25.10.10

Otra tara familiar


Hay un defecto ahí. Una discapacidad familiar. ¿Cómo no culparla a ella, a la madre, de este atropelladero? Me animo a decir que todos los hermanos (pongamos una máxima de 6/6 y una mínima de 4/6) empezamos así:

Tomamos amorosamente la caja en cuestión entre las manos; buscamos la punta del envoltorio para empezar a desenvolver. Tanteamos con los dedos, atentos a la arista que nos diga: "es acá". Al segundo, ya impacientes, empezamos a rasgar, así, suavemente. Un instante más y estamos arañando el celofán, todavía en eje, esperanzados.

Pero no. No hay caso.

Entonces todo nuestro cuerpo pone segunda, y a cuatro manos descuajeringamos, rabiosas, la frontera que nos separa del meollo del asunto. Arrancamos papel, destrozamos cintas y cajas en mil pedazos. Resoplamos impotentes, puteamos por lo bajo o por lo alto.

Esto mismo nos pasa con todo aquello que deba ser abierto: una caja de remedios, un pack de promoción de shampo más crema de enjuague, una caja de arroz, una coqueta birome envuelta para regalo, un paquete de galletitas, un pote de helado, un sachet de leche.

Qué frustración. Por más esmero que le pongamos nos vence la ansiedad, nos derrota la impaciencia en asuntos de abrir y encontrar.

Toda la culpa es de nuestra madre, aunque todavía no encontremos el porqué.

21 comentarios:

La condesa sangrienta dijo...

En mi caso, jamás pude abrir, sin descuajeringar(amo esta palabra) los famosos triangulitos de quesos Adler.
¿qué necesidad de hacerlo tan difícil?

Mary Poppins dijo...

peor yo que, si alguien esta abriendo algo con esa delicadeza celofoniana mi desesperacion arde hasta que se lo saco con un -yo te ayudo- y le abro el paquete sin mas

Me doy verguenza

dr 7 dijo...

Las galletitas Ópera son una pesadilla. A mí se me hacen puré.

Betina Z dijo...

O tal vez, las responsables de todos los packaging sean madres, dispuestas a enloquecernos indiscriminadamente.
Tar(e)as insolubles: desenvolver un pirulín (cuando niña, terminaba chupando resignada el conito + el celofán ),los sobrecitos de shampoo/ enjuague (suelen resistirse a las dentelladas más feroces), el ¿nylon? de los CDs (a prueba de uñas y dientes), ¡los quesitos Adler, Condesa!, y una lista interminable que día a día mina nuestra salud mental.
Por eso me embarga la emoción cuando un packaging funciona: una tira "suavemente por la línea de puntos" y... ¡milagro: la cosa se abre! (recientemente tuve una epifanía con la "Salsa Pomarola con cebolla de verdeo", no sé si de Knorr o de Cica).
Se ve que, a pesar de todo, aún quedan algunas madres rescatables...

Yoni Bigud dijo...

Yo creo que todos los envoltorios están hechos para terminar de esa forma. Somos muchos más que seis.

Un saludo.

maray dijo...

soy igualita. Pero mi hija no. Cuando viene Navidad ella se pone al lado de la arbol con los regalos y no me deja romper ningun papel con los dientes, como es mi proceso preferido. Ella colecciona papeles bonitos de regalo. Así que soy una madre censurada, torturada y castigada por una hija. Y ni la puedo nombrar de hija de la p..porque la madre soy yo...:(

Anónimo dijo...

Yo a veces tengo a mi amiga, la tijera. Si no, me descontrolo.
Coincido, ¡qué linda la palabra descuajeringar!!!
Anónima N° 7
Y me gustó el gato de los dibujitos.

dbocaenboca dijo...

Excelente relato.

No sé si se acuerdan el esfuerzo y la frustración que significaba abrir un CD hasta hace algunos años. Yo he rayado tapas tratando de hacerlo con un cuchillo o una tijera, por ejemplo. Hasta había una película (no me acuerdo cuál) que le dedicaba una escena a al tema. Tal vez ni siquiera compran ya esa cosa del siglo pasado, yo muuuuy cada tanto, y se abren súper fácil :) Yo hasta llegué a pensar en juntarme con alguien que supiera más del tema para inventar algún novedoso sistemita, patentarlo y salvar a la humanidad de ese martirio (yo de paso me iba a salvar económicamente para siempre) Obvio que me ganaron de mano. Snif.

() dijo...

sí, señora. el pulso de un hombre responde al nervio de las neurosis maternas. son las esquirlas del ojo de lee van cleef. y qué ojo.

(tampoco seamos injustos, habrán bajado del barco, del árbol, reptado desde el cieno.)

porque hay días en que los dedos están para raer con una uña dócil la mollera de un microbio aferrado a una caries y hay otros, son los más, que pobrecitas, las naranjas. uno se solivianta. los pedazos de pulpa por los cachetes. ni la lluvia tiene así las garras. la cólera del pélida aquileo, por decir.

saludos

lucia dijo...

jajajaaaaaaaaaaaaaaaaa

Anónimo dijo...

???!!!

Anónimo dijo...

???!!!

Anónimo dijo...

Bueno, era un solo "???!!!"

Ceci dijo...

¡Me imaginé toda la escena!
Yo heredé abrir las cosas por el revés: sachets, latas, paquetes de galletas, todo. 100% atribuíble a mi madre, que hace lo mismo...

Wonder dijo...

Siempre la culpa es de las madres.
He dicho.

Anónimo dijo...

De las madres y del packaging, el arte del envoltorio no es argentino.. es chino! nada se abre por el lugar correspondiente, y me reí mucho con tu impaciencia, yo tijerita en mano y recuerdo a la madre del fabricante, con vehemencia,y con impotencia.
Filo

Anónimo dijo...

Seguro que esto a mi abuela no le pasaba, es la industrialización tardía!!!
Anónima N° 7

La herida de Paris dijo...

A esa furia en los dedos mi viejo la llama "incontinencia digital".

Saludos.

Estrella dijo...

Mañana contesto, hoy me escapó el día!!

Dice una amiga que ella se anota con las tapas de los jarabes, esas que giran en falso, que son imposibles de abrir y que sacan de quicio a cualquiera!

Lolita y El Profesor dijo...

Ansiedad.
"... y nos pasan sus frustraciones, con la leche temprana y en cada canción", parafraseando al catalán.

El Profesor

nadasepierde dijo...

ja! me pasa igual, y cuando veo a otro haciendo lo que yo haria con tanta ansiedad con una parsimonia imposible, le sacaría la cosa de la mano y se lo abriría yo,
y no puedo culpar a mi madre, creo que es adquirido y no genético!

un beso