréntesis, de Roberto Bolaño, figura una de las últimas entrevista que concedió a la edición mexicana de la revista Playboy. La autora de la nota es Mónica Maristain.

Copio algunas de las preguntas que más me sorprendieron (no repito las que figuran en la última cita del fin de semana, y agrego la que aportó yupi en su comentario) y, a continuación, otras del conocido Cuestionario Proust.
Díganme si no son perfectas:

* ¿Ha tallado en un tronco el nombre de la persona amada?
* ¿Ha visto alguna vez a la mujer más hermosa del mundo?
* ¿Se enamoraba de las vecinas mayores que usted?
* ¿Qué cosas debe a las mujeres de su vida?
* ¿Ha sufrido mucho por amor? ¿Y por odio?
* ¿Ha tenido miedo alguna vez de sus fans?
* ¿Qué cosas lo aburren?
* ¿Qué cosas lo divierten?
* ¿Con quién le gustaría encontrarse en el más allá?
* ¿Creyó en algún momento que se estaba volviendo loco?
* ¿Qué cosas le hacen reír mucho?
* ¿El mundo tiene remedio?
* ¿Quién lee más, usted o Rodrigo Fresán?
* ¿Ha experimentado el hambre feroz, el frío que cala los huesos, el calor que deja sin aliento?
* ¿Qué le hubiera gustado ser en lugar de escritor?

Cuestionario Proust:

* ¿Cuál considera usted el colmo de la felicidad?
* ¿Por que índole de faltas siente mayor indulgencia?
* ¿Qué parte del cuerpo llama más su atención?
* ¿Qué cualidad prefiere en un hombre? ¿Y en la mujer?
* ¿Cuál es el principal rasgo de su carácter?
* ¿Su principal defecto?
* ¿Cuál sería para usted la mayor desdicha?
* ¿Cuál es el don de la naturaleza que le gustaría poseer?
* ¿Cómo le gustaría morir?
* ¿Cuál es el estado presente de su espíritu?
** ¿Cuál es el refrán más acertado?

3.7.09

Buen fin de semana... ¿con barbijo?

"¿Cuál es la diferencia entre una escribidora y una escritora?
Una escritora es Silvina Ocampo. Una escribidora es Marcela Serrano. Los años luz que median entre una y otra.
¿Por qué le gusta llevar siempre la contra?
Yo nunca llevo la contraria.
¿Usted tiene más amigos que enemigos?
Tengo suficiente de ambos, todos gratuitos.
¿Ha vertido alguna lágrima por las numerosas críticas que recibe por parte de sus enemigos?
Muchísimas, cada vez que leo que alguien habla mal de mí me pongo a llorar, me arrastro por el suelo, dejo de escribir, el apetito baja, fumo menos, hago deporte, salgo a caminar a orillas del mar y le pregunto a las gaviotas, cuyos antepasados se comieron a los peces que se comieron a Ulises, por qué yo, por qué yo, que ningún mal les he hecho.
¿Qué cosas le aburren?
El discurso vacío de la izquierda. El discurso vacío de la derecha ya lo doy por sentado".

(Última entrevista a Roberto Bolaño, Revista Playboy, edición México).

1.7.09

¿Sueño o pesadilla?


Soñé que Cristina era la Chiqui Legrand. Abría el programa con la autoestima allá, bien arriba.
Llegan los primeros invitados: un Fernández con la cara de Aníbal en el cuerpo del padre Farinello, Scioli de la mano de Karina que no es Karina, es Nacha con los ojos empantanados en un remolino de arrugas. Ahí nomás, pegadito a la Nacha que no es Nacha entra Jaime. Más que Jaime se diría que se trata de Feinmann-periodista-no-el-filósofo con las fanfarrias de Radio 10. La Chiqui se enoja, que no, que faltaba más, que quiero ♫ Rosa María, Rosa María, ♫ si tu me quisieras ♫ que feliz sería. Para aquietar los ánimos, aparece de golpe Krichner, el verdadero, al son de ♫ Compañero, ♪ por todas ♫ tus conquistas... Mirta pega un grito: ¡a la mesa, todos! ¡se acabó la joda!
Plano secuencia de los invitados, como si fueran vacas camino al matadero.
Fundido en negro después de la imagen de un rostro actual de Hugo del Carril.
♫ Perón Perón que grande sos, ♫ mi general, cuánto valés...
Y vamos a la tanda.
Y ya volvemos, dice Cristina en el envase de la Legrand.

