21.6.10

Algunos recuerdos más


Llegamos a Ciudad del Cabo una mañana de marzo. La mayor de mis hijas, de apenas 3 años, no se sorprendió ante los hombres de color que circulaban por el aeropuerto, solo preguntó, como pregunta una niñita de esa edad: "¿Por qué esos señores son verdes?". No se qué habrá visto, pero eso fue lo que dijo.

Me acuerdo que, al tiempo de llegar, además de lo maravilloso del entorno y la crueldad inexplicable del apertahaid, me sorpendieron ciertas costumbres, nuevas para mí.


1) El consumo estrepitoso. "¡A comprar!", parecía ser el grito de largada de todos los sábados en los centros comerciales. Nosotros veníamos de una Argentina en donde había que rebuscárselas para llegar a fin de mes, de ahí nuestra sorpresa y nuestro temor cada vez que sacábamos la tarjeta de crédito, a pesar de las mil cuotas, toda una novedad para nuestra costumbre inflacionaria.

2) Nos costó adapatarnos a los horarios, pero lo logramos, no sin cierto esfuerzo. Cenar a las siete de la tarde se nos hacía complicadísimo, pero no queríamos parecernos a esos argentinos nostalgiosos que seguían con sus relojes clavados en el horario patrio. Así que apechugamos, aprendimos, y hasta le encontramos el gusto después del primer año.

3) En Ciudad del Cabo, nunca, jamás, un hombre piropea a una mujer.
El piropo, simplemente, no existe.
Una tarde íbamos tan tranquilos caminando por la costa, lugar donde se juntaban los surfers en verano y en invierno. Cientos de jóvenes en sus veintes o treintas, atentos al estado del mar y de las olas. En eso, vemos que avanza hacia nosotros una de las mujeres más monumetales que yo haya visto en mi vida. "Atenti", le digo a J., "vas a ver como nadie la mira". Dicho y hecho, el minón pasó por entre las hordas de hombres... y nada. Pero nada de nada. En la Argentina se la hubieran comido viva, me acuerdo que pensamos.

4) Una noche una sudafricana me invitó a su casa, porque iban amigas con las que habían formado un Book Club o algo así. Después de hablar un poco de libros y de tomar té o café, una de ellas contó que la hijita estaba con meningitis, internada en un hospital. Las demás le dieron dos o tres palabras de aliento, y siguieron hablando de otros temas. Yo me quedé muda, no hacía más que mirarla hasta que me animé y le pregunté cuántos años tenía la hija. Me contestó que apenas cuatro. ¿¿Y está sola??, volví a preguntar. "Sí, claro –me contestó–, llorisqueó un poco porque no quería que yo me fuera, pero me puse firme y le dije que tenía que ser fuerte... y que chau".

Cuando volvía a casa me encontré con la noticia de que a un amigo nuestro, de treinta y tres años, lo había operado de apendicitis y que su madre, de setenta y tantos, se había quedado a dormir con él, y que no le había soltado la mano durante toda la noche.
Ni muy muy ni tan tan.
Díganme si no.
Se acabaron los recuerdos por hoy. Me voy preparando para el partido... ¿lo van a ver?

18 comentarios:

Lola dijo...

Me gustaron tus recuerdos... se me estrujó el corazón pensando en esa niña..
¿Que andará pasando por esa cabecita insomne?
Besos Estrella
Ah me hice socia de una biblioteca.. asi que ya me voy a poner al dia con tus recomendados.

Mishíguene kop dijo...

Y bue, son distintas costumbres, ¿no? Acá en los mejores momentos te dan con un caño y te sicopatean para hacerte caer y en los peores momentos te bancan. Es una cultura bastante esquizo la nuestra. Tiene sus ventajas y sus desventajas.
Pd: el anónimo e insomne de arriba era yo. Mañana a las 8 tengo que salir a trabajar. Me parece que al partido lo voy a ver con los ojos entrecerrados. Mucho Cheever lo mío. Demasiado tal vez.

mary poppins dijo...

la mujer que te pide que te quedes con ella, que no la dejes sola, mientras ....

En que anio era eso, Estrella?

angie angelina dijo...

Me quedé con lo de tu hija y los hombres verdes: ¡Les vio el aura, Estre!!!

angie angelina dijo...

Mme quedé pensando de dónde desciende la cultura sudafricana blanca, ¿de los ingleses o de los Boers? ¿O de ambos?

Betina Z dijo...

Me llamó la atención no tanto la inexistencia del piropo, sino la "indiferencia" masculina ante la presencia de semejante mujer. ¿Tenés idea de a qué responde? ¿Es algo religioso o qué?...

La niñita de 4 sola en el hospital, tan tan.
Tu amigo de 33 durmiendo de la mano de su madre, muy muy.

Uno sabe que el mundo todo no es "occidental y cristiano", que otras culturas tienen sus propias convenciones etc etc, pero hay cuestiones difíciles de procesar. Como las "adúlteras" lapidadas en Somalia. Como cualquier mujer en Kabul.
O sea...

Carlos G. dijo...

Bien Estrella, haciendo los deberes...
Como siempre buenas historias muy bien contadas.

angie angelina dijo...

Usando un lugar común, lo que pasa es que nosotros somos latinos, no como ellos.

el Lord dijo...

Qué gusto da leerte, Estrella.

La experiencia de vivir en otro país es única por enriquecedora, pero a condición de no quedarse
atrapados en la nostalgia, sino de actuar como
hicieron ustedes.

¿Habrá mayores nostálgicos de la patria lejana que
los argentinos?

La condesa sangrienta dijo...

jajja creí que el 'atenti' era para que J. no la piropeara!

Muy linda crónica.

La condesa sangrienta dijo...

PD: y claro que ví el partido!!

De Lirium soy dijo...

Me encantan estos posts donde hablás sobre tu experiencia en Ciudad del Cabo. Más que nada porque es justamente lo cotidiano lo que reflejás, detalles no tan detalles que muestran una idiosincrasia tan diferente a la nuestra.
Disfruto mucho de tu estilo para contar esta etapa vivida allí.

El homenaje a Saramago, hermoso, muy cálido realmente.

Un abrazo
(Justo andabas por la covacha mientras yo leía posts atrasados por el reader, es que ando vaga últimamente)

La podredumbre dorada dijo...

Muy interesantes tus recuerdos (y algunos bastente cercanos a lo espantoso) Estrella, pero tengo una inquietud: ¿cómo llegaron ustedes a Sudáfrica?

Anónimo dijo...

Nooo, tomando té en una reunión de amigas y tu hija sola en un hospital, se me estrujó el corazón. muy muy para mí, y despues te pidió que te quedes... Florencio Escardó fue el que en Argentina impulsó la internación de la madre con el niño. Un avance de la pediatría, lo afectivo es efectivo. Besos Estre!! y alguna que otra anecdota seguirá habiendo..no?
Filo

angie angelina dijo...

Y encima en un Book Club, si fuera mala diría que estaban leyendo Oliverio Twist, pero como no lo soy, no lo digo.

Estrella dijo...

LOLA,


Son costumbres, nomás. A los otros tampoco se les movía un pelo. Y la niña sobrevivió, lo más bien. ¿Raro, no?


MISHI,


Ventajas y desventajas, claramente. Ellos se asombraban de nosotros y nosotros de ellos, pero por suerte, había un punto de acuerdo. Te lo dije :). La sobredosis de Cheever es altamente perjudicial, tendrás que matizar con un poco de otra cosa. Gracias por pasar por acá, me gusta leerte.


MARY,


No, la hijita le pedía a su mamá que no se fuera, que no la dejara sola en el hospital, pero allá los padres no se pueden quedar con los hijos. Me acuerdo cuando nació mi tercer hijo, después de algunos problemas, pedí que me trajeran a mis hijas, que les pusieran un lindo vestido, que compraran un regalo para su nuevo hermano... y no las dejaron entrar! Hace años, Mary. Mis hijas ya son grandes :).


ANGELINA,


Ja, nunca lo había pensando, ¡tenés razón!


Los blancos de Sudáfrica vienen de los ingleses y de los boeres. Los más radicales, partidarios del apartheid eran los descendientes de los boeres. Haban en afrikaner, inentendible para mí.


BETINA Z,


No lo sé, era así. La gente en la calle no se mete con nadie, cada uno va en su mundo. Ni se les ocurre. Supongo que el solo hecho de clavar la mirada en alguien es visto como una invasión a la intimidad del otro. Raaaro!


CARLOS G,


Mirá, te tendría que haber dedicado este post a vos!


LORD,


Gustazo es el mío, lord.


Sí, los argentinos parece que somos terribles. La verdad es que yo extrañaba mucho, pero una vez ahí, me propuse disfrutar, adaptarme, capitalizar esos años fuera de casa. Había un grupo de argentinos (bastante insoportables) que seguían viviendo como si estuvieran en Callao y Santa Fe. Quejosos, latosos, criticones. Por suerte nos dimos cuenta a tiempo y les rajamos a tiempo :)


CONDESA,


Jaja, no, yo hacía experimentos, a ver qué pasaba. Él miraba y yo también, no sabés lo que era la mujer.


PODREDUMBRE DORADA,


No sé si son interesantes, cosas chiquitas, de la vida de todos los días... Nos fuimos por un trabajo de J., unn contrato por dos años. Después casi nos toca México, pero no, nos quedamos acá, por suerte para mí.

ANGELINA,

ja, ya no me acuerdo.

nadasepierde dijo...

Me encantan estas descripciones que son como pequeñas escenas de la vida de los otros... en realidad es la vida de los otros, tan distintos, tan particulares.
Debes de tener mas!
un beso

La podredumbre dorada dijo...

Estrella, soy yo, Necro!! ¿Qué es eso de llamarme por mi título, como si fuera un Lord? Te lo preguntaba porque Sudáfrica hace veinte o veinticinco años (aprox) me parecía un destino bastante inédito para una pareja argentina! Saludos!
PD: de tu post mundialero no pienso opinar, por cierto!