29.6.09

Yo, la peor de todas


Hace unos días que ando mortificada porque me siento la peor de las correctoras. No es novedad, ustedes ya lo saben. Pero resulta que esta vez mis deslices me afectaron demasiado, tanto, que pensé en renunciar.

No es corrector el que quiere sino el que puede, decía una profesora en la Fundación Litterae. Y sospecho que tiene razón. Creo que soy buena detectando problemas de normativa, quiebres en la sintaxis, asuntos de concordancia, oscuridades o entreveros en un párrafo, y creo que por eso me quieren mis clientes.

Pero soy malísima con las erratas y tengo, aunque pensaba que no, algunos problemas con la ortografía. Me pasó el viernes en el blog de koba: escribí persecusiones, así, con s, en lugar de persecuciones, como debe ser. Claro que no es grave: he ahí el problema. ¿Si no me parece tan grave, cómo pensar que mi obsesión se pondrá en marcha para detectar estas heridas en las páginas?

Por eso, respiré aliviada cuando ayer, después de votar, me puse a buscar el libro de José Ingenieros para rescatar aquella idea de la imaginación y los ideales, pero me entretuve en el camino de la búsqueda y di con este libro, que creí haber olvidado: Cómo corregir sin ofender, de Pablo Valle.

Abro al azar y me encuentro con esto:

"No son pocos los correctores que se sienten acomplejados porque en la lectura de pruebas se les "han escapado" algunas erratas. En algunos casos, esto ha sido causa de que más de uno abandonase una profesión que en principio les gustaba pero para las que creía no poseer cualidades. La errata es una constante en la vida de un corrector, y la justificación de su profesión. Indefectiblemente, la errata se escapará, se escabullirá como un gazapo, y cuando menos se piense saldrá a la vista". (José Martínez de Sousa): ¡Uf! ¡qué alivio!

A pesar de todo, me propongo, otra vez más, teclear más despacio, no dejar que mis dedos vuelen veloces sobre el teclado y revisar antes de apretar el: subir comentario.

De regalo, otro extracto del libro de Valle:

Leyes de Murphy para correctores:

*
Un corrector encuentra todos los errores de un libro publicado que él no ha corregido.
* Si uno ha leído varias veces una página y decide no leerla una vez más, en esa página habrá un error.
* Los errores aparecen en las palabras más fáciles.
* Cuanto más veces seguidas lee uno una página, menos atención le presta. Si se la lee una sola vez, no será suficiente.
* Una página sin ningún error es sospechosa.
* Si uno consulta un diccionario de dudas, no encontrará su duda.
* No hay páginas sin errores. Hay páginas cuyos errores aún no han sido descubiertos.
* Si uno juega una apuesta sobre "cómo se escribe" tal o cual cosa, perderá. Si no la juega, descubrirá tarde o temprano que tenía razón.

26.6.09

Buen fin de semana... de cuartos oscuros

Fontanarrosa, ¿quién no lo sabe?

El amigo Federico Jeanmaire

¿No es buena esta foto de Tom Wolfe?

Bayly, sí, Bayly, yupi

Paul Auster de visita

El coqueto Cozarinsky

El gran David Lodge
"Las imágenes en exposición se hicieron, en su mayoría, de noche sobre la adoquinada calle Chacabuco de San Isidro. Guyot esperaba que el escritor “les firmara el libro a las 200 personas que se le tiraban encima” y que degustara un asado en plena librería, siempre regado por alguna sustancia alcohólica, hasta entrar en acción. Recién ahí el fotógrafo solicitaba permiso para tener entre cinco y diez minutos –a solas y en la calle– para disparar su cámara. “En general era muy relajado: a veces no logré la perfección técnica, pero en varias imágenes hay algo logrado como retrato”, admite. Sus numerosos trabajos fotográficos permitieron que hoy tenga un archivo con más de 300 escritores retratados".
De Crítica digital, sobre la Exposición del fotógrafo Alejandro Guyot en Canal 7. Abierta hasta el 5 de julio.

25.6.09

Que sí, que no

Se dice por ahí que Kirchner no sabe si ir hoy a Gran Cuñado porque no quiere quedar pegado a Menem, que cerró su campaña en el programa del Gran Tinelli.
Que no, que no vaya, le dicen los de Carta Abierta; que sí, que sí vaya, dice Massa y dice Scioli.

Ni a) ni b), dicen los más zorros: busquemos disfrazarlo de algún modo: que el falso K se dirija a Olivos, que el falso K se disfrace de notero y le haga una nota en pleno cierre de campaña, pero en la calle. Lo que sea, pero K, el verdadero, tiene que estar en Gran Cuñado porque pertenecer tiene sus privilegios. Y si no, miren a De Narváez, le grita el gabinete en dulce montón.
Si Minguito viviera diría: "se igual".
Por eso, yo apuesto a que K permanecerá fiel a sus convicciones, sostendrá su rechazo a la farandulización de la política de la década de los noventa que tanto ha criticado, y sostendrá a rajatabla su postura: "no voy porque no corresponde y chau chau chau chauuuuu".
Que no somos tontos. Sepanlo.

23.6.09

Cero química

Este fin de semana vi Nunca es tarde para enamorarse, con Dustin Hoffman y Emma Thomson. Más que una pareja lista para el amor tardío, parecían un par de hermanos en pantuflas.

Pocas cosas me decepcionan tanto como ver una película con mi actor preferido (no es el caso de Hoffman) y que la doña no le haga honor.
Señores productores: no se gasten con el género romántico si entre él y ella hay cero química.

Listado de parejas potentes:

Clark Gable y Vivien Leigh en Lo que le viento...

Humphrey Bogart e Ingrid Bergman en Casablanca
Jack Nicholson y Jessica Lange en El Cartero...
Tony Leung y Maggie Cheung en Con ánimo de amar
Sam Sheppard con alguien que no sea Diane Keaton
John Cusack con su novia en Alta Fidelidad
Kevin Kleine con Meg Ryan antes de que se convirtiera en otra
Andy García con Meg Ryan antes de que se convirtiera en otra
Billy Krystal y Debra Winger en Olvídate de Paris
Antonio Banderas y Victoria Abril
Mark Ruffalo y Naomi Watts en Adulterio
Ethan Hauke con cualquiera
George Clooney con ¡stella!

De las nuestras... ahí van:

Juan Palomino y Paola Krum en Río Escondido
Ricardo Darín y Cecilia Roth en Katmchatka
José y Sofía, en Tratame bien

Y no se me ocurren más, ¿puede ser?



22.6.09

Diálogo XV

Z., de 11 años, su madre y yo, mientras almorzábamos en Open Door:

Z.: Hay una cosa que no entiendo, ¿cómo sé cómo soy de verdad? porque lo que veo en el espejo cuando me miro no soy yo..., no sé cómo me ven los otros...
E y J.: .... y no, nunca lo sabrás, porque...
Z.: Y otra cosa que no entiendo, ¿cómo sé yo que el amarillo que yo veo es el amarillo que ve el otro? ¿Mirá si, por ejemplo, el verde para mí es en realidad el azul para vos?
E y J: .... mirá si sos daltónico...
Z.: ... y otra más: por ejemplo este momento ya pasó, se fue...qué rara es la vida... (silencio...) ahora estoy hablando y ¡zas!, el tiempo se fue y...
E.:: ¿Estuviste leyendo a Heráclito, vos?
Z.: ¿¿A quiénnn??
E. (entusiasmada): Mirá lo que escribió Borges:
Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.
Sentir que la vigilia es ot ...
Z.: ... ehhh..., ¿¿pedimos helado de postre?? ¡¡sí, por favor!!